Reina Villana – Capítulo 23: Hacer las paces

Traducido por Kiara

Editado por Ayanami


—Sobre mi condición actual. No creo que sea una buena idea que, en este momento, todos sepan lo que está pasando —Eugene expresó, con un tono preocupado, a Marianne.

—Sí, estoy de acuerdo.

—Entonces, necesito que alguien me ayude a volver a aprender todo lo que he olvidado. Marianne, puedes ayudarme, ¿verdad? —preguntó, con la preocupación claramente escrita en sus ojos, pero Marianne parecía vacilante cuando comenzó a rehuir.

—Mi reina, me falta mucho conocimiento… —comenzó, pero Eugene tomó sus manos y las agarró por su cuenta.

—Espero que no te niegues. Necesito tu ayuda más que nada —suplicó y, finalmente, la expresión tensa de Marianne se relajó, mientras seguía observando a Eugene en silencio.

—Si está dentro de mi poder, con gusto haré lo mejor que pueda.

—Gracias.

—No. Debo ser yo quien le agradezca a la Reina. Gracias por darme esta oportunidad —declaró Marianne, inclinándose ligeramente hacia Eugene.

Eugene notó que Marianne se refería al pasado incómodo entre ella y Jin Anika, pero fingió no saberlo. Ella solo quería llevarse bien con Marianne y obtener cualquier ayuda que pudiera darle.

—Mi reina, soy una mujer que ya está fuera del castillo. Necesito tu permiso para reconstruir mi posición —Marianne continuó.

—Entiendo. Entonces ¿debo hablar con el rey? —Le preguntó, Marianne sacudió la cabeza.

—No quiero ser una carga para ti, mi reina —ella comenzó —Debes hablar con el rey, solo por tu deseo, y no por alguien más. Ni siquiera para otros como yo.

 Eugene frunció los labios, mientras reflexionaba un momento.

—Tienes razón, pensándolo bien, sería mejor si hablas directamente con el rey —ella respondió. Marianne estudió a Eugene, tratando de ver cualquier motivo subyacente que pudiera tener, pero solo llegó a una conclusión.

— ¿Estás incómoda con el rey?

—No es eso.

Eugene sonrió torpemente. Cuando se despertó por la mañana, todavía estaba confundida.

La noche que compartieron no fue desagradable, pero no fue lo que ella esperaba. Sus mejillas se sonrojaron al pensar en la noche anterior. Ella no sabía cómo enfrentar al hombre otra vez. Por eso, si era posible, quería evitarlo por ahora.

—Es un hombre de pocas palabras, por eso…creo que sería mejor si hablas con él —se excusó Eugene, esperando que ese fuera el final del tema.

—Puede parecer distante e insensible por fuera, pero el rey tiene un corazón muy cálido. Simplemente, es malo para expresar sus sentimientos —le explicó Marianne.

—Puedo dar fe de ello. La forma en que habla es dura y su temperamento… —Eugene recordó el día en que el rey irrumpió en su habitación y le gritó. Dejó escapar un gesto involuntario, al recordar la desagradable experiencia.

—De su Alteza…su temperamento, lo has tratado toda su vida. Marianne —dijo suavemente, un pequeño Kasser parecía estar presente en sus ojos. Parecía tan sentimental y nostálgica, que Eugene no pudo evitar soltar una sonrisa. Era como la madre de un erizo, cuyo hijo está cubierto de púas, que dirige a cualquiera que lo amenace. Pero, aun así, solo ella podía ver más allá de ese exterior duro, la bondad inerte se encuentra en el corazón del rey.

—Él confió en mí —agregó Marianne, mirando a Eugene —Me dijo que has perdido tus recuerdos.

—Eso es… —ella quería dar una excusa, pero, en su lugar, dejó escapar un suspiro —Entiendo si sospechas y no crees en mí —dijo, pero la mirada de Marianne sobre ella era inquebrantable.

—Es cierto, conozco a la reina de antes, y ella no tenía reparos en mentir —afirmó Marianne, —pero, en este momento, no creo que estés mintiendo.

—Entonces, tengo una pregunta.

—Te diré todo lo que sé.

—Su Gracia y yo, ¿cómo se percibe nuestra relación como marido y mujer? —Eugene sabía que no eran una pareja real, pero se preguntaba cómo se veían para el público.

—Con toda honestidad, mi reina —dijo Marianne, un poco triste, —No se ven bien. De ningún modo. Pero, una vez que ambos están en eventos formales o reuniones del consejo, ambos actúan de manera muy diferente.

—Oh, hemos estado fingiendo ser buenos el uno con el otro, ¿no es así? ¿Por el bien de la apariencia?

Marianne asintió superficialmente.

—Entonces, no hay muchas personas que sepan que no se llevan bien. Bueno, Jin no es tan estúpida. No sería bueno mostrar abiertamente que tienes una mala relación con el rey —pensó Eugene.

—Y, justo antes de conocer a Marianne el otro día. Su alteza estaba furioso. Pero, no me dijo por qué. ¿Sabes algo al respecto? —Ella continuó preguntando.

—El rey estaba enojado porque la reina dejó el castillo sin decir una palabra. Supongo que por eso perdió el control de sí mismo y se enfureció tanto. Solo estaba preocupado por ti.

Eugene pensó que la respuesta de Marianne no era cierta. ¿Había estado preocupado por Anika? ¿O solo le preocupaba que ella no cumpliera con el contrato?

El rey, enojado, vino a quejarse de que faltaba algo. Cuando le dijo que perdió la memoria, recordó su expresión de disgusto. No se sentía para nada preocupado por el bienestar de Jin Anika.

Marianne no parece saber lo que el reino perdió, ese mismo día: las doncellas que Jin Anika llevo con ella al desierto.

Eugene hizo una mueca internamente. Es como si todos fingieran ignorancia sobre ello. Habían estado callados desde entonces. No oyó palabra alguna, sobre las criadas; como si sus vidas fueran insignificantes.

—Las criadas que…fueron al desierto conmigo y desaparecieron…

Eugene sintió una pesadez en su corazón al pensar en ellos. Sintió más pena por no poder sentir su ausencia debido al hecho de que no los había conocido.

— ¿Realmente, no hay posibilidad de que sigan vivas?

Eugene sabía cuál era la respuesta, y eso la mortificaba, pero, aun así, tenía que preguntar. Ella necesitaba preguntar. —El rey dijo que son consideradas infractores de la ley y que no escaparan de la muerte incluso si vuelven con vida —añadió, la quietud en su voz daba paso al miedo en su corazón.

— ¿Es así como lo dijo? ¿Palabra por palabra? —Preguntó Marianne, un poco decepcionada con la decisión del rey. Ella no estaba de acuerdo con esa decisión.

—Entonces, ¿me ayudarás?

— ¿Qué puedo hacer por la reina?

—No lo recuerdo, así que no conozco sus circunstancias personales. Una de ellos podría haber estado casada, otra podría haber sido la responsable de una familia —ella comenzó a hablar frenéticamente, preocupada por la familia dejada por los sirvientes que ni siquiera podía recordar. La reina no estaba interesada en sus asuntos personales desde el principio. Ella no habría pensado en eso, después de saber cómo era antes. Sin embargo, Marianne no se molestó en señalar este hecho. Escuchó, sin decir una palabra, las divagaciones de Eugene.

—Quiero poder hacer las paces y ayudar si están teniendo dificultades. No sé cuál es el procedimiento y no creo que el rey lo permita. ¿Es este un favor difícil? —Preguntó ella, y Marianne no pudo evitar sonreír ante su seriedad.

—Su Alteza, haga el pedido y yo me encargaré.

—Gracias —dijo Eugene con alivio, la tensión de sus hombros desapareció. Marianne no pudo evitar sentir una leve punzada en el pecho. Este era un verdadero milagro ocurriendo frente a ella, porque una persona no puede cambiar su actitud por completo. La pérdida de memoria representa una excelente manera de comenzar de nuevo.

Siempre decían que las cosas malas vienen seguidas de lo bueno. Dos lados de la misma moneda. Marianne solo podía esperar que esta vez, las cosas comiencen a cambiar y resulten beneficiosas para el reino.

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