Te equivocaste de casa, villano – Capítulo 59: Diferencia entre un melodrama y un romance angustiado (4)

Traducido por Shroedinger

Editado por Tsunai


Al anularse la restricción, las cadenas de color rojo oscuro que apresaban el cuerpo de Odín se desvanecieron en el aire. Odín no perdió ni un segundo y desplegó las alas para huir.

—Recupera tu forma humana.

Pero, en cuanto Lakis dio la orden, el intento de fuga de Odín se fue al traste. El cuervo negro, que acababa de emprender el vuelo, se transformó en humano y se estampó contra el suelo.

—Ugh…

Odín gimió por el dolor que le recorría todo el cuerpo. Abrió la boca para maldecir al hombre que tenía delante, pero, al igual que antes, no salió ni un solo sonido de su garganta obstruida.

¡Joder! ¿Pero qué cojones es esto? ¿Por qué no puedo…!

La confusión empezó a nublar la mirada de Odín. Le aterraba que una sola palabra de Lakis bastara para obligarle a recuperar su forma humana en contra de su voluntad. Una expresión de absoluta desconfianza se dibujó en su rostro.

Al verlo, Lakis tarareó una melodía y ladeó la cabeza, como si estuviera contemplando algo de lo más interesante.

—Parece que tienes mucho que decir, así que soy todo oídos.

En cuanto Lakis le dio permiso, Odín sintió de repente que el aire volvía a circular por su garganta. Tragó saliva y clavó la vista en el hombre.

—Joder… ¡Vete a la mierda!

En ese preciso instante, Lakis entrecerró los ojos. Sin embargo, aunque su mirada parecía risueña, era gélida como el hielo.

—Arrodíllate. —¡Ugh…!

Una vez más, Odín se vio obligado a hincar las rodillas en el suelo.

—Eres un desagradecido, señor Cuervo. Entraste en mi casa sin invitación y, pese a todo, te he perdonado la vida; y aun así, no sabes lo que es la gratitud.

—¡¿Cómo cojones va a ser esa tu casa…?! ¡Tú… serás malnacido! ¡¿No me digas que te has cargado a Arachne?!

—Tú cállate y punto.

—¡Mph!

Odín fulminó a Lakis con la mirada.

Tras completar el encargo que le había dado Arachne, Odín solo quería informarla lo antes posible, así que se presentó en su casa. Las noticias sobre Siren también eran bastante urgentes; por eso, rompiendo su empeño de no entrometerse en la vida privada de Arachne más de la cuenta, había decidido ir a buscarla aquel día.

¡Y entonces me encuentro a Lakis Avalon, ese malnacido…! ¡Estaba allí mismo, en casa de Yuri!.

La sola idea de que aquel sádico cruel pudiera haberle hecho daño a Arachne de alguna forma hacía que Odín se consumiera por dentro.

—Todas esas gilipolleces que balbuceas me revientan los oídos. ¿Por qué iba yo a matar a Arachne? —soltó Lakis con sequedad, como si estuviera oyendo la mayor estupidez del mundo—. Al fin y al cabo, es mi querida compañera de piso.

Ante aquellas palabras, a Odín se le desencajaron los ojos.

—¡Mph! ¡Mmm-mph!

Odín pataleaba intentando gritar que aquello era imposible.

—Escucha, cuervo.

Lakis se agachó lentamente hasta quedar a la altura de un Odín arrodillado, haciendo oídos sordos a sus aspavientos.

—¿Tú siempre eres así?

Una voz baja, cargada de una amenaza latente, se le clavó en los oídos a Odín. La mirada de Lakis desprendía un brillo gélido mientras lo observaba de hito en hito.

¿Qué… qué quiere decir?

Odín no entendía a qué venía aquella pregunta y sus ojos vacilaron en silencio. Al verlo, Lakis volvió a abrir la boca sin dejar de mirarlo.

—Eso de convertirte en cuervo y entrar en las casas como te da la gana, sin permiso… ¿Sueles hacerlo a menudo?

Lakis ladeó levemente la cabeza. En ese momento, un sudor frío le recorrió la espalda a Odín. No sabía muy bien por qué, pero su instinto le gritaba que debía responder correctamente a esa pregunta.

—Responde.

Una vez más, la restricción sobre su voz desapareció.

—Eh… esto… —Odín tartamudeó. No alcanzaba a comprender por qué demonios tenía que darle explicaciones a Lakis, pero se vio forzado a hablar por la energía invisible que emanaba de él—. Yo… yo nunca hago eso… Es que esta vez era urgente, por eso…

Lakis lo observó en silencio, como si tratara de discernir si decía la verdad o no. Entonces, volvió a hablar:

—Échate. —¡No he mentido! ¿Por qué…? —Hablas demasiado para ser un cuervo —la voz de Lakis sonó despiadada desde arriba—. Cierra el pico y rueda.

Odín rodó por el suelo.

—Levántate. Siéntate. Y rueda otra vez.

En un abrir y cerrar de ojos, Odín acabó cubierto de polvo. Obedecía las órdenes de Lakis mientras temblaba de pura humillación.

¡M… maldita sea! ¿Me ha tomado por un perro como Leo? ¿Qué clase de entrenamiento de mierda es este…?

Sin embargo, aquello no era más que el principio. Lakis obligó a Odín a arrodillarse de nuevo frente a él y comenzó el interrogatorio.

—Nombre. —Mi nombre de sujeto es Odín; el real, Asuka Ferrante.

Bajo el influjo de la orden de Lakis, su boca se movía por voluntad propia.

—¿Vienes del laboratorio de Carnot? —Sí. —Cambia el tono. —Sí, así es.

—¿Cuántos años llevas en el negocio de la información? —Tres años… desde que logré huir del laboratorio. —¿Fue allí donde conociste a Arachne? —Sí.

Aparte de esto, Lakis interrogó a Odín sobre otros temas más personales.

—Dime qué le gusta a Arachne. —La normalidad. El dinero. Todo lo que le recuerde a su vida antes de los experimentos.

Lakis grabó cada detalle en su memoria.

—¿Qué tipo de regalos prefiere?

—Nada en concreto.

—¿Y su comida favorita?

—Le gusta de todo.

—Tendrá que haber algo que le guste por encima del resto.

  —Come para cubrir sus necesidades básicas, como una persona normal. No creo que tenga ninguna preferencia especial.

Menudo inútil estás hecho. ¿Y tú dices que eres cercano a ella?

Lakis le lanzó una mirada de absoluto desprecio. Odín bramaba por dentro, impotente y lleno de rabia ante tal humillación.

—Bueno, menos da una piedra.

Lakis curvó los labios con una sonrisa inquietante.

—Yo también llevo mucho tiempo en esto y, como eres un mutante y pareces tener aguante, no creo que te quiebres así como así.

Su mano se acercó lentamente, proyectando una sombra alargada sobre el rostro de Odín.

—No me falles, Cuervo.

Al instante, Odín sintió cómo esa sombra se filtraba en su mente y perdió el conocimiento por completo.

♦ ♦ ♦

Cuando Lakis terminó sus asuntos con Odín, emprendió el camino de vuelta a casa. Al llegar a su destino, estaba a punto de rodear el edificio por la parte de atrás cuando, de pronto, se detuvo.

¿Qué pasa ahora? ¿Es la casera? ¿U otro despojo que viene a molestar?

Estaba seguro de haber dejado la ventana cerrada al salir, pero ahora estaba entreabierta. No detectaba ninguna presencia dentro, así que Lakis se deslizó en la vivienda, silencioso como una sombra.

Al poco rato, encontró a algo que campaba a sus anchas por la casa. Lakis lo atrapó al vuelo en un instante.

—¡Pío!

El pájaro, sujeto por el pescuezo, soltó un chillido agudo.

¿El cuervo de Odín? No. La sensación era distinta a la de la última vez.

No era solo que el pájaro no fuera un cuervo; es que había algo en él que resultaba fundamentalmente distinto.

—¿Quién eres tú?

Los ojos de Lakis brillaron con un frío gélido. En ese mismo instante, sintió cómo la conexión con el ave que tenía en la mano se interrumpía bruscamente.

—¡Pío, pío!

Al volver a ser una criatura corriente, el pájaro se tambaleó y empezó a agitar las alas desesperadamente. El agarre despiadado de Lakis se cerró aún más en torno al pescuezo del animal. Ya no estaba bajo el control de nadie, volvía a ser un pájaro normal, pero no podía arriesgarse: cualquier cosa era posible y no pensaba permitir que saliera de allí con vida.

¿Me estaba buscando a mí, o…?

Con un crujido seco, le partió el cuello de golpe. Sus afilados ojos azules observaron el cuerpo inerte del ave que colgaba de su mano.

 ¿O buscaba a Arachne…?

♦ ♦ ♦

—¡Ah!

Siren se incorporó de un salto, sobresaltada.

—¿P… pero qué hace ese tío en casa de Arachne…?

Un grito de asombro escapó de sus labios. La persona que había enviado al pájaro a casa de Yuri no era otra que Siren. Llevaba un tiempo recuperándose de las secuelas de su captura en la subasta del mercado negro, pero acabó aburriéndose y decidió que necesitaba airearse un poco.

Siren se estaba quedando en el escondite donde vivía el perro guardián, Leo. Como era de esperar, no tenía la más mínima intención de llevarse bien con el chucho. Así que, mientras pasaba olímpicamente de lo que Leo hiciera por su cuenta, ella se limitaba a remendarse las alas cuando estaba despierta y a pasarse el resto del tiempo durmiendo para recuperarse.

Sin embargo, reparar sus alas tenía un límite y Siren, básicamente, se moría de asco sin nada que hacer. Como resultado, sus viejas costumbres volvieron a aflorar. En otras palabras: empezó a preguntarse qué sería de Arachne.

Así que, a escondidas, fue al lugar de trabajo de Arachne (que ya había localizado previamente) y, mientras ella estaba allí, envió un pájaro a su casa. Simplemente se moría de curiosidad por saber cómo vivía.

—¡Madre mía, esto es de locos! ¡De locos!

¿¡Cómo podía estar Lakis Avalon en ese lugar…!?

 

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