La gota de esperanza – Capítulo 9

Escrito por Grainne

Asesorado por Maru

Editado por Sharon


Larry organizó los papeles con cuidado en una carpeta de plástico, ordenándolas según la importancia de la información. Luego observó a Gina, esperando su confirmación para poder entregar la carpeta al jefe de la asociación.

—¿Listo para dárselo al jefe? —preguntó la chica al ver que su compañero cerraba la carpeta llena de papeles.

El chico se dirigió a la puerta de la oficina. Estaba por tocar el picaporte cuando se quedó congelado mirando a la puerta. La pelirroja lo observó preocupada, y estaba a punto de hablarle, pero él se le acercó y le agarró su mano.

—Después de entregarlo, quiero hablar contigo a solas sobre lo que dije antes —dijo con suavidad.

—Será mejor en otro momento. Vamos —respondió Gina con frialdad, soltándose del agarre del chico. Luego, agarró la carpeta y abrió la puerta.

Guillermo, al ver a Gina entrar con unos papeles, le agradeció sobre su esfuerzo a pesar de la herida. Ella solo le sonrió.

—Quién más se concentró en la investigación fue Larry. Debería agradecerle a él…

El jefe les sonrió. Antes de poder continuar, Gina se despidió con apuro para escaparse de la conversación a solas con su compañero. Larry intentó seguirla, pero Bianca le ganó cuando abrazó a su amiga con entusiasmo.

Por otro lado, Guillermo suspiró frustrado por la enorme cantidad de papeles sobre la asociación y la cantidad de dinero a pagar, suma que ya habían quitado de su cuenta bancaria. El jefe acarició su frente con cansancio, preparándose para hacer lo que debería: escribir cuentas, hacer cálculos de los gastos, etc.

Mientras tanto, Larry no logró acercarse a la pelirroja, por lo que trató de buscar a David para mantener una charla pero no lo encontró. Para su suerte, se fijó en un cartel pegado sobre la puerta de la habitación de David.

«Estoy en el campo de entrenamiento, vuelvo a las 21 hs.»

El chico no pensó en esperarlo, así que le preguntó a Guillermo por la ubicación del campo. Al principio, el jefe se negó al estar ocupado con papeles, pero después de tanta persistencia, terminó dándole la dirección en un pequeño papel para que lo buscara mediante su GPS.

Al joven español le costó caminar por las calles, ya que era muy diferente a España. Las veredas eran muy anchas y cada casa mostraba un número de altura según la dirección. Cuando finalmente llegó, se sorprendió al ver que era una especie de cancha de futbol enorme pero reforzada por fuera, y con techo arriba.

Se dirigió a las puertas corredizas y entró luego de presentar su documento de identificación en el escáner. Recorrió los largos pasillos blancos hasta llegar a donde se encontraba David.

Al subir al piso de arriba, se adentró a una puertas blancas que lo dejó frente a un vidrio grueso con un tablero debajo de este. Al observar con detenimiento, vio a David matar con ansia a varios demonios de bajo y medio nivel que salían de unas jaulas. Algo que no le sorprendió tanto, lo había visto desde muy pequeño hacer algo así…

Sin embargo, David presenció el alma humana del joven y se detuvo, cerrando la celdas de los demonios con fuerza. Luego sacudió la sangre de su vestimenta y se dirigió a la puerta. Él entró a la sala donde Larry se encontraba, dejando salir sus partes híbridas al suelo para tirarlas a la basura. El joven observó con sorpresa como un híbrido rechazaba sus partes al mantener un físico humano.

—¿Qué haces aquí? Puse un cartel en mi habitación para que nadie me moleste… —comentó David con molestia mientras apretaba unos botones del tablero. De inmediato, unos brazos metálicos salieron de las paredes y limpiaron los desperdicios que quedaron en la habitación de entrenamiento.

—Perdón, es que… me sentía aburrido de estar en esa casa. ¿Cómo consiguen esos demonios para encerrarlos en esas jaulas? —preguntó al verlo con curiosidad las jaulas.

—Guillermo atrae a los de bajo nivel con sangre humana que consigue de hospitales de poco control. Los de medio nivel, son atraídos por Bianca, que corre hasta las jaulas y sale por una puerta trasera que está sellada con candados de plomo —le explicó con pocas ganas mientras lo miraba esperando saber qué hacía aquí.

—Enserio, perdona. No sé adaptarme, además que… creo que no le agrado mucho a tu hija —contestó Larry ante la mirada de David.

—Es por malas amistades que tuvo en el pasado, deberías ser más delicado y amable con tus palabras —respondió dirigiéndose a una pequeña puerta al lado izquierdo del enorme tablero, encontrándose el baño. Allí, agarró una toalla para humedecerla en la bañera, y así limpiar su rostro sudado.

—Bueno, tal vez dije algo que no fue de su agrado.

—¿Qué le dijiste? —preguntó soltando un largo suspiro.

—Le dije que seguramente su forma híbrida es maravillosa…

David miró al chico con seriedad provocando el verdadero miedo en el chico.

—Y-Yo no quiero nada con tu hija, David. Solo se me escapó y ella pensó que eran fetiches míos y me puse muy nervioso y… y… — habló Larry entre tartamudeo y nervios. David se acercó a él lentamente, y cuando estuvo a pocos pasos, le dio una palmada soltando una carcajada. El joven suspiró con alivio soltando una risa nerviosa.

—Ay chico, ten cuidado con ella. Yo no seré el que te de una golpiza por idiota. —exclamó David entre risas.

—Eso no ayuda…

—Bueno, por imbécil podrías haberlo hecho peor. ¿Solo le dijiste eso?

Larry le explicó la situación y contexto de la conversación que había mantenido con la joven híbrido.

—Ella te dijo que no iba a aceptar, y no pienses que cuando una mujer te habla de ese tema es que ya quiere sexo contigo. Diablos, tienes veintitrés años, ¿en cuántas relaciones amorosas has estado acaso?

—Pues… mi primera novia terminó conmigo hace un año…

—Ajá, qué poca experiencia tienes —exclamó cerrando la puerta del baño para cambiarse de ropa.

—Y me lo dice alguien gay… —respondió en voz baja.

Cuando David salió limpio y con otra ropa, le respondió:

—Estás equivocado, he salido con mujeres también. No supongas cosas tan rápido…

El español se sintió con culpa ante sus palabras, y se disculpó al recordar a su fallecido padre.

—Tranquilo, solo trata de no hacer enojar a mi hija y ni se te ocurra hacerle daño. Confío en que ella sabe cuidarse sola… —dijo con ojos llenos de melancolía.

—¿No sabes nada de su madre biológica?

David negó mientras guardaba sus pistolas en un bolso negro.

—No me interesa su madre biológica, seguro no sobrevivió y con su último aliento, la colocó frente a mi puerta para morir en paz. Estoy seguro.

Larry miró el suelo con pena mientras salía del campo de entrenamiento junto a David. El hombre mayor intentó hablar temas más comunes para dejar a un lado la tristeza, y en poco tiempo, el español comenzó a sentirse cómodo hablando. No porque lo conocía desde hace tiempo, sino porque David parecía irradiar un aura paternal, dándole consejos como si fuera su verdadero hijo.

Es verdad que David podía no ser una figura ideal a seguir con su pasado como mercenario errante; no obstante, tanto el padre de Larry como Gina, hicieron que saliera su lado más humano.

♦ ♦ ♦

Al llegar a la casa, pudieron observar a través de las puertas abiertas del living como Gina, Bianca y Guillermo mantenían una charla, compartiendo algo extraño ante los ojos del español.

—¿Qué están bebiendo…? —preguntó con curiosidad tímida. Era algo que nunca había visto en su país.

—Se llama “mate”, es una bebida caliente tradicional de aquí —explicó David acercándose para pedir un poco y unirse a la conversación.

El muchacho se acercó para observar con detalle el pequeño recipiente de madera que llevaba dentro hierba húmeda y una pajilla de metal en el medio.

—El palo ese…¿se introduce en la boca para recibir un liquido dentro? —preguntó con tal curiosidad.

Los demás intentaron aguantar la risa ante la expresión ingenua del joven, pero la pelirroja le explicó con amabilidad  que se trataba de una bebida caliente típica de Argentina y Uruguay Luego, le sirvió un poco diciéndole que debía tomar de lo que ellos llamaban “bombilla”.  Al beberlo, hizo una mueca de repulsión.

Ella no pudo evitar la risa ante la expresión del extranjero mientras Bianca le ofrecía un té, para que bebiera algo caliente, ya que en Argentina era invierno.

Larry aceptó mientras colgaba su abrigo en un perchero, para luego sentarse junto al grupo de charla, aunque Gina evitaba hablar al estar concentrada cebando el mate para su padre y el jefe.

Guillermo hablaba con David, contándole cómo la política iba mal en el país a pesar de ser una asociación respaldada por el Estado. Larry escuchaba atentamente la conversación, pero al ser de España, no entendía mucho de los países latinoamericanos.

—Y sin embargo, la policía no hace nada contra esos demonios. Pero ya sabes, aquí todo es puro negocio. Me costó mucho hablar con esta gente del Estado para mantener ciertos fondos de respaldo.

—¿La información va a hacia ellos? ¿Cómo mierda lo haces, Guillermo? —preguntó David aceptando el mate de Gina.

—Les entrego las ganancias que obtengo. Recuerda que también comercializo armas tanto aquí como en otros países. Son bien vendidas en Europa, ya que las usan en la armada para defenderse de los demonios cuando oscurece.

—¡¿Qué?! —se sorprendió el joven español con sorpresa.

—Pues, sí. Tu país compra mucho. Bianca crea algunos prototipos y los deja a unos camioneros que lo llevan hacia la fábrica de Córdoba, una provincia de aquí.

—Oh, en España también hay una Córdoba. No sabía que Argentina tenía la suya —exclamó con curiosidad.

—En varios países hay una provincia con su nombre ya que ustedes, los españoles, nos conquistaron —explicó Guillermo mientras Larry asentía.

—Ahora sé porque pasaba tan temprano un camión. Encima a las seis de la mañana. Agh, es molesto —dijo cansado David.

El Sr. Fitzgerald rio dándole una palmada en la espalda, mientras que Larry los veía con extrañeza. Nunca vió tanta confianza entre Guillermo y David. Un tiempo después, el jefe se retiró para dirigirse hacia su oficina para encargarse del papeleo.

—Tranquilo, David parece confiado pero no siempre lo está —le explicó Gina mientras seguía bebiendo del mate.

—Ese tipo nos pagó hasta un maldito viaje a otro país, y confió en que usemos bien el dinero, así que supongo que estamos a mano —comentó David.

—No es mal hombre, cuando llegamos y vio mi herida, me llevó a un hospital para ver si era grave. Por suerte, ya estoy mucho mejor… —explicó la muchacha con la mirada perdida al venirle a la mente imágenes de la iglesia destrozada. Su rostro mostraba desilusión.

Su padre la observó y acarició su cabeza dulcemente sin decir una palabra. Ella solo le sonrió con poco esfuerzo mientras dejaba el mate sobre la mesita y se retiraba para ir a dormir sin cenar porque no se sentía con ánimos.

Larry iba a detenerla pero David le negó aquel acto para que la dejara a solas.

Bianca llegó con el té para el español sin entender qué pasó con Gina. Sin embargo, al ver el rostro de preocupación y seriedad del padre, prefirió no preguntar.

El joven, para cambiar de ambiente, empezó a preguntar sobre Argentina para poder entender mejor el lugar.

—Bueno, somos un país latinoamericano. Dónde hay delincuencia, corrupción política, economía desastrosa, mucha gente viviendo en barrios pobres… El día a día de nosotros —explicó Bianca.

—Me sorprende que una asociación como la de Guillermo, gane lo suficiente como para un campo de entrenamiento y viajes —comentó David.

—Oh, ya veo… Bueno, aunque yo espero que no se hagan muchos viajes… —expresó el español cansado.

♦ ♦ ♦

En el momento de ir a cenar, Guillermo anunció algo importante

.—¡Quiero que vayan en busca de más híbridos, pueden ser de utilidad para futuras investigaciones! —dijo golpeando la mesa con una mano para llamar la atención de todos en la mesa.

David no se opuso abiertamente, pero sabía que no era buena idea. Solo esperaba que la respuesta de su hija no fuera positiva, de otra forma no podría negarse.

Por otro lado, Larry parecía muy interesado y entusiasmado.

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