Reina Villana – Capítulo 35: Un paseo por el jardín

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


—No creo que me haga daño y, además, todavía me gustaría tocarlo.

Eugene podía sentir los ojos de Kasser sobre ella. Mientras él seguía mirándola sin siquiera parpadear, ella lo evitó por completo, enfocada sólo a el caballo.

Efectivamente, una voz ronca la interrumpió apresuradamente.

—Estoy preocupado, ya que este animal no es un caballo normal.

—Sí, puedo verlo. Ningún caballo ordinario tendría un par de cuernos sobresaliendo de su cabeza. Solo quiero verlo de cerca.

A estas alturas, Eugene estaba segura de que este caballo es un lark. Pero, eso no disminuyó su curiosidad, ni le provocó miedo. En todo caso, quería saber más sobre esta criatura salvaje.

Al ver cómo evitaba, deliberadamente, su mirada, Kasser estaba insatisfecho. Como no había una forma sutil de resolverlo, decidió abordarlo directamente.

—Su Alteza Real…

Eugene tuvo que tragarse la bola de nervios en su garganta, antes de responder.

— ¿Sí?

Ella inclinó la cabeza hacia arriba, su escrutinio, ahora, era imposible de ignorar. Sus ojos se encontraron y Kasser se sintió mejor al instante. Toda la insatisfacción de antes, había desaparecido. Su rostro rígido se relajó.

Este paseo fue un impulso del momento para Eugene. Y, esta es su primera vez en el jardín. Hasta cierto punto, era consciente de los desafíos que rodean el período activo y, con eso, podía discernir vagamente cuán agitado podía ser el horario de Kasser. En otras palabras, el rey debería estar ocupado en una montaña de trabajo, sin tener un momento de descanso. Y, sin embargo, esta parado justo delante de ella, en este jardín, a está hora del día, hablando de su mascota, sin siquiera proporcionar ninguna explicación a su aparición abrupta. Entonces, esta vez, ella decidió abordarlo.

— ¿No se me permite acercarme a él? —Sus ojos se abrieron por una fracción— ¿Muerde?

—No, no lo hace, pero…

La reina nunca había mostrado interés en Abu, antes de perder la memoria. No era solo ella, son todos. La gente le teme a los Larks, tanto como teme a la muerte. No hace falta decir que lo evitaron como una plaga. En cuanto a Jin Anika, tenía sus intereses establecidos, los cuales, no incluían a Kasser y mucho menos a Abu.

¿Piensa que Abu es un caballo ordinario?

Kasser no estaba seguro de cuánto de su memoria se había perdido. Al principio, solo parecía estar luchando por recordar su pasado reciente y las personas que la rodeaban. Pero ahora, parece haber olvidado incluso las cosas más básicas, como su mínimo o inexistente interés en nada más que libros antiguos.

Aunque estaba desconcertado por las cosas que ella no recuerda, Kasser todavía está complacido de cómo está tomando un interés activo en Abu. En un rincón, en algún lugar, se sentía como si ella estuviera interesándose en él. Una sensación cálida brotó en su interior.

Él, agarró con fuerza las riendas de Abu, para evitar que atacara a Eugene, antes de indicarle que se acercara. —Puedes acercarte ahora, si quieres.

Zanne aún no se había recuperado de la vista de Abu. Al ver cómo la Reina se enfrentaba con valentía a la peligrosa bestia, y completamente sola, su coraje hacía tiempo que había salido volando. En este momento, la doncella leal estaba parada en su lugar, con los pies, firmemente clavados, en el suelo con miedo.

Sin embargo, su ama era un marcado contraste. Como si estuviera esperando escuchar esas mismas palabras de Kasser, se acercó y no se detuvo hasta que estuvo a un brazo de distancia de la bestia. Fue solo ahora, que se dio cuenta de que lo que veía hasta ahora, desde la distancia, era una ilusión. Esta criatura majestuosa, es diferente a cualquier otra en forma, estatura y actitud.

Ah, este animal, es más grande de lo que pensaba.

Ya fuera su mundo original o este, Eugene nunca había visto un caballo de este tamaño antes. Ella sabía aún menos sobre ellos. Dicho esto, aunque no tenía idea de cuán grande se suponía que debe ser un caballo, estaba segura de que Abu es un poco más grande que los demás. Ella se maravilló de esta hermosa criatura, su curiosidad aumentó al instante.

— ¿Cuál es su nombre? —Preguntó.

—Abu.

— ¿Abu? Qué adorable —lentamente, estiró su brazo y acarició suavemente su nariz. —Es muy suave. ¿Eres un buen chico, Abu?

Su admiración por Abu se reflejó en su rostro y, sin previo aviso, Eugene esbozó una sonrisa brillante. Sus ojos brillaban con alegría y pura fascinación.

Kasser estaba cegado por su resplandor. Nunca la había visto así. Simplemente, no podía apartar los ojos de esta hermosa mujer. Se preguntó por qué sólo ahora había notado su extraordinaria belleza. Estaba arrepentido.

Bueno, esto es, por la parte de Kasser, el punto de vista del animal era otro.

Desde el momento en que vio a Eugene, Abu había estado en alerta máxima. Mientras ella lo admiraba, él la estaba evaluando. Aunque no quería romper su promesa a su maestro y lastimarla, esa no era la única razón para evitar que lo hiciera. Él sentía curiosidad por ella, primero, por la forma, se sorprendió y, luego, por lo encantada que se veía con su presencia. Entonces, cuando ella se acercaba a él, él también lo estaba anticipando. Cuando su Maestro apretó las riendas para que ella pudiera acercarse, él estaba aún más emocionado. Y cuando sus suaves manos tocaron su nariz…

Así que, en este momento, al darse cuenta del entusiasmo de su Maestro, Abu decidió tomar las riendas en sus propias manos. De repente, sonó la nariz con un resoplido, asustando a Eugene para que saltara y retirara su mano.

Pero, tan bien educado como estaba, Abu, inmediatamente, lamió su palma como disculpándose. Sorprendida, Eugene dejó escapar un grito ahogado, ante la sensación de hormigueo. Los dos se miraron, pero solo por un breve momento.

Luego, el caballo se acercó lentamente, frotando su hocico contra la mano de Eugene, mirando para ver si ella retrocedía o aceptaba su afecto. Acéptalo, por favor.

Los ojos de Eugene se iluminaron y dio un valiente paso adelante. Animado, Abu ahora frotó su hocico contra su cara.

Su risa pura y encantadora, llenaba el aire tranquilo del jardín, su resplandeciente rostro era igualmente encantador.

—Es un chico muy gentil, Su Majestad.

El rey miró a Abu, perplejo por sus acciones. No era un secreto que la gente nunca fue aficionada a Abu. Y Abu siempre había estado más que dispuesto a hacerles saber que el sentimiento era mutuo. Nunca, esta bestia, había sido suave. Tampoco había tratado de congraciarse con nadie.

Kasser también estaba confundido por el cumplido dado a la bestia. Nunca llamaría a Abu una criatura gentil, sino, más bien, traviesa. Abu solía hacer bromas groseras a las personas, encontrando placer en el miedo que se extiende en sus rostros, mientras gruñía. Desatar el terror, dar una maldición y mostrar su estatus como el corcel del Rey, eran las principales características de la actitud de Abu.

Pero, lo que estaba ocurriendo ante sus propios ojos, lo hizo preguntarse si la bestia también sufría una pérdida de memoria.

Con cada segundo que pasaba, Abu parecía más unido a Eugene. Enterró su rostro en su cabello y dejó que ella frotara su melena con sus pequeñas manos. Él le olfateaba el cabello, lamía su mejilla y volvería a enterrar su rostro en su cabello. Todo el tiempo, su caballo estaba actuando fuera de lugar. Por no hablar de él, siendo tratado como si no estuviera. Kasser estaba molesto.

Cuando no pudo soportarlo más, apretó la mano con fuerza y ​​tiró de las riendas de Abu, apartando con fuerza la cabeza de Eugene. Abu fulminó con la mirada a su Maestro, quien a cambio lo ignoró y habló con Eugene.

— ¿Qué te trae por aquí? —Preguntó.

—Solo quería dar un paseo afuera. Hoy es un día hermoso —Eugene miró a su alrededor, mientras respondía. Parecía fundirse con la naturaleza que la rodea y, al mismo tiempo, brillaba para eclipsarla.

Kasser volvió a tirar de Abu, cuando éste comenzó a frotarse contra Eugene una vez más. Abu sonó su nariz molesto. Estaba actuando de manera extraña. Kasser no entendía por qué es tan amigable con la reina. En el pasado, se trataban con desinterés y vivían en su propio mundo, sin cruzarse nunca con los demás.

Pero hoy, parece que son amigos íntimos. Y esta es la primera vez que se habían “visto”. Kasser no pudo señalar este extraño giro de los acontecimientos, pero, si tuviera que decir con decisión cuál fue la única cosa que podría haber desencadenado este fenómeno, sería su pérdida de memoria.

Continuó observándola en silencio y se recordó a sí mismo a la vieja Reina. Lo que estaba ante sus ojos, no se parecía en nada a la anterior. A medida que profundizaba en sus reflexiones, en un momento, sintió que su cuerpo se endurecía. Era ese pensamiento otra vez.

¿Qué pasará cuando Jin Anika recupere su memoria?

Cuando este doloroso pensamiento cruzó por su mente, Kasser solo pudo ignorarlo. Bueno, no sería el fin del mundo. Sintió que las cosas volverían a ser como eran antes. Volvería a ser la misma persona, con la misma cara y emociones, hablando y actuando de manera diferente e indiferente.

Pero, ¿qué se supone que Kasser debía hacer con su corazón que acaba de empezar a quererla? Estaba nervioso y no podía soportar reflexionar más sobre esto.

—Por cierto, ¿cómo te sientes? —Preguntó, tratando de entablar una conversación.

— ¿Disculpa?

— ¿Algún dolor de estómago o de espalda?

— ¿Está preguntando por mis dolores menstruales? —Se preguntó Eugene.

—Bueno…difiere de persona a persona. Algunas tienen mucho dolor y están confinadas en su cama. Pero, generalmente, no tengo tanto dolor. Pareces estar bien informado sobre estos asuntos…

—Bueno, me enseñaron sobre eso antes —dijo Kasser honestamente.

— ¿Te enseñaron? ¿Quién? —Eugene estaba muy sorprendida de que este hombre frío e insensible, ante ella, estuviera al tanto de las pruebas físicas a las que fueron sometidas las mujeres. Pero, ¿dónde aprendió esto?

—Marianne.

¿Qué le habrá dicho Marianne?

—Cuando era niño, me regañaba mucho…especialmente, cada vez que experimentaba uno de esos… —Kasser le dijo tímidamente.

Eugene se echó a reír. Podía imaginarse que el Rey respondiera brevemente a Marianne, mientras lo regañaba, tal como lo haría una madre con su hijo. Hoy, Kasser, finalmente, parecía un ser humano normal, no un Rey dominante.

Una cálida sensación se extendió por dentro, cuando Kasser la observó reír. Sintió una sensación de logro, incluso si ella se reía de él.

—Si no te importa… ¿puedo unirme a ti para dar un paseo? —Se volvió un poco más audaz.

Kasser quería hablar más con ella, conocerla mejor. Él, pasó tiempo con ella, pero eso fue solo en la noche. Nunca habían tenido una conversación adecuada antes. Para ser justos, ¿quién, con una mente sensata, entablaría una conversación en pleno acto? Para cuando él estuviera satisfecho, ella estaría agotada. Y, no importa cuánto quisiera, no podía mantener una conversación con una bella mujer dormida.

Pero, hoy es diferente. Se sentía como si le hubieran presentado su primera oportunidad de hablar con ella.

Eres un poco insensible, Su Majestad, la voz de Marianne pasó volando por la mente de Kasser. Estaba decidido a redimirse.

— ¿No estás ocupado? —Eugene preguntó con preocupación.

Kasser pensó instantáneamente, en la pila de papeles sobre su escritorio, pero aun así negó con la cabeza.

—Realmente, no.

—Muy bien. Entonces, caminemos juntos.

Pero, antes de que siquiera dieran un paso, Eugene se volvió hacia Zanne y le indicó que esperara allí. Ella no quería escuchar su manera rígida de hablar cuando el personal está cerca. Esperaba ver más al Kasser real y sin vigilancia.

Los dos caminaron en un silencio incómodo, sin saber qué decir, hasta que Eugene reunió el coraje para romperlo. Ella decidió hablar sobre lo que le preocupaba.

—Su Majestad, sobre la ayuda que ofrecí a las familias de los sirvientes desaparecidos…

— ¿Qué hay con eso? ¿Quieres dar más?

—No, solo quería agradecerte por ello —dijo Eugene, sinceramente.

Kasser miró a Eugene, tratando de entenderla, buscando la verdad en su rostro.

—Bueno, fue cosa tuya, no mía.

—Si no lo hubieras permitido, entonces, no habría podido ser —Eugene sonrió cuando dijo: —Y te doy las gracias por eso.

Kasser no sabía cómo reaccionar, por lo que continuó mirando hacia adelante. Era la primera conversación decente que tenían y una caminata, así que le resultaba difícil calmar su corazón.

Eugene soltó una suave risa, cuando notó que estaba avergonzado. Ella decidió dejarlo un poco y cambió de tema.

— ¡Qué hermoso clima! —Comentó ella.

No había pasado ni un mes desde que se levantó por primera vez de la arena del desierto bajo el sol abrasador. El Reino no se encuentra en el medio del desierto, sino en el borde, y el clima es completamente diferente del que había experimentado en el desierto. Ella sabía que el clima cambia entre los períodos activo y seco. Pero, no esperaba que la diferencia fuera tan grande. Esos días, hacía tanto calor como a fines del verano.

— ¿El clima cambia tanto en otros países también? —Le preguntó.

—Mayormente sí. En Flack, por ejemplo, tienen una diferencia de temperatura drástica como nosotros.

El Reino de Flack es el más meridional de la Ciudad Santa. Es un lugar rodeado de montañas nevadas. El Reino de Hashi está situado en el lado opuesto.

— ¿Alguna vez has ido? —Preguntó.

—No —respondió él de inmediato.

— ¿Planeas ir alguna vez?

—No lo creo. Nunca tendré una razón para ir en mi vida —respondió pensativo.

La novela de Eugene comenzó con el Rey del Desierto caminando sobre fuertes nevadas para llegar al Reino de Flack. El Rey del Desierto fue allí para asegurarse de la autenticidad de la Reina. Necesitaba asegurarse de que ella no fuera una muñeca controlada por un Mara y tenía que hacerlo en persona.

Cuando llegó, se enteró de que Jin Anika, la reina misma, fue quien había provocado la muerte de numerosas personas del Reino de Hashi hace muchos años.

— ¿Hay algún otro lugar donde hayas estado? —Eugene continuó presionando.

—He estado en Slan.

El Reino de Slan se encuentra entre el Reino de Hashi y la Ciudad Santa. Debe haber querido decir que caminó por el reino. Era obvio cuando lo piensas. Durante los períodos activos, el Rey está atado al Reino, protegiéndolo. Pero no parece una persona que posponga su trabajo y se vaya de viaje durante el período seco.

Me pregunto si lo he distraído del trabajo.

En la novela de Eugene, la historia gira en torno a la Ciudad Santa, pero el Rey persiguió a Jin Anika y visitó los cinco reinos. Fue una novela de aventuras clásica. Los lectores le rogarían a los personajes que se sentaran y esperaran en un solo lugar, en lugar de corretear y aventurarse en diferentes lugares.

— ¿Quieres visitar diferentes reinos? —Preguntó Kasser, curioso después de las preguntas de Eugene.

Kasser pronto se dio cuenta de que nunca antes había pensado en lo que le interesaba. Nunca habían hablado de eso.

—En este momento no —fue la respuesta de Eugene.

¿En este momento? ¿A qué se refiere con eso? ¿Quería decir que quizás más adelante?

Más adelante…

No hubo un más adelante entre los dos. El contrato con Jin Anika duraría hasta que ella diera a luz a su hijo. Después de eso, no habían acordado más promesas. Cuando él firmó el contrato con ella, no estaba interesado en adónde pretendía ir después del nacimiento. Él asumió que ella dejaría al niño atrás. Justo como su madre.

Pero, todo esto, estaba en su mente, y nunca pensó en preguntarle explícitamente. Inicialmente, sabía cuál sería su respuesta. Pero ahora, no estaba tan seguro de lo que ella podría decir. Sólo estaba seguro de que ella podría cambiar de opinión después de que su memoria volviera.

—Oh, qué clima tan agradable —Eugene volvió a delirar. —Es una pena que no pueda caminar durante el día debido a los larks.

— ¿Piensas dejar el palacio?

—No, está bien. No me escabulliré, así que no te preocupes —le aseguró Eugene.

—Si desea salir del palacio, puede hacerlo de noche.

— ¿De verdad? —Los labios de Eugene se curvaron en una gran sonrisa. Las manos de Kasser temblaron un poco.

—Nunca dije que no podías salir.

—Bueno, lo asumí porque es el período activo.

Kasser sacudió la cabeza.

—Nadie está restringido durante el período activo. Solo el desierto está fuera del límite.

— ¿Entonces, no tengo que pedir tu permiso? —Ella busco su confirmación.

—Solo si prometes no escalar las paredes.

Estaba aludiendo lo que Jin Anika había hecho hace un mes y Eugene hizo un pequeño puchero, antes de esbozar una pequeña sonrisa. Fue interesante conocer a Kasser. Era estricto, pero también podía relajarse.

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