Ya no te amo – Capítulo 47

Traducido por Melin Ithil

Editado por Sakuya


—… Parece que estoy aprendiendo demasiada información inútil sobre los ricos.

—Estás trabajando duro, es un secreto a voces, quizás todos los que lo han visto ya lo sepan.

—Ya veo. —No lo sabía. Se tragó esas últimas palabras. Además, parecía que había descubierto demasiada información inútil. Había sido suficiente charla, quería hojear otro libro antes de que fuera demasiado tarde, así que se levantó y caminó hacia la estantería.

Valor también se levantó y la siguió.

—¿A dónde vas?

—Estoy buscando otro libro.

—Te ayudaré.

—No es lo suficientemente difícil como para tener ocupado al único duque de Thierry.

—Solo quiero ayudar.

—No le estoy pidiendo ayuda. —Respondió a eso y estaba a punto de caminar hacia la estantería cuando su zapato se enredó con la venda y resbaló un poco sobre el mármol—. ¡Ah! —Fue un desastre, intentó caminar hacia el lado que no estaba vendado, su cuerpo se inclinó y al momento siguiente ya estaba en brazos de alguien. Eran los brazos de un caballero sólido que había sido entrenado innumerables veces en el campo de batalla. Su corazón palpitaba con asombro, “Tuck”, era un sonido que resonaba en su cuerpo.

—¿Estás bien? —La bajó suavemente.

Su cuerpo, que había estado frente a él durante diez años, reaccionó de inmediato ante el menor toque y esa voz que se acercaba. Independientemente de su voluntad, cerró los ojos con fuerza por un momento. Bueno, era natural estar nerviosa después de casi caerse, pero Valor igual lo estaba. Tras reflexionar un momento interiormente, inclinó su cuerpo para tratar de apartarlo. Su cuerpo, que había estado apoyado en los brazos ajenos, se puso de pie suavemente.

—Niveia. —Una llamada tan suave como la mano que ayudaba a levantarla. Arendt se volvió a contraluz de la luna, cayendo en el campo de visión de la joven.

Su rostro era tan familiar, la única persona inofensiva para ella, de la que no tenía que preocuparse. Finalmente, esa tensión que la agobiaba, colapsó en un instante. Una sensación de alivio que no pudo esconder se dibujó por todo su rostro. Él le sonrió alegremente.

—Lo siento, llegué tarde.

Era un retraso impredecible.

♦ ♦ ♦

Cuando llegó a la biblioteca, Niveia y Valor hablaban sobre Joachim XI, el sonido de sus susurros llegaba hasta el exterior del lugar, la atmósfera fría y tranquila entre ambos también era evidente. Al final decidió quedarse a escuchar a Rudiger y su platica desde atrás, en lugar de ir tras ella, porque darle paz era más importante que su propia hostilidad hacia Valor y, en realidad, escucharlos tampoco estaba tan mal. Cuando ella elogió a su antecesor, su boca estaba desgarrada hasta sus orejas.

Gracias a ello, su caballero lo miraba inquieto.

—El emperador fue un gran hombre, ¿le gusta escuchar que elogien así a su padre?

—No es eso, no tienes idea.

—Escucho eso a menudo, gracias. —Siempre había sido descarado.

Arendt elevó las comisuras de sus labios.

—Me encanta poder compartir el amor con ella. —El amor a sus seres queridos, a su país que tanto ama. La idea de que ahora estaría hombro a hombro con ella le hacía sentir mejor. ¿Era por su estado de ebriedad? Tan pronto como la imaginó en el atril de la emperatriz de Vinfriedt se echó a reír.

A su lado, el hombre creyó que se había enfermado.

—Señor, hay algo en su cara.

—Por favor, abstente de beber en el futuro

—¿Qué es esa expresión?

—Lamento ser una persona imperfecta.

Una vez estalló la pelea entre ellos, sacudieron sus cabezas cuando les ofrecieron más bebida. Afortunadamente su lucha no fue en voz alta, de lo contrario, habría sido tan intensa que la gente al interior de la biblioteca se enteraría. El ganador, por supuesto, fue el emperador, su autoridad pesaba sobre su caballero. Fue hasta entonces que caminó hacia la biblioteca al ver que ella se dirigía a una estantería y Valor la seguía.

—¿A dónde vas?

—Estoy buscando otro libro.

—Te ayudaré.

—No es lo suficientemente difícil como para tener ocupado al único duque de Thierry.

—Solo quiero ayudar.

—No le estoy pidiendo ayuda.

Ella se había mostrado extremadamente indiferente y habló hasta un punto, fría. De cierta manera era lo mismo que ella le decía a él.

—¡No esperaba este tipo de favor!

Eso también significaba que, para ella, Valor y él eran indiferentes para ella.

En ese caso…

¿Estaría dispuesta a aceptar al duque favorablemente como lo hacía con él? Al momento que la aborrecible pregunta apareció en su mente, ella se resbaló emitiendo una pequeña queja al tiempo que Valor la apoyaba y abrazaba su delicado cuerpo. Fue entonces que Arendt comenzó a andar hacia ellos. Fue algo casi inconsciente, una extraña sensación de inquietud cruzó su columna vertebral. ¿La incomodidad era causada por su negativa a saber la respuesta a la pregunta que recién pasó por su mente? ¿o era simplemente el hecho de verlos juntos? No podía estar seguro, sin embargo, hizo un esfuerzo por no perder el tiempo. La bondad sólo estaba permitida para aquellos que podían pagarla. No quería dejarse llevar por esas emociones y tratarla de mala manera.

—Niveia. —Gentilmente la levantó y la llamó suavemente, fue una llamada tan suave que rozó dulcemente la punta de su lengua. Irónicamente, fue solo entonces cuando recuperó su cortés sonrisa—. Lo siento, llegué tarde. —Nunca habían concertado una cita, por lo que era una disculpa fuera de contexto, pero nadie señaló sus palabras.

La brillante sonrisa de una mujer hermosa tiende a hacer que la gente coqueteé, además, la audacia característica del emperador también jugaba un papel importante.

¿Se supondría que vendría Joachim?

Asintió con la cabeza, confundida y abrió la boca.

—Está bien, parece que su majestad y usted han estado hablando durante mucho tiempo.

—En realidad, ni siquiera he visto a Vetrlang, aunque si me hubiera visto reflejado en su cara de esta manera, estaría encantado.

—Buen trabajo, debe estar cansado. —Asintió y dio un paso atrás de la persona.

Valor todavía estaba avergonzado ante la intrusión de Arendt, por lo que decidió saludarlo con cautela.

—No sabía que tenías un compromiso previo con su majestad.

—No había ninguna promesa, solo vine a verla. —Quería que asumiera que, si quería verla, solo tenía que hacerlo.

Rudiger fue el único que quedó desconcertado ante los comentarios, preguntándose si había algún problema. Mientras que el duque continuaba atento.

Niveia creía que las acciones de su prometido eran naturales, ni siquiera tuvo en su mente el pensamiento de notar alguna discrepancia tan sutil. Ella tomó el libro y volvió a hablar con indiferencia.

—Debe ser muy tarde ya que su majestad ha venido por mí, regresaré ahora.

Wistash se humedeció los labios queriendo detenerla, pero al final, sus palabras no salieron.

Arendt sonrió y se acercó a ella.

—Ven conmigo.

—Espera, devolveré el libro.

—Nuestro caballero Thorben es bueno organizando.

Tras decir aquellas palabras, todos los ojos se volvieron hacia Rudiger, cuya especialidad, por supuesto, era montar a caballo, afilar cuchillos, no ser organizado, pero se conocía su desarrollado sexto sentido.

—Si dices que no, serás casi torturado cuando volvamos a Vinfriedt. —Como prueba de la certeza de sus palabras, estaba su feroz mirada oculta tras una suave sonrisa.

Después de llegar a Thierry había tenido que estar enjuagando sus lágrimas ante la lamentable situación, pero asintió.

—Déjeme tomarlo, yo lo ordenare.

—Se lo ruego, estaba en la estantería de ahí. —Colocó el pesado libro en la mano del caballero y ofreció su mano a su prometido.

Él la aceptó, llevándola como escolta y despidiéndose de los que se quedaban, con una suave sonrisa.

—Nos retiramos.

—Que tenga un buen día, duque Wistash.

Los lamentos flotaron sobre la expresión de Valor, para después hacerse añicos, como la escarcha.

—Nos vemos… Niveia.

No hubo respuesta.

La pareja se retiró, dejando todo como estaba, quedando solo un sutil silencio entre los dos hombres restantes.

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