Traducido por Shisai
Editado por Sakuya
Chi Yan tuvo un sueño. Soñó que acababa de alcanzar la adultez. Ye Ying Zhi estaba sentado en un largo banco del jardín, sosteniéndolo sobre su regazo mientras le susurraba algo al oído.
En el jardín del templo se extendían vastos campos de flores blancas como la nieve, rosadas y púrpuras. Junto al banco crecían dos altos árboles sagrados, cubiertos de racimos de flores níveas. Una ráfaga de viento atravesó el jardín y los pétalos cayeron desde las ramas, esparciéndose sobre ellos y cubriendo el banco.
Chi Yan percibía vagamente que estaba soñando, pero aun así no pudo evitar pensar en su amante. En su corazón, murmuró en voz baja el nombre de la otra persona…
—Pequeño tonto, caíste en la trampa de un monstruo. Si no despiertas ahora, tus compañeros morirán.
Oyó la voz de su amante susurrando junto a su oído.
Chi Yan despertó sobresaltado.
Así es. Todavía estaba en el Páramo de Horton, dentro de aquellas ruinas abandonadas. Había entrado junto a otros cuatro compañeros, ¿cómo era posible que se hubiese quedado dormido de repente?
Su cuerpo estaba pesado por el sopor y sus párpados parecían imposibles de levantar. Como si estuviera atrapado en una pesadilla, Chi Yan luchó por abrir los ojos. Cuando finalmente logró ver dónde estaba, se quedó inmóvil por la sorpresa.
Se encontraba en una sala subterránea construida con enormes bloques de piedra dentro de la fortaleza abandonada. Las paredes estaban semiderruidas y sus compañeros yacían en el suelo, profundamente dormidos. Una enredadera negra, de la que emanaba un gas oscuro, se enroscaba firmemente alrededor de sus cuerpos, inmovilizándolos por completo.
Bajó la mirada hacia sí mismo. Tal como esperaba, una gruesa enredadera casi del ancho de su torso le rodeaba la cintura y descendía en espiral hasta sujetarle las piernas.
Chi Yan reconoció de inmediato el aura demoníaca. Aquella energía maligna era extraña y parecía poseer la capacidad de confundir la mente; sin duda estaba relacionada con la razón por la que todos habían caído en aquel sueño profundo.
Giró la cabeza hacia Kairuitan, que era quien estaba más cerca de él. El normalmente sereno mago de tierra tenía el ceño profundamente fruncido y el rostro deformado por el sufrimiento, como si estuviera atravesando algo terrible en sus sueños.
Freida, Leiyun y Shirley estaban más lejos y había rocas obstruyendo en el medio, por lo que Chi Yan no podía ver su estado pero no estarían mucho mejor.
Giró la cabeza para mirar hacia el otro lado. El gas negro formaba una elipse y en el centro se condensaba algo parecido a un espejo, pero en aquel momento el espejo estaba empañado, no se veía nada con claridad.
Chi Yan recordó la voz que escuchó hace un momento. ¿Ye Ying Zhi le estaba recordando que había caído en una trampa?
—Te estoy protegiendo sólo porque aún eres demasiado inmaduro, demasiado joven y todavía no has terminado de crecer…
Aquella noche, Ye Ying Zhi le había dicho exactamente eso. La otra parte conocía perfectamente la situación, pero sólo le había dado una advertencia antes de dejarle el resto a él.
Ye Ying Zhi lo estaba viendo crecer poco a poco.
Las enredaderas negras de su cuerpo parecieron percibir algo y se tensaron cada vez más; la expresión de Kairuitan, quien estaba a su lado, se volvió cada vez más dolorosa; y no hubo ninguna respuesta de sus tres compañeros de equipo que estaban a cierta distancia.
La situación no podía demorarse más y la única forma que se le ocurrió a Chi Yan para rescatar a todos, era eliminar rápida y completamente lo que los tenía atrapados.
Cerró los ojos y se concentró en sentir el familiar e inmenso poder divino. Aunque quería confiar en sí mismo la mayor parte del tiempo, ante una crisis inmediata, aún tenía que confiar en la fuerza de Ye Ying Zhi.
Su principio era el mismo que el de los favorecidos por los dioses. Poseían rastros del aliento y las bendiciones de sus respectivos dioses y podían tomar prestado el poder de ellos. Sin embargo, los rastros de su aliento divino eran limitados y el poder que podían aprovechar era también extremadamente limitado. Aun así, la gente corriente no se atrevería a ofender fácilmente a los favorecidos por los dioses.
Sin embargo, el aura del espíritu maligno en el cuerpo de Chi Yan era extremadamente fuerte. Por mucho que quisiera, podía movilizar casi todo el poder de su Dios hasta el punto de que era como si su Dios estuviera personalmente presente en la escena.
—Equivales a la mitad de mi existencia —le dijo Ye Ying Zhi una vez y no eran sólo palabras dulces para engatusarlo.
Chi Yan cerró los ojos y sintió el poder familiar envolviéndolo cálidamente, vertiéndose de forma gradual en su cuerpo, como si Ye Ying Zhi lo estuviera abrazando suavemente y convirtiéndose poco a poco en uno con él…
Abrió lentamente los ojos, su cuerpo estaba lleno del aura y la presión divina del dios maligno. Sus ojos negros estaban vagamente sombríos, emitiendo una tenue luz dorada.
La enredadera que lo aprisionaba pareció darse cuenta de que algo iba mal y comenzó a aflojarse, como si quisiera retirarse. Pero Chi Yan no pensaba darle esa oportunidad.
Cubrió las enredaderas demoníacas con su mano izquierda en el aire y lentamente vertió poder en ellas. Aunque sólo fue un instante, parecía que había pasado mucho tiempo. Se oyó un grito lastimero en la sala de piedra y, en el segundo siguiente, las enredaderas demoníacas bajo la palma de Chi Yan empezaron a romperse, desintegrarse y hacerse añicos como fichas de dominó.
Las lianas destrozadas se convirtieron en humo negro y se condensaron gradualmente en una figura humana. Justo cuando aquella figura tomó forma, empezó a quebrarse nuevamente desde el pecho hasta desmoronarse por completo y convertirse otra vez en humo negro, que cayó al suelo y fue arrastrado por el viento.
Después de confirmar que la crisis se había resuelto por completo, Chi Yan dejó escapar lentamente un suspiro de alivio. Cerró los ojos suavemente para dejar que el poder del dios maligno en su cuerpo se disipara lentamente. Se levantó y caminó hacia sus compañeros para despertándolos uno a uno.
Informó vagamente a los demás de la peligrosa situación en la que acababan de encontrarse, limitándose a decir que estaban hechizados por un monstruo. Por casualidad se libró de la confusión y despertó a tiempo. Como había visto la forma de enfrentarse a este monstruo, fue capaz de derrotarlo.
Freida estaba preocupada por si Chi Yan estaba bien y le preguntó si se había herido al enfrentarse al monstruo. Kairuitan le agradeció con su voz fuerte y lo elogió por su resistencia y rápida respuesta, golpeándole los hombros con sus grandes manos de forma amistosa. Leiyun recordó al resto que debían tener más cuidado, instando a sus compañeros a apresurarse en el camino. Shirley no parecía haber recuperado aún el sentido y de vez en cuando miraba a Chi Yan en silencio.
Tras eliminar a este monstruo, no se encontraron con ninguna amenaza importante y regresaron a la escuela para entregar la tarea.
Los cinco se despidieron, pero Leiyun no se fue. Puso una excusa para seguir a Chi Yan de vuelta al albergue.
—Chi Yan, tienes que tener cuidado y pensar en cómo tratar con los demás —le dijo de repente después de que los dos se alejaron un poco.
—¿Tener cuidado con qué? —Chi Yan miró perplejo a su compañero.
—Cuando estábamos en las ruinas subterráneas, Freida, Shirley y yo estábamos despiertos cuando tú te despertaste. Podíamos ver todo lo que ocurría fuera, pero no podíamos movernos. Todos vimos cómo te enfrentabas a las enredaderas demoníacas. Tenías el aura y la presión del dios maligno sobre ti. Si adiviné correctamente, usaste el poder del dios maligno para exterminar al monstruo.
Leiyun hizo una breve pausa antes de continuar:
—Durante todo este tiempo has estado ocultando tu habilidad, lo que no es de extrañar porque esto hace que los demás sospechen de ti y te conviertas en un factor de riesgo incierto. Freida cree en ti y quiere protegerte, por eso no dirá nada. En cuanto a mí, creo que lo que me importa es el hecho de que me has salvado la vida, así que no me preocupa qué tipo de poder has utilizado y no lo diré. Pero Shirley es una favorecida de Dios; probablemente vea este asunto de otra manera. Creo que hay muchas posibilidades de que se lo cuente al señor Hodge. Y el señor Hodge no es alguien que deje pasar este tipo de cosas.
El señor Hodge era el mentor de Shirley precisamente por su condición de favorecida de Dios.
—Así que Chi Yan, es mejor que pienses en cómo lidiar con ello de antemano. Freida y yo estamos dispuestos a apoyarte si lo necesitas; puedes intentar hablar con el señor Tulong primero. Si el viejo decano está dispuesto a respaldarte, todo será mucho más sencillo.
En realidad, gracias al tesoro mágico que protegía su cuerpo, Leiyun había despertado antes que Freida y Shirley. Por eso vio claramente la escena que apareció en el espejo creado por el aura demoníaca.
Dentro del espejo había un majestuoso palacio blanco como la nieve que jamás había visto. El enorme edificio se alzaba sobre nueve niveles de escalones de jade, imponente como si dominara a todos los dioses del mundo. Frente al palacio, una figura pasó fugazmente.
Leiyun conocía registros sobre aquella clase de monstruo, criaturas que se alimentaban del resentimiento y las obsesiones de sus presas. Comprendió enseguida que el objetivo principal del monstruo había sido Chi Yan. Entonces, aquello reflejado en el espejo debía de ser la imagen de la persona más importante para él.
En realidad, Leiyun era el quinto príncipe del Imperio Lanqin. Después de la muerte de su madre, había ocultado su identidad y entrado en la Academia Qin Shang para evitar intentos de asesinato. Había visto innumerables riquezas y honores en el mundo desde que era un niño, pero no podía recordar dónde estaba este majestuoso y magnífico palacio. No pudo evitar sentir curiosidad por el origen de Chi Yan pero como había venido aquí ocultando su identidad, podía entender su situación y no preguntaría deliberadamente sobre ello.
Mientras tanto, Shirley fue directamente a contarle todo al señor Hodge. Vagamente pensó que no era bueno exponer el secreto de su salvador, pero había estado estudiando con el señor Hodge y ya había oído hablar de los rumores. Además, el aura y la presión de Chi Yan en ese momento eran tan poderosas que pensó que era mejor decirlo y dejar que él decidiera. Si Chi Yan realmente robó el poder divino de la estatua del Dios Maligno, sería terrible y debía ser detenido lo antes posible.
Después de enterarse, el señor Hodge acudió de inmediato a ver a Tulong para informarle de la situación.
Sin mostrar demasiada sorpresa, Tulong observó al hombre que estaba frente a su escritorio y respondió con calma:
—Lo sé. Le di un arma mágica que puede tomar prestado temporalmente el poder del dios maligno para salvarle la vida.
Naturalmente, eso no era cierto. En realidad no sabía nada, aunque tampoco le sorprendía que Chi Yan fuera capaz de utilizar semejante cantidad de poder divino.
—¿Cómo es posible? —murmuró el señor Hodge, claramente incrédulo—. Según la descripción de Shirley, su capacidad para invocar el poder divino supera con creces la capacidad de los favorecidos ordinarios. ¡Ni siquiera aquellos que han servido a sus Dioses durante cientos de años podrían tomar prestado tanto poder divino!
Por supuesto. Incluso para un dios, la cantidad de poder otorgada a su pareja o a su creyente no será la misma. El compañero puede disponer de todos los poderes divinos a voluntad, mientras que el creyente sólo toma restos que el dios arroja ocasionalmente. La diferencia entre ambos era abismal.
Tulong lo sabía muy bien en el fondo de su corazón pero no sabía cómo explicárselo a su testarudo vicepresidente. Al final, sólo pudo suspirar.
—Es lo que hay. Hodge, espero que vuelvas a confiar en mí y dejes de ser duro con ese joven.
—…De acuerdo.
El señor Hodge terminó asintiendo.
Después de todo, Tulong también había sido su maestro y lo había guiado durante muchos años. Confiaba tanto en su carácter como en su juicio. Así que, aunque seguía lleno de dudas, terminó reprimiéndolas a regañadientes.
Pero no era la primera vez. Pensó para sí que el joven tenía muchos puntos sospechosos que no podía explicar, pero el viejo decano insistió en ponerlo a salvo.
—Además, Hodge, no olvides que vas a asistir a la conferencia académica en el Continente Dong Yuan a partir de la semana que viene. Haré que Du Jin se encargue temporalmente de tu clase.
Du Jin era profesor de historia teológica de segundo curso.
—Entendido, lo recordaré —respondió el señor Hodge antes de marcharse.
Aunque no le gustaba Du Jin, el cual le parecía un charlatán, realmente no había ningún otro profesor de historia teológica en la academia que tuviera tiempo para sustituirlo. Además, debía admitir que la clase de historia teológica de ese charlatán siempre había sido más popular que la suya.
Bueno, mucho más popular.
El señor Hodge maldijo amargamente para sus adentros.
Aquel bastardo construyó toda su popularidad contando en clase la historia de amor entre el dios maligno y su amante… Qué vulgar. Está rebajando el nivel académico de toda la Academia Qin Shang.
Pensando en Du Jin, poco a poco terminó olvidándose del asunto de Chi Yan.
