Dinero de consolación – Capítulo 115: Rajita es un seguidor de Rasco (3)

Traducido por Herijo

Editado por YukiroSaori


Cuando llegué al despacho de la señorita Cassandra, me encontré con que el rey Welka también estaba allí, disfrutando de una agradable hora del té.

Después de que nos guiaran al interior, noté el aura asesina de la señorita Cassandra en el momento en que vio al señor Rasco siendo cargado por Richard.

—¿Por qué están cargando a mi preciado esposo?

Aunque su tono sugería que podría partir a alguien por la mitad en cualquier momento, Richard permaneció impasible, con su sonrisa inalterable.

No quise ver la mirada del señor Rasco, que parecía conmovido al ser llamado su «preciado esposo».

—Hay algo que me gustaría preguntarle y, cómo el señor Rasco está involucrado, lo he traído conmigo.

—¿Involucrado?

Sonreí ante su mirada suspicaz.

—Dependiendo de su respuesta, le agradecería que me permitiera actuar como su representante.

—No tengo ni idea de lo que habla. Explíquese como es debido.

—Muy bien. Para decirlo de forma sencilla, esto concierne a la ansiedad y las heridas emocionales que le ha infligido al señor Rasco.

La señorita Cassandra pareció sobresaltada y se giró hacia el señor Rasco.

—¿Rasco está herido?

—Así es. Dependiendo de las circunstancias, puede que no tengamos más remedio que tomar medidas drásticas.

—¿Medidas drásticas?

Sostuve su mirada preocupada con una sonrisa tranquila.

—¡Por supuesto, exigirá una indemnización!

El silencio se apoderó del despacho.

Una suave brisa entraba por la ventana abierta, creando una atmósfera extrañamente pacífica.

—¿Eh? Señorita Knocker, eso no es lo que quiero.

El señor Rasco fue el primero en recuperar la compostura.

Yo seguí sonriendo.

—Déjemelo a mí. Tengo experiencia en sacarles grandes sumas de dinero como indemnización a mis antiguos prometidos.

—¡Eso no es necesario en absoluto!

Ignorando al señor Rasco, me giré de nuevo hacia la señorita Cassandra.

—Señorita Cassandra, le dijo al señor Rasco que es la segunda persona a la que más ama, ¿correcto?

Mis palabras la hicieron retroceder un paso, sorprendida.

—¿Por qué saca eso a relucir?

Quise decir: ¡Porque me han contado la historia!, pero decidí ser breve y simplemente sonreí.

—Esas palabras hirieron profundamente al señor Rasco. Usted también creyó erróneamente que el señor Rajita —quien adora al señor Rasco como a un Dios— era su persona más importante, lo que tensó su relación con él. ¿Se da cuenta de esto?

La señorita Cassandra miró apresuradamente al señor Rasco, que seguía en brazos de Richard, con un aspecto completamente lastimero.

—¡El señor Rasco está profundamente herido por su inocente pero descuidado comentario! ¡Se requiere una indemnización!

La señorita Cassandra bajó la cabeza, aparentemente conmocionada.

—Está bien. Pon el precio.

Justo cuando estaba a punto de cantar victoria, el señor Rasco murmuró:

—No quiero una indemnización.

La señorita Cassandra parecía preocupada.

—No, eso no es suficiente. Lo que quiero es saber quién es tu número uno.

El rostro del señor Rasco se enrojeció mientras gritaba. Su amor por la señorita Cassandra era innegable. Ella desvió la mirada, ocultando algo a todas luces.

—No tienes que preocuparte. Como esposo, a quien más amo es a tí.

Lágrimas asomaron a los ojos del señor Rasco ante sus dolorosas palabras.

—La señorita Cassandra me está intimidando y haciéndome llorar.

Al notar su angustia, Richard finalmente lo bajó y le dio palmaditas en la cabeza como a un niño.

La señorita Cassandra entró en pánico, pero Richard le impidió acercarse.

—Está bien, te lo diré. Pero devuélveme a Rasco.

Richard se mantuvo firme.

—Díganoslo primero.

—Puede decírselo a Rasco directamente.

—Solo estás intentando tapar el asunto.

El señor Rasco pareció desolado por las palabras de Richard.

—Entonces me vuelvo a casa de mis padres.

Antes de que pudiera huir, la señorita Cassandra —la afamada Diosa de la Guerra— lo agarró del brazo y lo atrajo hacia sí.

—No dejaré que te vayas.

Su grito desesperado resonó en la habitación.

—La única persona a la que amo como pareja eres tú, Rasco.

—Deja de mentir.

Mientras señor Rasco luchaba en sus brazos, la señorita Cassandra soltó de sopetón:

—¡Mi hermano! —Con el rostro sonrojado, continuó—: La persona más importante para mí es mi hermano, que lidera y protege este país. Para un caballero, ¿no es su señor su máxima prioridad?

—Entonces, ¿por qué mantenerlo en secreto? Si es el rey, esto no debería haber sido tan complicado.

Presionada por el señor Rasco, la señorita Cassandra hundió el rostro en su hombro.

—¿Llamar a mi hermano mi número uno no me haría sonar como si tuviera complejo de hermano?

Sus orejas ardían de vergüenza mientras se acurrucaba contra él.

Ah, la señorita Cassandra es adorable.

—Todo el mundo sabe que la señorita Cassandra tiene complejo de hermano, ¿no?

Las palabras murmuradas por el señor Rajita resonaron con fuerza en la silenciosa habitación.

Por alguna razón, el señor Rasco asintió, de acuerdo. Al parecer, el complejo de hermano de Cassandra era de conocimiento general.

Su sonrojo se intensificó ante sus reacciones, haciéndome extrañar de repente el rostro de Su Alteza.

Seguro que se dio cuenta de que ayer apagué el comunicador sin permiso. Probablemente está que echa humo, y aún así, extrañamente, quiero verlo pronto.

—Pero ahora que el señor Rasco no tiene de qué preocuparse, este asunto está zanjado.

La alegre conclusión del señor Rajita hizo que ladeara la cabeza.

—¿De qué estás hablando?

Los tres me miraron como si yo fuera la extraña, así que fruncí el ceño.

—¿Cómo podemos dar esto por terminado sin resolver el problema de fondo? Esto involucra la sucesión al trono.

Sus ojos se abrieron de par en par al darse cuenta.

—¿Comprenden que esto afecta incluso al joven Drado?

Sus expresiones se ensombrecieron.

¿Acabo de intimidarlos?

—Para resumir: la señorita Cassandra tiene complejo de hermano y no le interesa el trono, el señor Rasco es feliz mientras ella lo ame, y el señor Rajita es feliz adorando al señor Rasco. ¿Es correcto?

Su silencio colectivo me hizo preguntarme si había ido demasiado lejos.

—Mi mayor preocupación es si el joven Drado quiere ser rey.

Así como el primer ministro engañó al señor Rasco, podría estar contándole mentiras también al joven Drado.

Eso era mucho más preocupante.

Tenía que ver al joven Drado a continuación, antes de que lo mal encaminaran.

♦♦♦

Un sirviente me informó de que el joven Drado había ido a la habitación de la señorita Lanfa, acompañado de sus padres, la señorita Cassandra y el señor Rasco.

Llamé a la puerta, pero al no recibir respuesta, entré de todos modos.

Dentro, el joven Drado y el rey Welka se miraban con hostilidad, con la señorita Lanfa atrapada entre ellos. La miré en busca de una explicación.

—Estaba jugando con Drado cuando el rey nos visitó. De alguna manera, acabaron así.

La señorita Lanfa parecía preocupada.

—¡La señorita Lanfa está jugando conmigo ahora mismo! ¡Vuelve al trabajo!

—¡He venido a ver a Lanfa para relajarme después del trabajo! ¡Drado, ve a jugar con niños de tu edad!

El joven Drado abrazó a la señorita Lanfa, como si se burlara del rey.

—El rey da miedo.

¡Qué actuación tan brillante!

—Majestad, no debe intimidar a los niños.

El suave regaño de la señorita Lanfa hizo que el rey Welka retrocediera, escarmentado.

—Joven Drado, el rey trabaja incansablemente por el pueblo. Me hace feliz que encuentre consuelo pasando tiempo conmigo.

Su cálida sonrisa hizo que el joven Drado inclinara la cabeza a regañadientes.

—Lo siento.

—Yo también lo siento.

La capacidad de la señorita Lanfa para mediar en peleas de niños podría llenar un libro sobre crianza.

—Me alegro de que lo entiendan.

Tanto el rey Welka como el joven Drado estaban cautivados por su voz tranquilizadora.

Qué escena tan pacífica.

—¡Oh, Julia! ¿Qué te trae por aquí?

La señorita Lanfa finalmente se percató de nuestra presencia.

—He venido a hablar con el joven Drado.

—¿Conmigo?

Le pregunté directamente al curioso niño.

—¿Tienes algún sueño para el futuro?

Sus ojos se abrieron de par en par. Tras mirar a señorita Lanfa, se removió inquieto y susurró:

—Me convertiré en el esposo de la señorita Lanfa.

Eso es imposible, pensé, pero me contuve para no destrozar sus sueños.

—Entonces, ¿no quiere ser rey?

Echó un vistazo al rey Welka.

—A todas las personas que me gustan —mi madre, la señorita Lanfa— les gusta el rey. No es alguien a quien admire; es mi rival.

Su secreta confesión me enterneció el corazón.

—Bueno, entonces no puedo perder.

No pude resistirme a acariciarle la cabeza mientras asentía con seriedad.

Su suave cabello me hizo sonreír inconscientemente.

Sinceramente, si simplemente hablamos las cosas, no hay ningún problema, ¿verdad?

Sin la intromisión del primer ministro, esto no se habría complicado tanto.

Teníamos que encargarnos de él.

Justo cuando llegaba a esta conclusión, el joven Drado tiró de mi manga.

—¿Qué pasa?

Dudó antes de hablar.

—El primer ministro me dijo una vez que si quiero casarme con la señorita Lanfa, debo convertirme en rey. Pero sé que es mentira.

—¿Cómo?

Bajó la voz.

—Cuando le pregunté a la señorita Lanfa si se casaría conmigo si me convertía en rey, me dijo que siempre querría ser la esposa del rey, sin importar quién lo fuera.

El joven Drado sabe que la señorita Lanfa ama al rey Welka con todo su corazón. Este niño es un genio.

—Joven Drado, es guapo y perspicaz. Cualquier mujer que conozca en el futuro lo adorará. Y cuando la señorita Lanfa tenga un hijo, será un maravilloso hermano mayor.

Sus ojos brillaron ante mis palabras.

—¿Hermano mayor?

—La señorita Cassandra ama a su hermano, el rey Welka. La señorita Lanfa tiene un hermano maravilloso, el señor Yufa. Yo también tengo un hermano al que quiero mucho, tanto que no puedo dejar de presumir de él.

Le acaricié suavemente la cabeza.

—Debe esforzarse para que me sienta orgullosa. Mi hermano se está esforzando para convertirse en el próximo primer ministro de Palacio.

—¿El próximo primer ministro?

—Un primer ministro a veces debe ser más sabio que el rey. Si el rey se equivoca, ¿no debería ser corregido?

—Entonces… ¿Es más genial que el rey?

Lo abracé con fuerza.

Su expresión desconcertada era adorable.

—¡Por supuesto! Un primer ministro que puede aconsejar al rey es increíblemente genial.

—Pero el primer ministro de Welka no lo es.

Estallé en una carcajada, tan fuerte que hasta los adultos se sobresaltaron.

—¡Entonces déjeme enseñarle exactamente lo que les pasa a los primeros ministros que no son geniales!

Más tarde, oiría que los adultos presentes sintieron que habían presenciado al joven Drado haciendo un pacto con una bruja malvada.

En ese momento, sin embargo, no sentí nada por el estilo.

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