—¿Debería encender un fuego con… magia?
—No hay necesidad. No desperdicies tu maná.
Riftan respondió en tono brusco mientras golpeaba el pedernal. Después de algunos intentos, una leve corriente de humo salió de la tela rasgada. Se inclinó y sopló con cuidado, encendiendo las brasas, luego sacó algunas piñas de su bolso. Las apiló con cuidado para ayudar a alimentar el fuego. Pronto, las piñas se incendiaron y las llamas crecieron hasta convertirse en una fogata manejable. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 101”
Sin embargo, no importa cuánto tiempo esperó, su entorno permaneció quieto y en silencio. Max miraba a su alrededor constantemente y se mordía los labios nerviosamente. Rem también se estaba poniendo ansiosa mientras se quejaba con nervios y se tambaleaba hacia atrás.
—¿Hasta dónde hemos llegado…? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 100”
Garrow y Yulysion, que estaban ocupados con los cadáveres del medio dragón, corrieron urgentemente a su lado. Un caballero que estaba recuperando parte de la cadena de las piernas caídas del monstruo, chasqueó audiblemente la lengua.
—¿Has perdido la cabeza? Hay monstruos con las fauces abiertas mirándonos desde arriba y ustedes dos, que se suponía escoltarían a la dama, tienen su atención en otra parte… Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 99”
Riftan la hizo acostarse boca abajo sobre las mantas y sacó un paño limpio y una cantimplora de agua de su bolso con expresión sombría. Max miró hacia abajo avergonzada mientras empapaba la tela y comenzaba a limpiarle el sudor de las piernas. La toalla fría enfrió suavemente su piel ardiente. Le limpió meticulosamente los muslos, las pantorrillas e incluso los pies. Luego, tomó la pequeña botella de aceite y sacó el corcho con los dientes. Mientras el líquido resbaladizo se deslizaba por su piel, los dedos de los pies de Max se curvaron. Riftan presionó el centro de las plantas de sus pies con el pulgar y luego lentamente movió las manos hacia arriba para masajear sus tensas pantorrillas. Max gimió de dolor. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 98”
Riftan entrecerró los ojos y se dio cuenta de la ropa que llevaba, mientras sus ojos la seguían de pies a cabeza. Sorprendido por su mirada, Max rápidamente agarró su ropa holgada y bajó los ojos con inquietud. La expresión feroz de Riftan se distorsionó cada vez más por la irritación y la furia.
—¿Qué diablos llevas puesto? ¡Maldita sea! ¡Tienes todo esto planeado!
Se frotó la cabeza con brusquedad, como si intentara aliviar un terrible dolor de cabeza. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 97”
Riftan siguió caminando y miró al frente como si no oyera nada. Max corrió para alcanzar sus grandes zancadas.
—¡Ri-Riftan!
Ella gritó, casi suplicando, pero él ni siquiera se volvió para mirarla. Max miró fijamente su espalda mientras corría escaleras abajo. Cuando finalmente llegó hasta él, tiró de su capa. Riftan se puso rígido por la sorpresa y apartó su mano. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 96”
Los caballeros discutían con frecuencia el movimiento del monstruo en cada rato libre. Había innumerables especulaciones sobrevolando el castillo, desde por qué Balto y Livadon ignoraban hasta ahora la formación de un ejército de trolls tan grande que podía abarrotar las tierras altas, hasta teorías de que había un mal mayor moviendo los hilos.
Max escuchaba sus discusiones con una mezcla de terror y ansiedad. Cuando su visita a la enfermería se convirtió en algo habitual, los caballeros, que al principio se mostraban recelosos de sus conversaciones en torno a ella, empezaron a hablar con más confianza. Según noticias recientes, existía una alta posibilidad de que tanto Osiria como Whedon enviaran refuerzos adicionales. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 95”
Aunque Max decía que no quería verle la cara, eso era imposible ya que compartían la misma habitación. Verle era inevitable. Fue por eso que ella decidió tomar el enfoque infantil: el tratamiento silencioso.
—Maxi, hablemos. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 94”
La desagradable visita que se repetía desde que cumplió 17 años había llegado de nuevo. Max se sentó de la silla en un intento de salvar su hermoso vestido de satén que la costurera había cosido con esmero durante dos semanas enteras. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 93”
—Tu pelo huele bien.
Dejó escapar un gemido de satisfacción y enterró la cara contra su hombro. Un tinte rojo se extendió por las mejillas de Max, contenta de haberse aplicado antes unas gotas de aceite perfumado con rosas. Saboreando el aroma, Riftan frotó el puente de su nariz contra el voluminoso cabello de ella, luego deslizó un brazo por debajo de sus caderas y la levantó para poder abrazarla mejor. Ella cerró los postigos[1] y se arrimó más a sus brazos mientras sentía las ásperas palmas de sus manos acariciarle la nuca. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 92”
—Ya… ya veo…
Max no se dio cuenta del alivio que mostraba su rostro. Riftan, contempló su figura y ahuecó su mejilla con una mano.
—¿Odias que me vaya?
Max le miró con ojos tenso. Quería decirle toda la verdad, pero temía que se molestara por su apego, así que eligió sus palabras con cuidado.
—Si Riftan… se queda, todos se sentirán seguros. Los ci-ciudadanos también se sentirán a gusto… Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 91”
A la mañana siguiente, Max corrió a la biblioteca en cuanto terminó de asearse. Ruth había vuelto anoche y lo vio durmiendo junto al brasero. Frunció el ceño mientras miraba al hombre tendido como un cadáver. Había varias habitaciones donde podía dormir con comodidad tres pisos más abajo de la biblioteca, pero era demasiado cansado para él hacer tal esfuerzo, y sintió lástima por el hombre que dormía en el suelo frío como la piedra todo el tiempo, con aspecto triste y patético.
Miró a su alrededor, tomó un leño de la pared y le dio un golpe en la espalda. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 90”
Querían empezar a entrenar enseguida, pero como el horario de Ruth no se lo permitía, se decidió que empezarían a estudiar a la mañana siguiente.
Ruth tomó un par de libros útiles de la estantería y se dirigió a la salida con un montón de pergaminos. Max, por su parte, se quedó sola en la biblioteca y comenzó a leer un libro grueso y descolorido. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 89”
—Parece que se está formando una alianza entre monstruos subraciales en la Meseta Pamela, al norte de Livadon. Hombres lagarto y trolls muy inteligentes formaron un gran ejército de monstruos que comenzó a asaltar aldeas. Según lo que oímos justo antes de partir de Livadon, el ejército de trolls saqueó incluso un territorio bastante extenso en el norte.
—¿Una alianza a gran escala entre los monstruos? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 88”
—Ah, huele muy bien.
Max lo contempló con una sensación de alivio y orgullo. Brillantes brotes rojos saturaban el área alrededor del pequeño charco cavado por los sirvientes, y los arbustos que estaban alineados como soldaditos tenían flores de color púrpura azulado brotando. Junto a ellos había un campo de varias hierbas que crecían de manera agradable y creaban una maravillosa armonía con las flores. Max colocó un pañuelo sobre una silla plana tallada en piedra y se sentó. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 87”