Traducido por Shisai
Editado por Shiro
Todo ocurrió en un instante. El arma negra descendió desde lo alto, mientras la sombrilla rosa atacaba desde abajo. Tang Mo apoyó una mano en el suelo y lanzó su sombrilla directo a la garganta del enemigo. El anciano no esperaba que ambos atacaran de improviso. En un rápido movimiento, sacó un trozo de madera podrida para bloquear la sombrilla y enfrentarse a Fu Wenduo.
Tang Mo retrocedió dos cuando la madera podrida chocó con el arma triangular de Fu Wenduo. Aunque el anciano era delgado y de apariencia frágil, ocultaba una fuerza sorprendente. Fu Wenduo se vio obligado a dar medio paso atrás, mientras que el viejo permaneció inmóvil. Al notar un corte superficial en su propia mano, el anciano dejó escapar una exclamación de sorpresa. Miró la mano derecha de Fu Wenduo con avidez y dijo:
—Oye, córtate la mano y dámela, y te daré este cuenco de comida.
Ni Fu Wenduo ni Tang Mo respondieron; ambos atacaron de nuevo al unísono. En el espacioso jardín resonaron los estruendos de un combate feroz.
Zhao Xiaofei pronto se unió pronto a la batalla. Sacó de su bolsillo una pequeña caja púrpura y la apuntó al anciano, disparando ráfagas de agujas violetas. El anciano esquivó los proyectiles con facilidad mientras contenía los embates de Tang Mo y Fu Wenduo, pero poco a poco empezó a quedar en desventaja.
Al verse superado, giró y emprendió la huida. Tang Mo alzó la mano derecha y decenas de agujas de acero plateado aparecieron al instante, volando hacia él. El anciano soltó una maldición y maniobró para esquivarlas; las agujas se clavaron profundamente en la tierra. Forzado a desviarse hacia la izquierda, se encontró con el ataque directo de Fu Wenduo, quien cerraba ese flanco sin darle oportunidad de escape.
El anciano rugió de rabia y rompió el trozo de madera podrida que sostenía. De inmediato, se liberó un hedor todavía más espantoso que el de la comida para gato. Aquel olor superaba cualquier límite imaginable; la garganta de Tang Mo se contrajo en un violento amago de vómito e incluso Fu Wenduo se detuvo un instante, aturdido.
Aprovechando la confusión, el anciano aferró el cuenco de comida y echó a correr.
—¡Bah! ¡Humanos desvergonzados!
Tang Mo, con el rostro enrojecido, se cubrió la boca con una mano mientras clavaba la mirada en el viejo. Alzó la otra y disparó una nueva ráfaga de agujas, mientras Fu Wenduo preparaba una cuerda fina para capturarlo. Ambos forzaron sus cuerpos a resistir el hedor insoportable y se lanzaron en su persecución.
Fu Wenduo logró atravesar el muslo del anciano, quien se tambaleó herido hacia la puerta. Tang Mo arrojó la pequeña sombrilla contra él y extrajo el fósforo gigante. Al rozar el suelo, la cerilla soltó una estela de chispas. Estaba a punto de prender fuego a la ropa del viejo cuando una figura roja apareció a espaldas del enemigo. Se escuchó el sonido seco de un arma atravesando carne y sangre. Tang Mo se detuvo apenas un segundo… y luego agitó el fósforo para incendiar el cuerpo del anciano.
El hombre abrió la boca y miró con incredulidad a los tres humanos que tenía delante.
Tang Mo guardó su pequeña sombrilla mientras Fu Wenduo permanecía inmóvil. Ambos se giraron y vieron a un hombre alto y elegante, de cabello rubio, que se ajustaba con suavidad el sombrero. Grecia sonrió y retiró su bastón del pecho del anciano.
—Este olor es realmente inolvidable, milady. No debería existir en este mundo —comentó con tono de queja.
Se desconocía de qué material estaba hecho el bastón de Grecia, pero tras atravesar el cuerpo del anciano, este dejó de respirar al instante. Las llamas no tardaron en envolverlo y Li Miaomiao se apresuró a recoger el cuenco de comida. El fuego se extinguió poco a poco, dejando solo cenizas negras.
Tang Mo observó pensativo el bastón corto en la mano de Grecia y luego las cenizas en el suelo.
—¿De verdad hay un gato que quiera comer algo tan maloliente? —preguntó Li Miaomiao.
Tang Mo se volvió para mirarla. Zhao Xiaofei, por su parte, se cubrió la nariz al ver aquella sustancia que parecía excremento.
—Huele fatal. ¿Y si el viejo nos engañó? ¿De verdad esto es comida para gatos?
Grecia explicó con infinita paciencia:
—Puede que él mienta, pero la Torre Negra nunca lo hace. Al derrotar al habitante subterráneo que custodiaba el alimento, obtuvimos un cuenco de comida para gato. Una deliciosa comida para gato.
—Si de verdad crees que es deliciosa, cómetela tú —comentó Tang Mo con ligereza.
Grecia cerró la boca de inmediato; evidentemente, no tenía la menor intención de probarla.
Li Miaomiao, habituada a olores desagradables por su profesión de cirujana, mostró una mayor tolerancia. Tomó el cuenco y avanzó con cautela hacia el interior del Castillo de Acero de Schrödinger. Los demás la siguieron, entrando uno tras otro, hasta que el mayordomo de mediana edad cerró la puerta tras ellos. Guiados por ella, los cinco comenzaron a recorrer el castillo.
—Miau, miau… ¿hora de comer? —llamó Li Miaomiao mientras alzaba el cuenco—. ¿Miau, miau? Aquí está tu comida favorita. ¡Miau!
Llevaron el alimento de la planta baja a la primera, antes de volver a bajar. Sin embargo, cada gato negro que encontraban se daba la vuelta y huía al instante. Incluso corrían más rápido que antes, como si evitaran a toda costa acercarse a aquel cuenco. Al final, Li Miaomiao se rindió.
—Como era de esperar, ¿qué gato normal comería algo así? Ni siquiera los perros comen esto; ¿cómo van a hacerlo los gatos?
Zhao Xiaofei frunció el ceño y preguntó:
—¿Y ahora qué hacemos? La Torre Negra dijo que el gato de Schrödinger comería esto. Si no sale a comer, ¿cómo se supone que lo encontremos?
La situación volvió a quedar estancada. De pronto, una voz masculina y rígida sonó a espaldas de Li Miaomiao:
—Estimados invitados, este objeto tan maloliente no puede permanecer en el castillo. Si no piensan usarlo, puedo deshacerme de él.
Li Miaomiao se quedó atónita.
—Esto es comida para gato y se supone que el gato de Schrödinger debe comerla —respondió—. ¿Y aun así no puede quedarse en el castillo?
El mayordomo no respondió. Mantuvo la cabeza gacha y se limitó a repetir:
—Invitados, este objeto tan maloliente…
Por más que intentaron hablarle, el hombre parecía no oírlos; se limitaba a repetir la misma frase una y otra vez. Sin importar a dónde fuera Li Miaomiao, él la seguía para recordárselo sin cesar. Al final, Fu Wenduo dio la orden:
—Entrégaselo.
Li Miaomiao se sobresaltó.
—Pero si esta es la comida que tanto nos costó conseguir.
Fu Wenduo le explicó con calma:
—Cada tres horas aparecerá un cuenco nuevo; este no nos sirve de nada si no podemos usarlo ahora. Podemos dárselo. Él mismo ha dicho que sabe cómo deshacerse de ello.
—Pero… —intervino Zhao Xiaofei, dudosa.
Li Miaomiao recordó las palabras de Ruan Wangshu antes de partir y asintió:
—Está bien. Tampoco quiero seguir cargando con esta cosa. —Colocó rápidamente el cuenco en las manos del mayordomo.
El hombre actuó como si no percibiera el hedor y se dirigió directamente a la cocina. Fu Wenduo lanzó una mirada a Tang Mo y ambos lo siguieron. Li Miaomiao comprendió al instante su intención.
—¿Eh? ¿Quieren seguir al mayordomo para encontrar al gato de Schrödinger?
El mayordomo entró despacio en la cocina, guardó el cuenco en un armario, cerró con llave y se marchó. Los cinco jugadores se quedaron esperando allí, pero el olor era insoportable y los gatos negros se negaban a entrar. Tras aguardar media hora sin resultados, no tuvieron más remedio que rendirse y retomar la búsqueda.
Esta vez intercambiaron zonas: Tang Mo y Li Miaomiao registraron la planta baja, mientras que el trío de Fu Wenduo se encargó del primer piso.
Li Miaomiao atrapaba a los gatitos, los examinaba y les marcaba las patas. Ambos recorrieron rápidamente diez habitaciones sin éxito. Tal como Tang Mo había previsto, la eficiencia de la búsqueda había disminuido drásticamente: el 80 % de los ejemplares que capturaban ya estaban marcados.
Hora y media más tarde, solo habían localizado veinte gatos nuevos. La doctora soltó a un gato negro sucio antes de dejarse caer en el suelo, abrumada. Tenía la mente hecha un lío.
—¿De verdad la instancia quiere que busquemos así? Ya deberíamos haber encontrado más de doscientos gatos y aún quedan más de cien. Si el gato no está aquí, ¿no habrá sido todo este esfuerzo en vano?
—Tiene que estar aquí —afirmó Tang Mo.
Li Miaomiao se giró para mirarlo.
Los gatos negros restantes eran astutos y huían antes de que pudieran acercarse, pero Tang Mo fingió ignorar a un gatito escondido trás un florero. En cuanto el animal bajó la guardia, extendió la mano y lo atrapó de un movimiento.
—¡Miau!
El gato chilló furioso, arañando y mordiendo la mano de Tang Mo. Sin embargo, sus pequeñas garras y colmillos no lograron marcar su piel endurecida. Él lo examinó, lo dejó de nuevo en el suelo y se dirigió a su compañera:
—Cualquier juego planteado por la Torre Negra puede completarse. Si el gato no estuviera en este castillo, sería imposible superar la instancia. Por lo tanto, el gato de Schrödinger debe de estar en algún lugar de este edificio.
Li Miaomiao apretó los dientes, convencida por su lógica.
—Así que tenemos que seguir. No queda más opción que usar el método de exclusión y revisar a cada uno —concluyó.
Ambos continuaron la búsqueda en silencio hasta que ella se quejó de pronto:
—¿Qué tipo de juego es este? ¿Cómo puede existir un gato al que le guste esa «comida»? —se quejó Li Miaomiao—. Antes de que la Tierra se pusiese en línea, yo tuve un gato. No era de ninguna raza valiosa, pero ni siquiera comía pescado, y mucho menos… eso. Era extremadamente quisquilloso. Puede que haya gatos en el mundo que no coman pescado, pero no existe ninguno que adore comer excrementos. —Hizo una pausa—. ¿Será que el gato de Schrödinger es tan distinto? ¿Es tan diferente de los gatos normales?
Los pasos de Tang Mo se detuvieron de golpe. Li Miaomiao avanzó un par de metros más antes de girarse con extrañeza.
—¿Tang Mo?
Él entrecerró los ojos, analizando la situación. Tras un momento de silencio, murmuró:
—El gato es diferente… Quizá el gato de Schrödinger no sea un gato.
—¿Eh?
Tang Mo preguntó con seriedad:
—¿Conoces la teoría de Schrödinger?
—Claro que sí, estudié ciencias. El gato de Schrödinger es un experimento teórico: se coloca a un gato en una caja con material radiactivo; hay un 50 % de probabilidad de que este se desintegre y el animal muera, y un 50 % de que no ocurra nada y siga vivo. Antes de abrir la caja, nadie sabe su estado; el gato se encuentra en una superposición de vida y muerte simultáneas. —Hizo una pausa, pensativa—. ¿Pero qué tiene eso que ver con este juego?
—¿Es obligatorio que el gato de Schrödinger sea un animal?
—¿Cómo no va a serlo?
Tang Mo frunció el ceño, pero poco a poco las comisuras de sus labios se curvaron en una ligera sonrisa. Recitó en voz baja las tres reglas de la Torre Negra y, antes de que Li Miaomiao pudiera interrumpir, explicó:
—Antes de encontrarlo y completar el juego, nadie sabe si el gato es realmente un gato… o si es otra cosa. Puede ser un animal común o no serlo en absoluto. Tu nombre es Li Miaomiao.
Ella percibió vagamente a qué se refería, pero aún no lo comprendía del todo.
—¿Mi nombre es Li Miaomiao? ¿Y eso qué tiene que ver con el juego?
—Sí, tú nombre es Li Miao… —En ese momento, un gato se lanzó de repente contra Tang Mo, obligándolo a detenerse. Él examinó al pequeño animal negro que había saltado a sus brazos y, al ver las marcas en las patas traseras, lo soltó. Alzó la mirada y continuó—: Tu nombre es Li Miaomiao, así que tú no puedes ser el gato. Pero ¿y si el nombre de alguien fuera «Gato»?
Los ojos de la doctora se abrieron de par en par.
—¿Quieres decir que cualquier cosa puede ser el gato? ¿Que el gato de Schrödinger no tiene por qué ser un gato real? Las tres reglas de la Torre Negra: solo tiene un gato, es poco sociable, le gusta la limpieza y le encanta comer esa comida… ¿Eh? ¿De verdad puede interpretarse así?
Una hora más tarde, el reloj de péndulo situado en el centro del vestíbulo del castillo sonó con puntualidad. Los cinco jugadores se reunieron en la planta baja, intercambiaron información y contabilizaron los gatos negros que cada uno había revisado. Tras confirmar que nadie había localizado al gato de Schrödinger, salieron al jardín para aguardar la aparición de la comida.
Tang Mo y Fu Wenduo caminaban al final del grupo.
—¿Y bien? —preguntó el primero en voz baja.
El polizón entornó los ojos y lo miró fijamente.
—No hay nada extraño. Parece un bastón corto corriente, pero su calidad no debería ser inferior a la de tu fósforo gigante.
Para ser capaz de matar instantáneamente a una persona clandestina, la categoría de aquel objeto debía ser muy alta. Tang Mo reflexionó un momento antes de preguntar:
—¿Y el cuenco?
—Sigue en el armario —respondió Fu Wenduo—; y el armario tiene cerradura.
Al oír esto, Tang Mo se detuvo en seco y alzó la vista, sorprendido, para encontrarse con la mirada oscura de su compañero. Ambos se observaron en silencio; Tang Mo comprendió de inmediato lo que aquel detalle implicaba. Varias ideas se agolparon en su mente, pero no tuvo tiempo de articularlas: a lo lejos, resonó una canción familiar y desagradable.
—Oh, ¿hoy toca comer polizones?
»El corazón de un polizón es especialmente sabroso.
»El hígado de polizón, frito, no resulta nada grasiento.
»Los muslos de polizón son firmes y elásticos.
»¡Ah! Mi querido señor Schrödinger, ¿ha comido polizones hoy?
Li Miaomiao se sobresaltó al oír la letra. Apretó su arma con fuerza mientras veía una silueta oscura aproximarse lentamente. Se trataba de un anciano bajo y delgado, cubierto de suciedad y vestido con harapos grises. Tenía el rostro oculto tras una capa de ceniza, como si no se hubiera bañado en días. Al llegar al centro del jardín, se sentó y extrajo un cuenco lleno de aquella sustancia repugnante.
Al instante siguiente, el hedor familiar inundó el lugar. Esta vez, los jugadores estaban preparados.
El anciano, al ver la calma del grupo, escupió con desagrado. Luego olfateó el aire y detectó un aroma que le resultó exquisito.
—Oh, ¿qué es este olor que percibo? Polizones… dos polizones. Deliciosa comida, la más famosa del Reino Subterráneo. ¿Quieren comprarla? Un polizón por un cuenco. ¡Es un trato realmente rentable!
Zhao Xiaofei dudó mientras lanzaba una mirada aparentemente casual a los demás. Para haber entrado en este juego, ella había tenido que superar al menos el primer piso de la Torre Negra; no era ninguna tonta. Por lo que había observado, ni Tang Mo ni Fu Wenduo parecían polizones. Los más sospechosos eran Li Miaomiao y el inexplicable Grecia.
Se inclinaba por entregar a este último a cambio de la comida. Aquel hombre era demasiado peculiar y parecía ocultar demasiados secretos; tener a alguien así en el equipo era como cargar con una bomba.
Sin embargo, no podían permitirse hacerlo aún.
Zhao Xiaofei sostuvo la caja morada, lista para atacar, pero se detuvo cuando Li Miaomiao preguntó de improviso:
—¿De verdad al gato de Schrödinger le gusta esa comida?
Fue como si la pregunta lo hubiera golpeado de lleno: dio un respingo de inmediato.
—¡¿Qué saben ustedes, humanos desvergonzados?! ¡El gato de Schrödinger solo come mi comida! ¡Le encanta!
—Sin embargo, el gato no tocó el último cuenco que trajiste —replicó Li Miaomiao con calma.
—¡Imposible! —gritó la persona subterránea.
Al ver su reacción, Li Miaomiao comprendió que no mentía. Al gato de Schrödinger realmente le gustaba aquella sustancia apestosa. En ese caso…
—El gato de Schrödinger debe de estar en esta fortaleza. Es poco sociable, muy limpio y le gusta esta comida; pero no la tocó. Solo hay una posibilidad.
La mirada de Li Miaomiao recorrió a los presentes antes de detenerse en una sola persona.
—¿Quién dijo que el gato de Schrödinger tenía que ser, necesariamente, un gato? No se comió aquel cuenco porque no tuvo oportunidad: estuvo con nosotros todo el tiempo… ¿Verdad, señor Grecia?
Bajo la intensa luz del sol, el hombre vestido de rojo mantenía la cabeza baja mientras jugueteaba con el gato negro que sostenía en brazos. Grecia alzó la vista, sorprendido, como si no pudiera creer lo que oía. Parpadeó ante la expresión convencida de la mujer y soltó una carcajada.
—¿Yo? ¿El gato de Schrödinger? Milady, ¿de verdad cree que yo soy el gato? —preguntó con diversión—. Querida dama, ¿puedo saber cómo ha llegado a esa conclusión? ¿Por qué yo y no alguno de ellos? —Señaló a Tang Mo, Fu Wenduo y Zhao Xiaofei.
Li Miaomiao no podía confesar que conocía a los dos primeros y que sabía que eran humanos. En cuanto a la posibilidad de que lo fuera Zhao Xiaofei… su expresión no flaqueó.
—Es la intuición femenina.
—¿Entonces, a sus ojos, me parezco a un gato? —Grecia arqueó las cejas y asintió con la cabeza. De pronto, pareció darse cuenta de algo; tomó las patas del gatito que cargaba e imitó el gesto de un gato de la fortuna. Rascó suavemente el aire y emitió un sonido—: ¿Así~?
—… ¿Miau~?
El ambiente se congeló por un instante. Aquella reacción no fue validada por la Torre Negra, y Li Miaomiao empezó a considerar que, tal vez, se había equivocado.
—¿Cómo es posible? El hecho de comer esa sustancia demuestra que debe de ser un ser vivo. En este castillo, aparte de nosotros, solo hay cientos de gatos; pero ninguno de ellos es el gato de Schrödinger, por eso no tocan la comida. Además, los gatos normales no comerían esto Entonces, solo quedamos nosotros…
Li Miaomiao se volvió para mirar a Zhao Xiaofei. A esta última se le enrojecieron los ojos.
—Estás loca. ¿Cómo voy a ser yo el gato? ¡Soy humana!
Una risa áspera y desagradable resonó en el aire.
—¡Ja, ja, ja! Miren lo que acabo de oír. ¿De verdad han dicho que él es el gato de Schrödinger? ¿Cómo podría el auténtico gato ser así? Es el chiste más gracioso del Reino Subterráneo en todo el año. Si se lo vendo al tabloide de chismes de Peter Pan, seguro que consigo una Moneda de Oro del Rey. El nombre que se me ocurrió es Extraño…
El anciano se calló de repente y parpadeó.
—No lo diré. Tengo que seguir las reglas de la Torre Negra. Entonces… ¿quieren comprar ahora mi comida?
