Ese día, desde la mañana tuve una vaga premonición desagradable.
Como de costumbre, vine a la tienda acompañada de Thomas. Habiendo traído chocolate como regalo, observé sin preocupación el trabajo de Lars y compañía. Después de un mediodía ajetreado llegó una pequeña pausa por la tarde. La tienda se abriría por la noche, por ahora, la cerraremos. Había preparativos que hacer, así que no había tiempo para perder, incluso así, les llamé para que tuvieran un descanso. Al ver esto, Thomas preparó el té a sabiendas.
Seguí leyendo “¡No quiero ser Princesa! – Extra 6: Su secreto (5)”
En opinión de Rosette, la perfección significaba no desviarse nunca de lo que la gente esperaba de ti. “Pura”, “hermosa”, “adorable”, “maravillosa” e “ideal”: el sinnúmero de cumplidos se acumulaba y la asfixiaba. Aplastaban su verdadera imagen de sí misma. Cuando se dio cuenta de lo mucho que le dolía, su cuerpo ya estaba sumergido más allá del punto de escape. No le molestaba su nombre, que tanto recordaba a las rosas, pero que la compararan con una flor le resultaba terriblemente constrictivo.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 74: El ídolo perfecto”
El Reino de Palletia había existido de la mano de los espíritus a lo largo de su historia. Según se cuenta, el Reino nació después de que el primer rey hiciera un pacto con un gran espíritu que era venerado como un dios. Ese evento se convirtió en un estandarte guía para que otros comenzarán a establecer una amistad con los espíritus. Incluso hoy en día, este logro sigue siendo considerado motivo de elogio y celebración.
Seguí leyendo “La revolución mágica de la princesa reencarnada – Capítulo 10: La princesa reencarnada aún anhela la magia (1)”
—Err, veamos, lo siguiente es…
—Todavía hay cosas que comprar…
Como resultado del trabajo desesperado de todos desde entonces, logramos reabrir la tienda con seguridad después de un mes.
Seguí leyendo “¡No quiero ser Princesa! – Extra 5: Su secreto (4)”
Violette oyó el familiar crujido de pasos.
—¿Eh? —dijo una voz sorprendida.
Violette se giró inmediatamente al oírlo. Era un error suponer que nadie más vendría aquí. Después de todo, ella misma estaba aquí; tenía sentido que alguien más se escabullera con la esperanza de evitar a otras personas. Se sorprendió mucho más cuando vio la cara del intruso, ya que era una que reconocía.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 73: Estos primeros segundos serán conocidos como “destino””
El libro mágico… ¿Dónde estará…?
¡Oh, lo encontré!
Sin perder tiempo, lo abro con impaciencia, pero mis dedos titubean mientras tiran de las páginas.
Seguí leyendo “¡Me convertiré en la villana que pasará a la historia! – Capítulo 56”
—Pronto cruzaremos la frontera hacia el reino de Crohn; calculo que será mañana o pasado mañana —murmuró Dave mientras miraba por la ventana del carruaje. Aunque ya tenía alrededor de treinta y cinco años, su apariencia no había cambiado en cinco años; más bien, aparentaba tener poco más de veinte años.
Yurina a menudo se preguntaba si usaba cosméticos especialmente formulados o si era alguna especie de elfo o dragón, criaturas que solo podían encontrarse en novelas de fantasía.
Seguí leyendo “Crié a un sirviente obsesivo – Capítulo 31: El camino hacia ti (2)”
Me dirigí al cuartel general junto con Sofía, la dejé en la cocina y sin perder el tiempo, busqué al capitán Jullius; sin embargo, él ya había partido hacia la Corte Imperial. Se marchó más temprano que de costumbre, entonces, regresaría temprano. Tomé algunos bocadillos recién hechos de la cocina para comerlos y pasar el tiempo. Sofía se jactó de su buena habilidad al prepararlos.
—¿No debería estar aquí ya? —le pregunté a Sofía y agregué—: Pon esas tartas de huevo en la cesta. Junto con el pastel de maní.
Seguí leyendo “Espada y Vestido – Vol 3 – Capítulo 2 (1): Beso de buenos días por la mañana”
Violette sabía de dos resultados que se derivaban de acaparar a alguien. El primero lo había experimentado ella misma, por supuesto: el final de un convicto. El otro era el de una mujer insensata que amaba y perseguía a un único pretendiente… reduciéndose a una mera sombra de sí misma.
Hasta su último aliento, la madre de Violette había anhelado a un hombre, y no pudo capturar su corazón ni siquiera en la muerte. Esperaba que él regresara cuando ella estuviera postrada en cama y su vida corriera peligro. Sin embargo, él no correspondió ni una pizca a sus sentimientos, y ella había muerto sola.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 72: La clave del razonamiento”
La mente de Violette era la fuente de sus cinco sentidos: su segundo corazón, el órgano situado por encima de los nervios de su cuerpo. En lo más profundo había un sentimiento suave y delicado, más preciado para ella que cualquier otro, y ahora mismo podía sentir con agudeza cómo lo hacían pedazos.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 71: Decepción”
El feliz círculo familiar de papel maché era tan sofocante como siempre. Acostumbrada como estaba Violette, seguía sintiéndose atormentada en este espacio. Lo único que había hecho era soportar su dificultad y establecer una forma de tolerarlo. Hoy era al menos un treinta por ciento más agonizante que de costumbre. Sentía un dolor aplastante en el pecho, e incluso el acto de masticar y tragar le resultaba difícil. El malestar era similar al ardor de estómago.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 70: Tienes un valor similar al dióxido de carbono”
Sorprendentemente, Violette no tenía un toque de queda oficial. Eso no significaba que tuviera mucha libertad; de hecho, se derivaba de un problema mucho mayor. Maryjun y su madrastra eran quienes decidían el toque de queda de Violette, y no ella o su padre. Si alguna de ellas estaba preocupada por Violette, su toque de queda se convertía en un gran problema; si ninguna lo estaba, ella era libre de quedarse fuera toda la noche. Puede que hablaran mal de ella por su impuntualidad, pero no se preocuparían lo más mínimo por su seguridad. Violette era amargamente consciente de que ninguno de ellos sentía verdadera preocupación por ella. Su corazón ya se había marchitado tanto que ese pensamiento no la hería.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 69: El costo de rendirse”
Violette condujo a Yulan a una relojería. Estaba cerca, así que podrían ir a recoger su encuadernación arreglada una vez terminaran aquí. Ya no tenían tiempo para un descanso, pero Yulan no estaba cansado en primer lugar. Como Violette había dado prioridad a este nuevo plan, no tenía intención de oponerse. Tampoco necesitó preguntar por qué habían venido.
—Compré mi reloj aquí. Tienen de todo, no solo relojes de muñeca. Y muchos diseños —explicó Violette.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 68: Sacrificio protector”
En contraste con el período de estudios, los exámenes solo duraban tres días, lo que significaba que pasaban en un santiamén. Era una época deprimente, con la única ventaja de que las clases terminaban antes de lo habitual. Esta sería la primera vez que Violette podría disfrutar de ello.
Yulan se estiró con un gruñido.
—¡Hombre, la libertad se siente genial!
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 67: Una vida de banderas blancas”
Yulan comprendió por completo lo que la gente quería decir cuando llamaba a los ojos “las ventanas del alma”. Observar a alguien era señal de interés, así que si ocurría más a menudo, eso demostraba que vivía en tu mente. Además, mirar a esa persona fijamente ayudaba a grabar su imagen en la memoria. Yulan sabía a ciencia cierta que el corazón de Klaude estaba concentrado en Violette, aunque no sabía si los sentimientos que lo acompañaban eran buenos o malos.
Aun así, él es fácil de leer.
Seguí leyendo “¡Juro que no volveré a acosarte! – Capítulo 66: El día en que atravesé el infierno con el corazón”