Sentido Común de una Casa Guerrera – Capítulo 89: Mi reunión

Traducido por Lugiia

Editado por Sakuya


Las lecciones del curso de damas parecían ser un repaso de lo que había aprendido de la señora Aurelia.

Lo mismo ocurría con los estudios fundamentales de las clases mixtas.

Gracias a sus enseñanzas, no tenía muchos obstáculos en mis clases, así que podía tomarme las cosas con calma.

Aunque todavía no había profundizado relaciones con mis compañeros, lo que sí puedo decir es que, en cuanto a estudios, tengo un comienzo bastante prometedor.

—Um…, usted es la señorita Mellice, ¿verdad?

Mientras estoy en la sala de estar de los dormitorios, tomando tranquilamente una taza de té, alguien me llama de repente. Noto cierta familiaridad en su voz, así que, cuando levanto mi mirada, me encuentro con la señorita Sharia.

Sharia Lulu Telrose. En el momento en que se produjo el caso de secuestro a jóvenes en la capital, ella fue una de las chicas que logré rescatar.

—Sí…, así es. Usted debe ser la señorita Sharia.

—Es un honor que me recuerde… ¿Podría acompañarla hasta la próxima clase?

—Por supuesto.

Al oír mi respuesta, se sienta en la silla frente a mí.

Soy consciente que la señorita Sharia, quien está en la misma clase mixta que yo, ha intentado hablarme varias veces.

Normalmente hablando, en la alta sociedad es imposible que alguien de menor clase llame a alguien de mayor estatus durante su primer encuentro, pero en la Academia, no existen tales limitaciones.

Si eso no fuera así, uno de los objetivos de la Academia, de profundizar las relaciones entre los estudiantes, no podría darse.

En cualquier caso, si ella tenía algo que hablar conmigo, entonces lo haría eventualmente, así que, aunque noté sus intenciones durante las clases, la dejé ser.

Si llegaba a acercarme descuidadamente a ella, quien sabía acerca de “Mel”, entonces podría ser yo la que pasara por un mal momento…

—Señorita Mellice, por favor, perdóneme por ser incapaz de transmitir mi gratitud hasta ahora.

—¿Gratitud?

—Sí… En realidad, anteriormente, fui salvada por su escolta. ¿Recuerda el caso de secuestro de mujeres que ocurrió en la capital hace unos años? La verdad es que yo era una de las personas secuestradas en ese momento…

En ese tiempo, aunque el caso se anunció oficialmente a gran escala, los nombres de las víctimas no se revelaron al público.

Se tuvo en consideración las miradas inquisitivas a las que podrían enfrentarse las víctimas. Por esa misma razón, a las chicas se les dijo que no revelaran ese hecho, pero…

Solo puedo encontrar dos razones para que ella le haya dicho eso tan inesperadamente a una persona que no es “Mel”: o sospecha que Mel y yo somos la misma persona, o solo es una persona muy audaz… A simple vista, me es difícil saber cuáles son sus intenciones.

—En efecto, soy consciente del caso de secuestros… Me enteré de ese hecho por Mel. Me alegra que usted esté a salvo.

—¿Eh? S-Sí…, lo estoy. Todo gracias a usted y a la señorita Mel. Muchas gracias.

—No, Mel simplemente estaba cumpliendo con sus deberes oficiales… Sin embargo, estoy segura de que el mayor honor para ella es recibir la gratitud de aquellos que salvó en el proceso.

—La señorita Mellice es… —comienza a decir ella, pero al final, cierra la boca.

—¿Hay algún problema?

—No. Ya que finalmente pude conocerla después de tanto tiempo, por supuesto que me encantaría profundizar mi relación con usted en el futuro, pero…

—Por supuesto, yo también me siento de la misma manera. Por favor, cuide de mí en el futuro también.

Acepto su petición sin dudar.

Durante la conversación en estos momentos, sentí que de verdad quería ser mi amiga.

Aunque…, honestamente hablando, desde el principio tuve una impresión muy favorable suya.

Sin importar cuál fuera su motivo inicial, mi impresión de ella era tan alta que inmediatamente quise comunicarle mi deseo de ser amigas.

De verdad, gracias. Porque nos protegiste, estoy… estamos todas a salvo. No puedo agradecerte lo suficiente.

¿Cómo podría aborrecer el barro en el que estás cubierta por nuestro bien? Estoy verdaderamente agradecida.

Todavía sigo atesorando las palabras que me dijo durante ese incidente.

Gracias a eso, aprendí lo bien que se siente que alguien reconozca el camino por el que estás avanzando. Como tal, tuve una sensación de alivio ya que pude librarme del miedo que sentía al haber perdido el camino de la espada.

Más bien, durante ese caso…, ella fue la que me salvó, no viceversa.

—Por favor, cuide de mí en el futuro, señorita Sharia.

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