El Perseguido – Capítulo 143: Los favorecidos

Traducido por Shisai

Editado por Sakuya


—Una buena pregunta. Aunque también es una pregunta difícil de responder. —Los severos ojos marrones del profesor de Historia de la Teología se posaron sobre Chi Yan—. Antes que nada, debes saber que el dios maligno posee un rango superior al del Dios de la Guerra, el Dios de la Plaga y las demás deidades mayores. Por respeto, normalmente evitamos hablar demasiado sobre los dioses de alto nivel. Esa es también la voluntad de las otras deidades.

En términos simples, aquello significaba que Eymer era una existencia que incluso los dioses comunes temían provocar. Por esa razón, las demás deidades instruían a sus creyentes para que evitaran mencionar cualquier asunto relacionado con él.

—En segundo lugar, el continente Alfa no fomenta públicamente la adoración del dios maligno. Eso también deberían saberlo. Pero, dado que es la primera clase, y si estas explicaciones no bastan para satisfacer tu curiosidad, no me molestará profundizar un poco más en ciertos temas que quizá no hayan escuchado en ninguna otra parte.

El profesor se quitó las gafas, las limpió cuidadosamente sobre la manga de su túnica negra y volvió a colocárselas antes de recorrer con mirada penetrante a los jóvenes sentados frente a él.

—Entre todos los oráculos divinos, Eymer es considerado el dios más malvado, el más poderoso y el más inescrutable. No necesita creyentes y ningún dios se atreve a desafiar su autoridad. Espero que recuerden algo: la ignorancia, en ocasiones, también es una forma de felicidad. No sientan curiosidad por aquello que no deberían conocer. Un dios temido incluso por otras deidades claramente no es un buen objeto de interés.

Justo en ese momento sonó la campana.

El profesor de Historia de la Teología lanzó una última mirada hacia Chi Yan antes de anunciar el final de la clase y abandonar rápidamente el aula con sus materiales.

♦ ♦ ♦

Probablemente esté exagerando.

El hombre negó ligeramente con la cabeza mientras sus gruesas cejas se fruncían profundamente.

Sin embargo, resultaba demasiada coincidencia que, justo después de lo ocurrido la noche anterior, un estudiante hubiera preguntado específicamente por el dios maligno Eymer. Aquello le producía una sensación de inquietud imposible de ignorar.

La mayoría de los alumnos de primer año aún desconocía que el profesor Hodge, encargado de Historia de la Teología, era en realidad el vicedecano de la División de Teología de la Academia Qin Shang. Y, si nada salía mal, también estaba destinado a convertirse en el próximo decano.

Además, poseía otra identidad aún más respetada.

Era un devoto creyente de la Diosa de la Primavera y un auténtico Erudito Divino.

Aquí, el título de Erudito Divino era distinto al de un simple investigador teológico. Su naturaleza era similar a la de los Brujos Divinos o los Guerreros Divinos: títulos otorgados a aquellos favorecidos por los dioses.

Eso significaba que, aunque Hodge fuera un académico dedicado a la investigación, también había recibido bendiciones divinas. Gracias a ello, no solo lograba resultados extraordinarios en sus estudios, sino que incluso podía invocar el poder de su diosa cuando era necesario.

Precisamente debido a aquellas dos identidades especiales, conocía secretos que la gente común jamás podría descubrir.

Por ejemplo… En todo el Reino Mortal existían menos de diez estatuas del dios maligno Eymer.

Y una de ellas se encontraba sellada dentro de la torre negra prohibida de la Academia Qin Shang.

Se decía que aquella estatua contenía el aura más poderosa y densa del dios maligno, porque guardaba algo que realmente le pertenecía: quizá un mechón de cabello o tal vez una gota de sangre.

Y la noche anterior, alguien había irrumpido en secreto en la torre negra de la zona prohibida.

El intruso actuó con extrema cautela y había planeado todo meticulosamente. Escapó antes de ser descubierto, utilizó hechizos para confundir los rastros de su presencia y, además, robó varios objetos valiosos, aunque no especialmente importantes.

De esa manera, resultaba difícil determinar cuál era su verdadero objetivo y debido a que las pérdidas no eran críticas, la Academia Qin Shang tampoco deseaba convertir el incidente en un gran escándalo.

Después de recibir el informe sobre la intrusión, el anciano decano acudió inmediatamente a la torre negra. Recorrió lentamente la zona prohibida apoyándose en su bastón de madera de osmanto verde y finalmente declaró con tranquilidad:

—El intruso fracasó. No consiguió aquello que buscaba. Su objetivo era la estatua de ese honorable.

Aunque el anciano no podía ver, nadie cuestionaría jamás su juicio. Porque, además de ser el superior del profesor Hodge, el viejo decano era un rarísimo Profeta Divino.

Los favorecidos por los dioses eran escasos y el cargo de decano siempre había sido ocupado por uno de ellos. Aquello constituía uno de los mayores orgullos de la Academia Qin Shang.

La estatua de ese honorable…

Mientras avanzaba por los corredores de la academia entre grupos de jóvenes estudiantes, Hodge repitió mentalmente aquellas palabras. Poco a poco logró calmarse tras el incidente de la noche anterior.

Por supuesto, sabía perfectamente a quién se refería “ese honorable” y también comprendía lo que aquella intrusión implicaba.

Alguien había intentado obtener el poder del dios maligno. El poder de la deidad más destructiva y aterradora según las leyendas.

Pero, sin importar cuáles fueran las intenciones del intruso, aquello no debía tener relación con los nuevos estudiantes.

Realmente exageré hace un momento, quizá debería pedir orientación a la benévola Diosa de la Primavera.

Pensando eso, aceleró el paso hacia su oficina.

♦ ♦ ♦

Dos semanas después del inicio de clases, Chi Yan ya se había familiarizado bastante con varios compañeros.

Andy, el aprendiz de mago que se sentaba a su lado en Historia de la Teología, era uno de sus nuevos amigos.

Provenía de una pequeña familia noble del Imperio Omega y tenía un hermano y una hermana mayor. Era tímido, meticuloso y extremadamente serio con todo lo que hacía. Además, trataba sinceramente a Chi Yan, por lo que había obtenido bastante información útil gracias a él.

Una de las razones principales por las que la Academia Qin Shang gozaba de semejante prestigio era porque ofrecía a todos los estudiantes matriculados la oportunidad de participar en la “Prueba de Luz Divina”.

Aquella prueba servía para determinar si una persona poseía el potencial necesario para convertirse en alguien favorecido por los dioses.

Fuera de la academia, la mayoría de las personas solo podían solicitar esa prueba a un favorecido conocido o a los sacerdotes principales de los templos imperiales. Evidentemente, no todas las familias podían permitirse semejante privilegio.

Eso hacía aún más admirable a la Academia Qin Shang.

La Prueba de Luz Divina para los estudiantes de primer año se realizaría durante un fin de semana, aproximadamente un mes después del inicio de clases. Aquellos que mostraran sensibilidad hacia la luz divina serían seleccionados para evaluaciones posteriores.

—¿Entonces los favorecidos por los dioses nacen con ese talento? —preguntó Chi Yan.

En realidad, aún no comprendía del todo la diferencia entre el poder divino y el del mundo humano.

—Podría decirse que sí. —Andy sabía que su amigo había crecido en las remotas montañas Yin Suo y desconocía muchas cosas, así que comenzó a explicarle pacientemente—. La mayoría de las personas nace incapaz de soportar la luz pura de los dioses. Conforme crecemos, permanecer bajo esa luz se siente como si el cuerpo entero estuviera ardiendo.

»Por eso alguien incapaz de soportarla jamás podrá convertirse en un favorecido y comunicarse con los dioses para recibir su poder. Aunque también existen excepciones.

»Hay personas que logran convertirse en favorecidos mediante entrenamiento y exposición prolongada. Por ejemplo, la actual suma sacerdotisa del templo de la Diosa del Amanecer en el Imperio Omega. Aún es muy joven. Su abuela fue la antigua suma sacerdotisa, así que creció dentro del templo desde niña y pasó toda su vida bañada por el resplandor de la Diosa del Amanecer.

»Mientras el dios no deteste a esa persona ni la considere desagradable, quienes crecen de esa manera desarrollan naturalmente una enorme afinidad y sensibilidad hacia las deidades. Y terminan convirtiéndose en los mejores intermediarios para comunicarse con ellas. Pero esas oportunidades dependen de circunstancias extraordinarias, así que no tiene sentido envidiarlas.

Todo aquello era conocimiento básico para la mayoría de los estudiantes. Nadie encontraba extraño lo que Andy decía.

Pero Chi Yan captó inmediatamente otro significado oculto en aquellas palabras y sus cejas se fruncieron ligeramente.

—… Entonces, ¿estar cerca de un dios, o impregnarse constantemente de su aura divina, también puede hacer que una persona sea detectada como alguien bendecido?

—Exactamente. Mi hermano fue caballero aprendiz en un templo. Lo escuché decir que cuanto más cerca estés de un dios, más fácil será absorber su aura y obtener parte de su poder. Por eso existen tantos exploradores obsesionados con buscar reliquias divinas o rastros dejados por los dioses en el Reino Mortal. Si encuentran objetos impregnados con el aliento de una deidad, se consideran extremadamente afortunados.

—Bueno… solo es una hipótesis. —Chi Yan vaciló un instante mientras miraba a su ingenuo amigo—. Según lo que dices… si alguien fuera besado por un dios… ¿la prueba podría detectarlo?

Andy lo observó con desaprobación.

—¿Por qué siempre dices cosas tan extrañas? Chi Yan, deja de pensar en ese tipo de fantasías irreales. Eso es blasfemia. Si alguien te escucha hablando así, podrías meterte en problemas.

No menciones el castigo. Chi Yan cerró los ojos. No estoy cometiendo una blasfemia, es Dios quien está blasfemando conmigo.

Si la Prueba de Luz Divina era realmente tan precisa como Andy decía, entonces, incluso aunque hubiera crecido en el templo del dios maligno, la enorme cantidad de aura divina impregnada en su cuerpo sería detectada sin dificultad.

Después de todo, todo su cuerpo estaba lleno del aliento de Ye Ying Zhi.

Desde dentro hacia afuera.

Por ello, mientras la mayoría de los estudiantes de primer año esperaba con entusiasmo la llegada de la prueba, había un joven que sufría silenciosamente por un problema imposible de explicar.

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