El Perseguido – Capítulo 76: La segunda condición de intercambio

Traducido por Shisai

Editado por Sakuya


Ye Ying Zhi escuchó a Chi Yan rogándole. Casi quería tranquilizar a la otra parte para que no entrara en pánico y acceder a ayudarlo de inmediato. Pero justo antes de abrir la boca, recordó lo que había dicho antes. No hay nada que pueda hacer, pero el príncipe Eymer debería tener una manera… Hizo una pequeña pausa antes de seguir con su posición anterior.

Chi Yan naturalmente lo recordaba. Se quedó en silencio por un momento.

—Pero solo me chupó la sangre una vez esta semana. No sé cómo encontrarlo —susurró.

Se encontró con el príncipe Eymer hace dos días para chuparle la sangre una vez, y Chi Yan casi pensó que la otra parte había perdido interés en su sangre.

Podría recogerte ahora. Pero Ye Ying Zhi se contuvo.

—¿Probablemente deberías recordar el camino a la residencia del príncipe Eymer? Deberías tomar la iniciativa para ir a verlo lo más pronto posible. Ser infectado por un vampiro no se puede retrasar, debe tratarse dentro de las 72 horas. Más allá de eso, incluso si fuera el príncipe Eymer, tampoco podría salvar a tu amigo.

Chi Yan agradeció a su amigo cazador de vampiros y colgó. Miró la noche lúgubre fuera de la ventana del hospital. Sosteniendo el teléfono, finalmente tomó una decisión en su corazón.

Le pidió a la señorita Julia que volviera a descansar primero. También respondió a los mensajes de sus amigos en el dormitorio que a menudo comían junto con Jiang Tian y les informó sobre su condición. Lao Gao y sus amigos vendrían a cuidar de Jiang Tian a la mañana siguiente. A continuación, Chi Yan reservó un taxi en el sitio web de la compañía de taxis local para que lo recogiera a las 8 de la mañana. Había muy pocos coches en las calles de Sophus y menos taxis de alquiler. Básicamente, los taxis deben reservarse con anticipación.

Lao Gao y los demás no tenían clases al día siguiente, por lo que se apresuraron a hacerse cargo del turno de Chi Yan a las 7 de la mañana. No durmió en toda la noche y no quería demorarse más. Le contó a Lao Gao y a los demás sobre el estado actual de Jiang Tian y se fue a las 8 en punto cuando llegó el taxi que había reservado. Sin embargo, no regresó al dormitorio ni a la escuela. El taxi se dirigió hacia los suburbios del oeste. Gray lo había llevado de un lado a otro dos veces antes, por lo que podía recordar vagamente la ubicación de la mansión del príncipe Eymer.

La mansión destacaba, se pudo ver después de andar un tiempo al este, fuera de la ciudad. Parecía una bestia gigante esperando que él entrara en su trampa. Incluso bajo la brillante luz del sol de la mañana, tenía un aspecto un poco lúgubre.

Chi Yan se sintió aliviado de tener un buen sentido de la orientación y memoria. Se las arregló para encontrar la mansión del príncipe Eymer basándose en la vaga impresión en su mente. Después de pagar el pasaje, se despidió del conductor. Respiró hondo, miró el cielo azul claro de Sophus en la mañana de otoño y caminó hacia la puerta de color oscuro.

Pensó que podría no haber llegado en el momento adecuado. Después de todo, eran las nueve de la mañana, la hora en que los humanos normalmente se levantaban y se ocupaban de sus actividades. Al contrario, era el momento de descanso de los vampiros que vivían aquí.

Intentó no pensarlo mucho, subió los escalones y tocó el timbre. Si nadie abría la puerta, entonces planeaba sentarse y esperar en los escalones. Según sus experiencias, el príncipe vampiro solía comenzar sus actividades después del mediodía. Quizás durante ese tiempo, simplemente tenía apetito y quería comer. Con suerte, el clan de sangre era como los humanos, más fácil de negociar después de comer y beber. En cualquier caso, no le importaría dejar que Su Alteza Real chupara más sangre antes de hacer su pedido. Esta era la única estrategia en la que Chi Yan podía pensar en este momento.

Inesperadamente, la puerta se abrió. Gray levantó las cejas con sorpresa cuando lo vio.

—¿Por qué estás aquí?

Chi Yan pellizcó nerviosamente el dobladillo de su ropa.

—Hay algo que me gustaría hablar con Su Alteza Real, ¿puedo verlo? —Suplicó y miró a Gray con cautela de abajo hacia arriba.

—Su Alteza Real no se negaría a recibir comida en su puerta —Gray murmuró y le abrió la puerta—. Siéntese en la sala de estar y espere un rato. Le preguntaré a Su Alteza Real si quiere verte.

Quizás vaya a preguntar si su Alteza Real tiene apetito y está listo para comer ahora, pensó Chi Yan.

Miró la sala de estar y ese sofá de tela que parecía limpio, ordenado y cómodo. Como si nadie se hubiera sentado antes. Se paró junto al sofá con la mano sujetando la esquina de su ropa. No quería estropear los muebles de aspecto desolado, ni tenía ganas de descansar en ellos. De hecho, sintió que su estómago se retorcía en una bola y su mente estaba en blanco. Trató de anticipar cómo sería ver al príncipe Eymer más tarde y cómo debería comportarse para conseguir que la otra parte lo ayudara.

No esperaba que el otro acceda fácilmente, pero sin importar qué método use y a qué precio, tenía que conseguir que el Príncipe lo ayude.

Esta fue la primera vez que Chi Yan tomó la iniciativa de pedir ayuda a alguien. Estaba perdido, sin mencionar que la otra parte ni siquiera era un humano.

Un rato después, Gray bajó del segundo piso e hizo un gesto para invitarlo a subir.

Lo siguió escaleras arriba, sintiéndose más ansioso que la primera vez cuando el príncipe Eymer lo trajo para que le chupara la sangre.

—Sabes las reglas. —Gray se detuvo frente a la puerta con la que estaba familiarizado y señaló la cinta negra que colgaba de la manija de la puerta.

Chi Yan asintió. Cogió la cinta, se vendó los ojos, abrió la puerta y entró.

El dormitorio era más cálido que la sala de estar y la luz era más tenue. Toda la habitación se llenó de una luz muy familiar y un aroma especial. La sensación fue como cuando el príncipe Eymer lo abrazó y le chupó sangre. Chi Yan sabía que este era el espacio personal del Príncipe.

Oyó cerrarse la puerta y se quedó aturdido en la entrada hasta que una voz fría sonó en su mente.

—Ven aquí.

Esa era la voz del príncipe Eymer.

Chi Yan recuperó la conciencia. No pudo distinguir la dirección del sonido, por lo que se tambaleó hacia adelante hasta que sus manos tocaron el cuerpo de la otra parte.

Tuvo un susto y se quedó en el lugar, inconscientemente retirando su mano. Pero la otra parte fue más rápida que él. Agarró sus dos brazos y tiró de él hacia su pecho.

Sintió que el príncipe Eymer debería estar sentado en la silla frente a él.

Se quedó ahí y no se atrevió a moverse.

—Siéntate —El vampiro dijo con indiferencia.

—¡¿Eh?! —Chi Yan estaba desconcertado y se quedó ahí con la boca abierta. El vampiro parecía un poco impaciente, extendió la mano y lo empujó para que se sentara a horcajadas en su regazo.

La cara de Chi Yan se puso un poco caliente, pero rápidamente se dio cuenta de la razón por la que el vampiro hacía esto. El aliento frío roció su cuello, esta fue una posición cómoda y conveniente para chupar su sangre.

Cerró los ojos y arqueó el cuello hacia atrás lentamente.

El vampiro se inclinó hacia adelante y frotó suavemente el frente del cuello con sus dientes, pero no mordió.

—… Por favor, coma su comida —susurró vacilante.

Chi Yan estaba un poco incómodo. En realidad, no estaba seguro de si debía decir eso. Después de todo, la olla caliente o los platos de pescado a la parrilla que había comido nunca le habían pedido a los comensales que disfrutaran comiendo ellos mismos. Se sintió estúpido y lamentó sus acciones.

El vampiro se rió entre dientes y presionó sus colmillos con más fuerza contra su cuello. Su mano izquierda se deslizó por su espalda de arriba a abajo.

—… ¿Por qué te portas tan bien hoy? Viniendo por tu cuenta y pidiéndome que te coma. ¿Hay algo que quieras de mí?

Chi Yan tembló. No había forma de ocultar su motivo al vampiro con su abrupta aparición.

Casi podía sentir el agudo escalofrío y el dolor provocado por los afilados colmillos del vampiro, y el placer que lo acompañaba cada vez que chupaba su sangre. Su cuerpo temblaba incontrolablemente.

Recordó la estrategia que pensó cuando llegó. Así que silenciosamente levantó la cabeza y empujó su cuello hacia adelante. Sintió que los colmillos perforaban la piel entre su cuello y la sangre fluía por esos afilados dientes. El vampiro susurró algo pero no escuchó con claridad. Solo sabía que el príncipe vampiro abandonó su curiosidad y se deleitó con su sangre con impaciencia. El príncipe ya había soltado sus dos brazos y lo abrazó con fuerza por la espalda. Chi Yan involuntariamente levantó las manos colgando a ambos lados de su cuerpo y apretó con fuerza el cuello del vampiro.

Les tomó mucho tiempo separarse esta vez. Chi Yan incluso pensó que su sangre estaba a punto de secarse.

Eymer no lo dejó de inmediato. Como las dos veces anteriores, abrazó su cintura con una mano, con la otra le agarró la nuca y lo besó suavemente, instándole a que abriera los labios y le pasara la saliva. Chi Yan tragó obedientemente. Sabía que la saliva del príncipe de sangre era buena para su recuperación física y necesitaba que su cuerpo recuperara energía lo antes posible para lidiar con el asunto por el que vino.

Chi Yan luchó, tratando de separarse del abrazo del Príncipe y pararse, pero el Príncipe Eymer lo sujetó y le preguntó: —¿Ahora deberías poder decirme por qué me estás buscando? —Él sonrió suavemente de nuevo— ¿O es que solo quieres que te chupe la sangre? ¿Eh? Pequeño travieso.

Por el sonido de su voz, supuso que el estado de ánimo del príncipe Eymer debería ser bueno ahora. Ojalá fuera fácil pedir su ayuda.

—Quiero pedirte ayuda. Quiero pedirte que me ayudes a salvar a un amigo —Chi Yan dejó de luchar y suplicó.

El vampiro usó el pulgar y le frotó suavemente la nuca, pero no habló.

Chi Yan esperó nerviosamente, sin siquiera hacer un sonido.

Después de un largo rato, el vampiro finalmente habló.

—Nunca ayudé a nadie —respondió rotundamente.

Chi Yan escuchó esto anteriormente durante el incidente de Emily.

—Por favor —suplicó—. Estoy dispuesto a cumplir con sus condiciones.

Esta era la única forma en que podía pensar. El príncipe Eymer era alguien que cumplía con los acuerdos y las condiciones. Tratar de sacarle algo sin nada que ofrecer no iba a funcionar. Era aún más impensable sacar algo de él a través de las relaciones y el estatus. Probablemente la única forma de obtener su ayuda era cumplir con sus condiciones como antes, pero esta vez, Chi Yan no sabía qué más podía ofrecerle a la otra parte.

—¿Oh? —preguntó suavemente—. ¿Qué puedes ofrecerme? —Sonaba como si no hubiera tomado en serio la propuesta de Chi Yan.

—Algo como… —Chi Yan hizo una pausa y susurró—: Por ejemplo, antes de que deje Sophus, puede seguir chupando mi sangre. ¿Está bien?

Estaba demasiado ansioso, sonaba inexperto e impaciente. Mostró todas sus cartas a su oponente. Le estaba diciendo a la otra parte descaradamente, siempre y cuando aceptes ayudar, puedes hacerme cualquier cosa.

—Bonita propuesta —el vampiro reflexionó por un momento, y respondió con un poco más de interés en su voz—, pero quiero algo más.

Chi Yan se tensó nerviosamente como una presa atacada por un depredador. Sintió que la mirada del vampiro caía pesadamente sobre él, como si pensara en algo, mientras su cuerpo estaba firmemente sujeto, incapaz de moverse.

Pensó en esta posición vergonzosa en este momento y frunció el labio inferior.

—Por favor, habla entonces —murmuró.

—Quédate aquí esta noche, acompáñame. —El vampiro se inclinó más hacia él, hablándole al oído con una voz ligeramente diferente—. Esta es… la condición para que yo te ayude.


Shisai
Ohhh, pasar una noche con el príncipe, ¿aceptará?

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