Los caballeros discutían con frecuencia el movimiento del monstruo en cada rato libre. Había innumerables especulaciones sobrevolando el castillo, desde por qué Balto y Livadon ignoraban hasta ahora la formación de un ejército de trolls tan grande que podía abarrotar las tierras altas, hasta teorías de que había un mal mayor moviendo los hilos.
Max escuchaba sus discusiones con una mezcla de terror y ansiedad. Cuando su visita a la enfermería se convirtió en algo habitual, los caballeros, que al principio se mostraban recelosos de sus conversaciones en torno a ella, empezaron a hablar con más confianza. Según noticias recientes, existía una alta posibilidad de que tanto Osiria como Whedon enviaran refuerzos adicionales. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 95”
Aunque Max decía que no quería verle la cara, eso era imposible ya que compartían la misma habitación. Verle era inevitable. Fue por eso que ella decidió tomar el enfoque infantil: el tratamiento silencioso.
—Maxi, hablemos. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 94”
La desagradable visita que se repetía desde que cumplió 17 años había llegado de nuevo. Max se sentó de la silla en un intento de salvar su hermoso vestido de satén que la costurera había cosido con esmero durante dos semanas enteras. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 93”
—Tu pelo huele bien.
Dejó escapar un gemido de satisfacción y enterró la cara contra su hombro. Un tinte rojo se extendió por las mejillas de Max, contenta de haberse aplicado antes unas gotas de aceite perfumado con rosas. Saboreando el aroma, Riftan frotó el puente de su nariz contra el voluminoso cabello de ella, luego deslizó un brazo por debajo de sus caderas y la levantó para poder abrazarla mejor. Ella cerró los postigos[1] y se arrimó más a sus brazos mientras sentía las ásperas palmas de sus manos acariciarle la nuca. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 92”
—Ya… ya veo…
Max no se dio cuenta del alivio que mostraba su rostro. Riftan, contempló su figura y ahuecó su mejilla con una mano.
—¿Odias que me vaya?
Max le miró con ojos tenso. Quería decirle toda la verdad, pero temía que se molestara por su apego, así que eligió sus palabras con cuidado.
—Si Riftan… se queda, todos se sentirán seguros. Los ci-ciudadanos también se sentirán a gusto… Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 91”
A la mañana siguiente, Max corrió a la biblioteca en cuanto terminó de asearse. Ruth había vuelto anoche y lo vio durmiendo junto al brasero. Frunció el ceño mientras miraba al hombre tendido como un cadáver. Había varias habitaciones donde podía dormir con comodidad tres pisos más abajo de la biblioteca, pero era demasiado cansado para él hacer tal esfuerzo, y sintió lástima por el hombre que dormía en el suelo frío como la piedra todo el tiempo, con aspecto triste y patético.
Miró a su alrededor, tomó un leño de la pared y le dio un golpe en la espalda. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 90”
Querían empezar a entrenar enseguida, pero como el horario de Ruth no se lo permitía, se decidió que empezarían a estudiar a la mañana siguiente.
Ruth tomó un par de libros útiles de la estantería y se dirigió a la salida con un montón de pergaminos. Max, por su parte, se quedó sola en la biblioteca y comenzó a leer un libro grueso y descolorido. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 89”
—Parece que se está formando una alianza entre monstruos subraciales en la Meseta Pamela, al norte de Livadon. Hombres lagarto y trolls muy inteligentes formaron un gran ejército de monstruos que comenzó a asaltar aldeas. Según lo que oímos justo antes de partir de Livadon, el ejército de trolls saqueó incluso un territorio bastante extenso en el norte.
—¿Una alianza a gran escala entre los monstruos? Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 88”
—Ah, huele muy bien.
Max lo contempló con una sensación de alivio y orgullo. Brillantes brotes rojos saturaban el área alrededor del pequeño charco cavado por los sirvientes, y los arbustos que estaban alineados como soldaditos tenían flores de color púrpura azulado brotando. Junto a ellos había un campo de varias hierbas que crecían de manera agradable y creaban una maravillosa armonía con las flores. Max colocó un pañuelo sobre una silla plana tallada en piedra y se sentó. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 87”
Al día siguiente, Inés y sus hombres comenzaron a preparar su viaje de regreso a Palacio. Con la ayuda de Rodrigo, Max revisó la lista de equipaje mientras coordinaba a los sirvientes para preparar la partida de sus invitados.
El plan original era consultar con Riftan para ofrecer un regalo al Rey, pero los huesos y la piel del monstruo ocupaban la mayor parte del espacio disponible en los coches de caballos. Además, entre el botín de Agnes de la incursiones con los monstruos, y las compras que había hecho en la ciudad, los sirvientes solo podían meter cuatro tapices y seis copas de vino con incrustaciones de rubí en lugares diversos. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 86”
Por primera vez en su vida, Max apostó jugando a los dados. Se mezcló con la multitud para ver un espectáculo callejero, probó una cerveza que tenía un olor rancio y también un pastel que tenía un relleno con sabor a carne. Cuando su estómago se llenó de estas exóticas comidas campesinas, Max fue incitada por Agnes a participar en un lanzamiento de jabalina.
Agnes lanzó una jabalina para dar una demostración mientras le explicaba amablemente a Max. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 85”
Max tuvo que permanecer encerrada en el dormitorio hasta que su cuerpo se recuperó por completo. Debido a la gran inquietud de Riftan, incluso cuando salía de la habitación para ver sus asuntos tenía una fila de sirvientes nerviosos para atenderla. Incluso después de que su maná se hubiera recuperado por completo y su mareo hubiera disminuido, Riftan no podía tranquilizarse. Gracias a eso, Max tuvo tiempo de posponer sus deberes de hospitalidad con los invitados y entrenar a los gatos en su habitación.
—Ron es el más hábil. Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 84”
Traducido por BeeMiracle
Editado por Ayanami
—No sé si debería estrangularte a ti o a los idiotas que te dejaron salir por las puertas del castillo —dijo Riftan. —¿En qué estabas pensando para ir a la zona infestada de monstruos? ¿Lo has olvidado? Te ordené que te alejaras del peligro.
—P-Pero, estaba sola en el c-castillo. Debería ayudar afuera también.
Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 83”
Traducido por BeeMiracle
Editado por Ayanami
Max se sonrojó, avergonzada de haberle mostrado a Yulysion una imagen de miedo, sobre todo después de haber presumido de no hacer gran cosa. Hizo lo que pudo, pero el hecho de ver y estar en presencia de un monstruo enorme por primera vez en su vida le dificultaba mantener un rostro despreocupado.
Con los ojos aterrados, miró al gigantesco Guiverno que yacía muerto con su larga lengua fuera. Era un monstruo horripilante de al menos 40 kvet de largo (12 metros). Su cabeza era igual que la de un cocodrilo y sus alas rotas parecían las de un murciélago; su pesado cuerpo estaba recubierto de un negro del tono exacto del carbón.
Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 82”
Traducido por BeeMiracle
Editado por Ayanami
Max dio un paso atrás sorprendida cuando apareció la cara de Agnes e inmediatamente se arrepintió de haber movido el pie, su acción podría considerarse terriblemente grosera para la princesa.
—Yo… yo nunca he visto una competición de lucha.
—¿Has visitado alguna vez el Palacio? Mi hermano viene casi todos los años. ¿No te gusta la Capital, Maximilian?—Dijo Agnes.
Seguí leyendo “Bajo el roble – Capítulo 81”