El contrato de la Princesa y la Duquesa Monstruosa – Capítulo 22

Traducido por Ichigo

Editado por Lucy


Después de la visita de la duquesa, el marqués Sperado estaba convencido de que ella no regresaría a Leslie.

Y esa convicción se extendía a la idea de que, si esta condición continuaba, la Duquesa podría revisar a Leslie en el juicio en busca de rastros de abuso.

No hacía falta aclarar que eso nunca debería ocurrir.

La niña, que todavía tenía el poder de atacar a la gente, era más útil que Ellie, que apenas mostraba su fuerza.

Por lo tanto, el marqués fue más allá del rango normal de duelo y el juicio para considerar el anormal método del secuestro.

El marqués Sperado se acercó con orgullo y armó un escándalo frente a la duquesa, pidiendole que entregara a su hija secuestrada.

Cuando la puerta se abrió y el marqués entró en la mansión, los expertos mercenarios que había contratado de antemano por un gremio planeaban secuestrar a Leslie.

Esa era la forma más rápida para que él pudiera recuperarla.

Además, ahora el marido de la duquesa Salvatore y sus dos hijos estaban fuera de la casa: una duquesa en una casa vacía, sería fácil secuestrarla si hacía que se fijara en él.

Así que, convencido, el marqués armó aún más jaleo.

De hecho, el método del hombre no era malo.

Sin embargo, lo único que pasó por alto fue a la propia duquesa Salvatore.

Ella misma le había mostrado su poder, pero su impaciencia había cegado al marqués. Tras una larga molestia, al final la puerta de la mansión se abrió.

Sin embargo, no fue el mayordomo quien salió por la puerta, sino la propia mujer.

La duquesa, que salió con una vara de entrenamiento, golpeó con ella a los miembros del gremio y a los caballeros traídos por el marqués Sperado, quienes cayeron desmayados. La dama se acercó al hombre e hizo tronar su brazo, luego él se asustó y huyó. Entonces, surgió una ligera sonrisa del rostro de la mujer.

—Si vuelves a hacer alguna estupidez como esta, la próxima vez tendré tu cuello, marqués Sperado.

Al mismo tiempo que el caballo avanzaba, los brazos del marqués se retorcieron un poco en dirección contraria, y el grito del triste marqués llenó el silencio de la noche.

♦️ ♦️ ♦️

—Eso fue lo que ocurrió…

Al oírlo, Leslie parpadeó, sin notar que había dejado caer la cuchara que tenía en la boca al suelo.

«¿Le rompió el brazo al marqués? ¿La propia Duquesa?»

—¡Ese idiota ni siquiera sabía lo fuerte que era mi mujer!

Antes de darse cuenta, la ventana del comedor se había abierto y alguien había gritado desde afuera. Leslie parpadeó más sorprendida. «¿Acaba de llamar idiota al marqués?»

Aunque ahora habían cambiado muchas cosas, Leslie veía al Marqués como a alguien a quien no podía hacerle frente.

Aquel hombre era el más fuerte, y se encontraba en la posición más alta.

Hasta ahora, con tristeza, el mundo de Leslie había pertenecido todo al marqués.

Él siempre parecía enorme e increíble.

Hoy había sentido un poco que esos pensamientos habían sido barridos. El marqués corriendo con un chillido meláncolico de la duquesa Salvatore y siendo llamado idiota por Cylane. Bethraon golpeó la ventana por la que se asomaba su padre mientras Leslie estaba aturdida por ese nuevo golpe. La triste voz de su hermano volvió a llenar el recinto.

—Mamá odia el ruido delante de la casa.

Sonaba como si sólo hubiera limpiado la extraña basura que estaba molestando.

La niña no pudo resistirse a reírse de Bethraon, quien mantenía una expresión tranquila.

Mientras se le escapaba una pequeña risita, el joven abrió sus grandes ojos verde oscuro, para luego cerrarlos y abrirlos con lentitud. En el pasado, Leslie había pensado que el marqués Sperado era un gran hombre.

Pero se dio cuenta de que sólo gobernaba como un rey dentro de la mansión.

Sólo se había asomado un poco fuera de ese lugar y el marqués era tratado de esta manera.

Cuando Leslie no pudo contener la risa y sonrió con alegría, Jenna inclinó un poco la cabeza y sonrió también.

Bethraon se tomó el cuello con su gran mano y con la otra tomó la nueva cuchara que le había traído la criada.

—Adelante. Toma tu medicina y duerme.

Luego, le entregó a la niña la cuchara.

Leslie sonrió y se llevó la tortilla a la boca. La primera tortilla que comía en la casa de la Duquesa Salvatore era de verdad deliciosa.

Después de la comida, fue llevada a otra habitación, no a la que había estado.

La criada Jenna la guió en persona, y Cylane la siguió, tapándose la boca, por si volvía a cometer un desliz.

—¡Vaya!

Los ojos de Leslie, que había entrado en la habitación, comenzaron a brillar.

Pensaba que el cuarto en el que había estado era de lo mejor, pero este parecía el doble de grande.

La enorme habitación que llamó su atención contaba con una gran cama, un amplio sofá rojo en el que parecía que Betharon podría tumbarse y un dosel lleno de libros hasta el techo.

Además, era tan cálido que no necesitaba del uso de ninguna estufa que utilizara fuego, y además, la alfombra que recubría el suelo estaba decorada con patrones delicados.

Las cortinas de las ventanas también estaban hechas con un material tan lujoso que Leslie nunca había visto o tocado.

La niña siguió tocando las cortinas de la ventana como si estuviera poseída.

—¿Le gusta, señorita Leslie?

Jenna sonrió y le preguntó, observando lo linda que era Leslie, y Cylane, de pie detrás de ella, brilló como si la estuviera admirando.

La niña los miró a los dos, sonrojándose un poco y asintiendo con la cabeza, avergonzada.

—Me encanta.

En su ático, cuando se subió a una silla y estiró las manos con sus pequeñas piernas, solo las yemas de sus dedos tocaron el techo. Estaba segura de que si fuera más alta, seguro llegaría sin una silla.

Leah estaba bien porque era un poco bajita, pero otras camareras se quejaban de ella sin motivo.

Sin embargo, esta habitación era tan alta que no creía que podría alcanzarla, y las ventanas eran anchas y grandes, y por estas pasaba la cálida luz del sol que la mantenía caliente.

Leslie pensó que podría echarse una agradable siesta si acercaba el sofá a la ventana.

Además, la mullida alfombra era demasiado suave para caminar con sus pies descalzos, que se habían vuelto ásperos.

«¿Es así cómo se siente al caminar sobre las nubes?»

Ante ese pensamiento, Leslie sacó el pie y pisó la alfombra sin un motivo aparente; era similar a la habitación de Ellie en la mansión del Marqués Sperado. No, debe ser una habitación mucho mejor que la de Ellie.

—Me encanta.

Cuando la niña volvió a mirar a los dos, sonriendo, Jenna se agarró las manos con fuerte como si tuviera suerte de poder ver una sonrisa así, y Cylane se agarró de repente el pecho, y sacudió su enorme cuerpo.

—Qué linda… Mira cómo se ríe, por eso prefiero a las chicas que a los chicos.

Jenna, que ignoró el pequeño murmullo de Cylane, se giró de repente, y abrió la boca mientras miraba a la visita.

—Pasa —dijo.

Abriendo la puerta y entrando con cuidado, una criada de pelo castaño rizado y pecas entró en la habitación.

Llevaba en la mano varios pijamas que parecían pertenecer a Leslie.

—Señorita Leslie, esta es Madel, que se encargará de usted. Madel, saluda a la señorita Leslie, a quién servirás en el futuro.

Madel se inclinó y saludó a Leslie. La niña parpadeó sorprendida cuando un adulto más alto que ella la saludó de forma tan cortés de esta manera.

Estaba más avergonzada porque era la primera vez que tenía una criada exclusiva, ni siquiera había tenido una niñera, pero pronto se apresuró a asentir con la cabeza.

—Por favor, cuida bien de mí, Madel.

—Por supuesto.

Tras un largo tiempo después de la salida de la luna, Jane recibió a la Duquesa Salvatore, que regresó a la residencia del Duque.

—Estarás cansada de tratar con los bichos raros, ¿verdad?

Cylane, que se apresuró a sacarle el abrigo a la Duquesa Salvatore, sonrió e incluso sirvió el ponche a la propia Duquesa sentada en el sofá, y se sentó frente a ella sonriendo.

La Duquesa Salvatore sonrió y miró a su marido, que desprendía una ternura impropia. Luego alargó la mano y tocó la taza de té caliente.

—¿Has visto a la señorita Leslie, Cy?

—Claro que sí, ja… ¿no es la cosa más linda del mundo? No entiendo cómo algo tan pequeño y blanco se mueve con tanta vida. Estuve mirando a Bethraon y a Luenti todo el tiempo, y cuando vi a la señorita Leslie, no supe qué hacer, ¿sabes cómo se reía? Cariño, no te puedes imaginar.

Entonces le contó cómo Leslie movía la boca para reírse y con qué fuerza ponía los ojitos en blanco.

Cylane, que había dado un mordisco a su tortilla, escondió sus grandes ojos con desesperación, y se esforzó por comer poco a poco, temblando de nuevo.

—Ja… Va a ser nuestra hija, ¿verdad? ¿No es así, cariño?

—Claro que sí, aunque me da un poco de pena.

Cylane, que observaba a la Duquesa Salvatore, tomando con tranquilidad un sorbo de té, abrió la boca como si se diera cuenta de algo. Era una voz baja y oscura, diferente de la voz excitada de antes.

—El marqués está haciendo algo de nuevo.

La Duquesa Salvatore dio un pequeño asentimiento en respuesta a las palabras de su marido.

—Está eliminando con rapidez las pruebas de los abusos. Muchas de las pruebas permanecen en la mansión, lo que dificulta que pueda hacer algo. No dejaré que la señorita Leslie salga de esta casa en absoluto.

Al menos había ido al templo algunas veces, pero poca gente había visto a Leslie porque siempre se movía entre las criadas.

Muchos de los sacerdotes ni siquiera sabían que estaba allí porque estaba entre las criadas cuando rezaba.

Como era obvio, la mayoría de la gente sabía que nunca nadie había conocido a la segunda hija de la familia Sperado.

—Así es como se están deshaciendo de las pruebas y esperan juzgarme.

Incluyendo el brazo roto. la risa de la Duquesa Salvatore envió olas en la taza de té.

—Maldito loco. Cariño, cariño, ¿no puedes enviarlo a la zona de conflicto por un solo día?

—¿Por qué?

Cuando la duquesa Salvatore parpadeó con los ojos muy abiertos ante las palabras de su marido, Cylane sonrió con una esquina de la boca levantada.

—Voy a arrancarle la cabeza fingiendo que es un error.

Como si hablara en serio de lo que dijo después de ver a Leslie, Cylane se rió.

La duquesa Salvatore sonrió como si fuera lindo ver a su marido presumir de haber pulido la hoja de su hacha. Y con ojos serios, miraba a los ojos de Cylane.

—Cariño.

—¿Eh?

La Duquesa, que tomó otro sorbo de té, ladeó un poco la cabeza y se rió.

—Ten cuidado con lo que dices delante de la señorita Leslie. Todavía recuerdo cuando Bethraon era un niño y decía que lo echarían delante del Emperador.

En un instante, el parlanchín se sumió en el silencio.


Lucy
Adoré estos últimos capítulos. No puedo ponerlo en palabras, estoy súper preocupada por Ellie, y quiero ver que sucede y si es capaz de librarse de las garras del marqués. Pero, ¡estoy muy feliz por Leslie! Con lo que está ocurriendo, tengo miedo de lo que pasará para arruinarnos la felicidad. Ojala la novela terminara ahora mismo >:(. ¡Agarrense los cinturones! No viene nada facil en el horizonte, de eso estoy segura.

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