Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 139: La disculpa de Enerine

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


Después de asistir al servicio fúnebre en la casa del marqués Anderson para aquellos que cayeron durante la guerra, volví una vez más a la capital.

—Bienvenida de regreso, señorita Mellice…

—Enerine.

Para ser honesta, mi corazón me dolió al ver a Enerine, que se parecía mucho a la chica que había perdido.

Pero… era consciente que no era la única que sufría. Más bien, fue probablemente más doloroso para ella, que había perdido a alguien que había estado a su lado desde que nació.

Por eso, no aparté la mirada.

Porque yo era la única que no pudo protegerla…

Porque esto era algo que tendría que cargar.

—De alguna manera, se siente como si hubiera pasado un tiempo desde la última vez que te vi en la casa Anderson…

—Es lo mismo para usted, ¿no es así, señorita Mellice?

—Ciertamente, es verdad…

Después de regresar a mi habitación, Enerine decidió seguirme y preguntar de forma inesperada:

—Señorita…, ¿qué haremos al respecto con la búsqueda de su nueva asistente?

—¿No es ese tu trabajo ahora…? —respondí mientras me sentaba.

—No estoy segura… Era algo inmensamente importante para Anna.

—Lo siento… —dije y un silencio pesado descendió entre nosotras. Para romperlo, añadí—: No tengo ninguna intención de contratar a una nueva asistente.

—Pero…

—Soy básicamente capaz de cuidar de mis propias necesidades. Solo requiero ayuda cuando me preparo para las fiestas nocturnas… La única persona que he empleado por mi propia voluntad ha sido Anna.

Por un breve instante, la expresión de Enerine se oscureció.

Parecía estar cargando un gran dolor, pero, aun así… era como si tratara de evitar ahogarse en esas emociones.

Solo verla me hacía sentir como si estuviera siendo arrastrada por ese dolor.

—Señorita Mellice…

—¿Qué sucede?

—No puedo perdonarla… No puedo creer que, a pesar de su fuerza, no pudo protegerla.

Aunque sus palabras me dolían, había decidido no apartar mi mirada. Por eso la miré directamente, de manera que pudiera recibir sus palabras de frente.

—¿Por qué no se enfada conmigo? —preguntó mientras las lágrimas se acumulaban en los rincones de sus ojos. Sin entender el significado de su pregunta, simplemente la miré fijamente—. Anna… tenía un deseo. Esperaba poder seguirla, luchar junto a usted… Por supuesto, estaba preparada para arriesgar su propia vida por usted… Por eso mis palabras no son más que un insulto a su determinación como guerrera.

Escuchar sus palabras me hizo recordar ese viaje nostálgico. El que hicimos cuando Anna y Enerine apenas se habían convertido en mis asistentes.

Después de su batalla con esos bandidos…  ambas lamentaron su propia debilidad. Fue por eso que decidieron aumentar la intensidad de su entrenamiento militar.

Gracias a todo eso… pude entender el punto de vista de Enerine.

Empuñar la espada es estar preparado para morir. Robar la vida de otro, y que te roben la tuya… no es algo para tomar a la ligera.

A pesar de eso, estaba muy preocupada por Enerine… Quizás, por eso pensaba que estaba menospreciando la determinación de su hermana.

—Es cierto, no puede protegerla…, pero ella tomaría esas palabras como un insulto. Porque Anna estaba ahí como guerrera. En primer lugar, no habría llevado a alguien que necesitara ser protegido a ese lugar. —Esas últimas palabras eran una verdad que no podía refutar, aun así, decidí añadir—: Pero… lo que estás diciendo solo demuestra lo importante que era para ti, ¿verdad? Por eso, está bien si no me perdonas. No solo fui incapaz de protegerla, sino que también fui quien la involucró en esa guerra, la llevó al campo de batalla… y solo me quedé observando para ver si ella seguía siendo o no la protegida.

Probablemente había estado aguantando todo este tiempo… ya que, después de decir esas palabras, las lágrimas brotaron de los ojos de Enerine.

—Lo lamento… —dijo una y otra vez mientras su llanto no se detenía.

Lentamente extendí la mano y la abracé.

Entonces, cuando mi corazón afligido se envolvió en su calidez, yo también comencé a llorar.

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