El Perseguido – Capítulo 142: Escapar en secreto

Traducido por Shisai

Editado por Sakuya


Aquel “castigo” se prolongó durante un mes entero.

Al principio, todo fue suave y controlado, pero poco a poco el tono cambió. Chi Yan terminó aterrorizado. Jamás había visto a Ye Ying Zhi tratarlo con semejante ferocidad, como si quisiera devorarlo por completo.

Forcejeó débilmente, aferrándose al cuello y al cuerpo del dios mientras lo intentaba apaciguar con besos. Le suplicó entre lágrimas, implorando misericordia y aquel perdón indulgente que antes siempre había recibido. Pero esta vez se había equivocado.

El dios que lo mantenía inmovilizado no mostró la menor compasión. Todo lo que hacía resultaba inútil. Peor aún, sus ruegos parecían volver a Ye Ying Zhi todavía más intenso.

Chi Yan no tenía escapatoria. Fue intimidado hasta el punto de perder toda resistencia, obligado a girarse por iniciativa propia y exponer obedientemente el vientre al dios maligno para que continuara haciendo lo que quisiera con él.

No podía enfrentarse a Ye Ying Zhi en absoluto.

Al final, sus muñecas fueron atadas con una suave cinta de brocado blanco y sujetadas firmemente a la cama divina. Cuando tenía hambre o sed, los sirvientes le ofrecían rocío de jade y brebajes divinos, exactamente los mismos manjares que consumía el dios maligno.

Chi Yan perdió por completo la noción del tiempo. Solo podía soportar lamentablemente aquel amor excesivo… hasta que Ye Ying Zhi finalmente quedó satisfecho y decidió dejarlo descansar.

Sorprendentemente, el castigo resultó muy efectivo para el joven que siempre había sido indomable y descarado.

Después de aquello, Chi Yan permaneció dócil y obediente durante un tiempo. Todos los días era alimentado con el más preciado rocío de jade y los mejores brebajes divinos del Reino de los Dioses, de modo que, incluso cuando el dios maligno lo “intimidaba”, su cuerpo jamás llegaba a dañarse realmente.

Y aun así, Chi Yan permaneció honestamente dentro del templo del dios maligno.

Sin embargo, Ye Ying Zhi no tenía intención de detenerse solo porque el joven se hubiera portado bien. Al contrario. Una vez que se familiarizó con aquel delicioso sabor, se volvió todavía más indulgente consigo mismo. Cuatro días después, llevó a Chi Yan a su habitación tras la cena y ya no volvió a dejarlo salir.

Como decía el refrán: cuando algo alcanza el extremo, inevitablemente se vuelve insostenible.

Antes de que Chi Yan finalmente escapara al Reino Mortal incapaz de soportarlo más, el comportamiento de Ye Ying Zhi podía describirse como completamente insaciable.

Durante aquel breve medio año, el dios maligno lo mantuvo encerrado repetidas veces durante diez o quince días seguidos. Y aquello ocurrió al menos siete u ocho veces. Tal como antes, ninguna de ellas fue precisamente breve.

En realidad, Chi Yan no detestaba la intimidad de Ye Ying Zhi. Desde lo más profundo de su corazón, desde aquel primer beso que recibió siendo ya un adulto, había considerado al dios maligno como su único amante.

Lo que no podía soportar eran aquellas demandas interminables.

Medio año, para los dioses, no era nada. De hecho, incluso a él le gustaba bastante… Pero cada vez que pensaba en la eternidad de la vida divina y en que tendría que pasar incontables años en el Reino de los Dioses junto al dios maligno…

El joven tragó saliva.

Una noche, despertó junto a Ye Ying Zhi y, de pronto, sintió que no podía permitir que las cosas continuaran así.

Impulsivo e inexperto, tomó una decisión poco meditada.

Aprovechando que el dios aún dormía profundamente abrazándolo, levantó con cuidado el brazo que lo retenía y escapó silenciosamente del amplio dormitorio, del solemne templo y finalmente del Reino de los Dioses.

En realidad, comprendía perfectamente que jamás podría escapar verdaderamente del control de su amante. Y, más importante aún, tampoco quería abandonarlo de verdad. Simplemente había sido consentido hasta desarrollar una terquedad infantil.

Incluso después de huir por impulso, seguía negándose a inclinar la cabeza y regresar obedientemente.

Al menos Ye Ying Zhi también tiene parte de culpa, pensó indignado. No es solo porque yo sea inmaduro y obstinado. Si viene personalmente a buscarme, regresaré.

Aquella ya era la mayor concesión que estaba dispuesto a hacer.

No, mejor añadir otra condición. Después de traerme de vuelta, Ye Ying Zhi tendrá que abrazarme, besarme, dejarme dormir entre sus brazos y prometerme que en el futuro solo me va a intimidar con moderación, no de manera tan desvergonzada.

Bueno… quizá me podría intimidar sin escrúpulos de vez en cuando. Y también debe preparar comida deliciosa.

Mientras pensaba todo aquello, Chi Yan no se dio cuenta de que sus pensamientos eran muchísimo más ingenuos que los de cualquier joven de su edad en el Reino Mortal.

Por eso ignoró por completo las palabras del pájaro negro que lo había seguido en secreto desde el jardín del templo. En realidad, su corazón no era tan duro como había pretendido delante del ave. Amaba profundamente a Ye Ying Zhi.

Aunque hubiera sido intimidado y castigado de aquella manera, aunque el dios a veces resultara excesivo… seguía queriéndolo. Le gustaba todo de él y no podía imaginarse lejos de su lado.

Para el resto de los seres vivos, Ye Ying Zhi era un dios aterrador y todopoderoso. Para Chi Yan, en cambio, solo era el amante al que guardaba en la punta del corazón.

Sin embargo, esta vez ya habían pasado diez días desde que abandonó el Reino de los Dioses. Y todo permanecía en calma. Nadie había venido a buscarlo.

El dios maligno parecía ni siquiera haberse dado cuenta de que había desaparecido.

Durante diez días, Chi Yan vagó por el Reino Mortal lleno de resentimiento y decepción. Finalmente, apretó los dientes y alcanzó por poco el último plazo de inscripción para entregar su solicitud a la Academia Qin Shang.

Aprobó el examen inmediatamente y obtuvo la admisión.

Si Ye Ying Zhi no pensaba venir por él, entonces comenzaría una emocionante y colorida vida en el Reino Mortal.

Después de todo, incluso él sabía que el Dios de la Plaga, el Dios de la Guerra y todos esos sujetos siempre chismorreaban a sus espaldas, diciendo que era la pequeña novia del dios maligno.

Los hechos no eran tan vergonzosos como ellos imaginaban.

Ye Ying Zhi ni siquiera parece un dios, pensó Chi Yan con indignación.

Pero, al mismo tiempo, comprendía que solo alejándose temporalmente de la protección de Ye Ying Zhi podría hacer las cosas que siempre había querido experimentar desde que se convirtió en adulto.

Pensando en ello, su estado de ánimo finalmente mejoró un poco mientras seguía a la multitud hacia la oficina de registro acompañado por el pájaro negro.

♦ ♦ ♦

Este mundo estaba dividido en dos grandes reinos: el Reino Superior y el Reino Inferior.

Es decir, el Reino de los Dioses, habitado por deidades, y el Reino Mortal, donde convivían humanos y otras razas.

En el Reino Mortal prosperaban innumerables industrias y oficios. Agricultura, comercio, manufactura… todas las criaturas trabajaban para sobrevivir. Sin embargo, también existían individuos excepcionales, nacidos con talentos extraordinarios para practicar magia avanzada o artes marciales.

Naturalmente, esas personas gozaban de un estatus mucho más elevado.

También había quienes carecían de talento para el combate o la magia, pero destacaban en investigaciones teóricas y estudios académicos. Como eruditos, igualmente recibían respeto y privilegios.

Al mismo tiempo, las fronteras entre dioses y humanos nunca habían sido demasiado estrictas. Los dioses, pese a ser seres superiores, poseían emociones y deseos igual que cualquier otra criatura. Cada uno tenía una personalidad distinta.

Algunos preferían el aislamiento y rara vez interactuaban con los mortales.

Otros, en cambio, disfrutaban relacionándose con sus creyentes, escuchando alabanzas, concediendo bendiciones e incluso invitando a ciertos favoritos al Reino de los Dioses.

Por ejemplo, a la Diosa de la Primavera le encantaba convivir con sus fieles y contarles historias sobre el Reino Superior. Debido a ello, los habitantes del Reino Mortal conocían bastante acerca de los dioses.

Bajo esas circunstancias surgieron profesiones especiales, como los Brujos Divinos y los Guerreros Divinos. Estas personas podían recibir bendiciones de determinadas deidades y utilizar parte de su poder.

Sin embargo, aquellos mortales favorecidos por los dioses eran extremadamente escasos. Cada vez que aparecía uno, los distintos imperios lo trataban como un invitado de honor y todos lo admiraban profundamente.

Después de todo, nadie deseaba enemistarse con los fuertes. Mucho menos con los dioses.

Los estudiantes admitidos en la Academia Qin Shang eran precisamente jóvenes con potencial para convertirse en grandes magos, guerreros o eruditos… además de los hijos de nobles provenientes de distintos imperios.

Como Chi Yan no poseía una identidad humana normal, mintió al completar su solicitud. Declaró que había sido criado por un viejo mago ermitaño que vivía oculto en las montañas Yin Suo y que, antes de morir, aquel anciano le había pedido ingresar en la Academia Qin Shang.

Historias así no eran demasiado extrañas. Después de todo, el vasto continente estaba lleno de magos retirados que preferían vivir apartados del mundo.

Tras varias verificaciones, la academia terminó ayudando a Chi Yan y a otros estudiantes con antecedentes similares creando nuevas identidades oficiales para ellos.

Los dormitorios estudiantiles eran habitaciones individuales. Eso significaba que, si Chi Yan no tomaba la iniciativa de socializar, probablemente no haría amigos en mucho tiempo. Aquello resultaba perfecto para ocultar temporalmente su verdadera identidad.

Lo que jamás imaginó fue que la primera clase capaz de impactarlo sería “Historia de la Teología”.

Tal como indicaba el nombre, era una asignatura dedicada a estudiar a los distintos dioses del Reino Superior. Las creencias de los mortales estaban claramente clasificadas, y existían numerosos registros acerca de las deidades: oráculos, historias, interacciones con creyentes, habilidades, dominios y demás.

Era una materia teórica obligatoria para todos los estudiantes. Sin embargo, debido a que el contenido evitaba cuidadosamente cualquier tabú divino, los registros eran bastante superficiales. La mayoría ya había escuchado esas historias innumerables veces, así que pocos mostraban interés.

Los estudiantes asistían únicamente porque era obligatorio aprobarla.

Pero Chi Yan sí estaba fascinado.

Había visto personalmente a la mayoría de los dioses mencionados en el libro, y precisamente por eso notaba enormes diferencias entre aquellos registros y la realidad.

No le interesaban demasiado las otras deidades, así que hojeó rápidamente el texto buscando información sobre Ye Ying Zhi, como un joven enamorado intentando descubrir secretos sobre la persona que ama.

Pero solo encontró una breve página al final del libro, la cual parecía ser el registro correspondiente al dios maligno.

Ni siquiera ocupaba media página.

Apenas mencionaba vagamente que era una deidad maligna del Reino Superior, y hasta el nombre “Eymer”, ampliamente conocido entre los dioses, había sido deliberadamente omitido.

—¿Por qué hay tan poca información sobre el dios maligno? —preguntó decepcionado al chico sentado a su lado, inclinándose ligeramente hacia él.

El muchacho lo miró rápidamente, pero no respondió.

Por un lado, aquella era una pregunta de conocimiento básico y resultaba difícil explicar en pocas palabras.

Por otro lado, los ojos del profesor de Historia de la Teología, ocultos tras unas lentes semicirculares, ya se habían clavado sobre ellos.

El aula estaba tan silenciosa que incluso un simple susurro bastaba para llamar la atención.

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