Reencarné en una mujer egoísta – Capítulo 15: Me llegó una carta

Traducido por Devany

Editado por Sakuya


Un ronroneo rodeo la habitación. Con cada caricia que realizaba Wirbel a Dieter, este último soltaba un adorable ligero sonido.

—Bien, bien, fufu que lindo.

Mientras Wirbel se encontraba sentado en un sofá, acariciaba a la criatura que yacía en su regazo. Su suave y blanco pelaje parecía ser agradable al tacto. El pequeño ronroneo de Dieter lo hacía lucir como una mascota. No había rastro alguno de aquella amenazante y aterradora aura que antes lo rodeaba. Continue reading

Escapó otra vez – Capítulo 61: Mi familia tiene un pequeño erudito

Traducido por Army

Editado por Ayanami


—El emperador anterior, parecía haber mencionado algo similar antes. Lamentablemente, debido a la insuficiencia de fondos, se dejó sin resolver.

Shao Zitang pensó profundamente, antes de recordar.

Posteriormente, las tres personas, una vez más, miraron hacia Feng Tingye y vieron que estaba pensando profundamente. Luego, agitó la mano como si no fuera su responsabilidad, y habló directamente: Continue reading

Dama Caballero – Capítulo 75: Buenas noches, mi esposa

Traducido por Kiara

Editado por Gia


—Parece que está bien preparado. Sin embargo, es una lástima por las flores rojas… Todavía quedan muchas flores de lavanda en la plaza Bellouet y las habría enviado aquí si lo hubiera sabido.

Elena divagó sobre las primeras palabras que le vinieron a la mente, mientras, observaba los pétalos rojos esparcidos por toda la habitación. No quería que  se enterara de lo nerviosa que estaba. Carlisle se hundió en un lujoso sofá con una expresión indiferente y respondió en voz baja.

—¿Eran flores de lavanda las que decoraban la plaza Bellouet? No lo sabía.

No podía creer que él olvidara por completo ese detalle prominente. El púrpura no era un color común para una boda.

—Las lavandas estaban en todas partes, ¿no te diste cuenta? ¿Qué estabas mirando en su lugar?

Elena hizo una pausa. Una escena se proyectó en su mente, el momento en que los ojos azules de Carlisle se clavaron en ella.

Debe estar bromeando…

Los ojos rojos de Elena brillaron con asombro.

—¿No sabías lo que estaba viendo?

—Yo… no… sé.

—Sientes curiosidad, ¿debería decírtelo?

Elena no necesitaba que él le dijera. Su respuesta, probablemente, sería que las decoraciones de la boda eran inmemorables y que solo miraba a Elena. Su rostro se calentó de vergüenza ante la idea.

—Ah, no importa. Solo fueron las flores de la ceremonia.

Elena se apresuró a responder antes de que Carlisle pudiera decir algo más. Sin embargo, notó su repentina timidez y una sonrisa tiró de la esquina de su boca.

—¿Cuánto tiempo vas a estar ahí parada?

—Ah…

De repente, se dio cuenta de que se había quedado parada junto a la puerta y se recordó a sí misma que este matrimonio era un camino que voluntariamente había elegido. Relajó la tensión en sus hombros y, con una mirada decidida, entró en la habitación. La enormidad de esos pocos pasos fue abrumadora.

Cerró la puerta y, pronto, estuvo completamente dentro de la habitación. Después de inhalar profundamente, Elena se dio la vuelta, lo más casual que pudo y se acercó al otro extremo del sofá donde estaba sentado Carlisle. Él la observó sin decir nada, luego, tomó la botella de vino tinto que estaba sobre la mesa.

—¿Quieres una bebida?

—Estoy bien.

Lo consideró brevemente, pero luego pensó que no sería una buena idea en este momento. Carlisle se sirvió un vaso y tomó un sorbo sin más comentarios. Elena no pudo evitar notar lo atractivo que se veía mientras bebía, por lo que siguió robándole miradas furtivas. Carlisle, ajeno a su interés, vació su vaso y luego volvió a hablar.

—Por favor, no te pongas nerviosa. Cuando siento que estás así… tengo ciertos pensamientos…

Parecía haber notado la tensión que retorcía la mente de Elena, a pesar de su apariencia aparentemente tranquila. Sin una respuesta en particular para darle, ella se sentó y escuchó, mientras, él continuaba con voz apagada.

—Intenta ocultarlo lo mejor que puedas a partir de ahora, incluso en esta sala. Si siento una apertura, querré penetrarla.

Las palabras, que sonaban como advertencia, podrían interpretarse de muchas maneras.

Una abertura…

La condición en su contrato decía que no dormirían juntos hasta que ella se convirtiera en la emperatriz. Era casi irracional esperar que un hombre y una mujer permanecieran juntos sin que suceda nada entre ellos.

El hecho de que Elena no tuviera experiencia en el romance, no significaba que fuera ignorante. Eventualmente, llegaría el momento en que tendría que acostarse con Carlisle, pero eso no podía suceder ahora. Antes de que Carlisle se convirtiera en emperador, ella sería su arma, en lugar de su mujer.

Paulatinamente, la extraña sensación que corría por su cuerpo disminuyó y pudo recordar lo que tenía que hacer.

—¿Estás diciendo que no puedes mantener nuestro contrato? —habló Elena bruscamente, pero Carlisle sacudió la cabeza.

—Por supuesto que no. No habría aceptado el contrato de otra manera. Solo quiero decir…  No me lo pongas difícil.

¿Difícil? ¿Por qué?, pensó Elena mientras miraba a Carlisle, quien sonrió levemente.

—Algunas veces el nerviosismo parece anticipación en los ojos de otra persona. Y con la anticipación viene el deseo de cumplirlo.

Elena levantó la voz en señal de protesta.

—¡El nerviosismo y la anticipación son completamente diferentes!

—Lo sé, pero no hagas una expresión tan disgustada como la que tienes ahora. Si lo haces, me hará querer molestarte. Y luego, podría llegar al punto en que no pueda detenerme.

¿Por qué tenía que ser tan complicado? Elena estaba convencida de eso mientras más lo miraba. Sin embargo, no podía obviar aquellos ojos que la miraban  de forma hambrienta.

—Dado que mantengo nuestro contrato fielmente, no olvides la otra parte de nuestro acuerdo —indico él.

Su contrato decía que no dormirían juntos hasta que ella se convirtiera en emperatriz, pero cuando eso pasara, lo harían. Carlisle claramente estaba tratando de llegar a ese punto ahora. Elena hizo una pausa antes de responder.

—Lo sé.

Por ahora, ella tenía un período de gracia. Cuando Carlisle se convirtiera en emperador y pudiera asegurar la supervivencia de la familia Blaise, entonces se desarrollaría un futuro completamente diferente al anterior. Todavía no estaba segura de cómo sería su relación cuando eso pasara. Salvar a su familia era su máxima prioridad ahora, el resto lo podría pensar más adelante.

No tengo tiempo para enfocarme en nada más hasta entonces, pensó Elena.

Hasta ahora, su plan se había desarrollado sin problemas, pero su felicidad en el presente no significaba que hubiera olvidado el dolor del pasado. Los años donde fue un caballero habían sido largos y duros; en cambio, ahora solo era una princesa. Todavía había muchas montañas que cruzar antes de que pudiera convertirse en emperatriz.

Carlisle dejó la copa de vino sobre la mesa.

—Bien. Si estás cumpliendo tu promesa…

Carlisle se levantó lentamente de su asiento para tomar una espada decorativa, la cual colgaba de una pared.

Rápidamente, deslizó la hoja sobre su palma.

La sangre comenzó a fluir por su mano y Elena saltó de su asiento con un grito aturdido.

—¡Caril!

Sin embargo, la expresión de Carlisle permaneció tranquila. Estaba a punto de preguntarle qué estaba haciendo, pero después de un momento, quedó claro.

Carlisle permitió que la sangre goteara desde su palma hacia la cama. Había una vieja tradición entre las familias imperiales, la cual era colocar sábanas blancas en la cama para la noche de bodas. La superstición decía que si las sábanas manchadas de sangre se quemaban al día siguiente, la novia daría a luz a un niño sano.

Elena se quedó sin palabras. Ella miró a Carlisle con una expresión conflictiva en su rostro, pero este  habló primero con una sonrisa.

—No tienes que decir nada.

Elena quería protestar. No había razón para que él hiciera eso. Era solo una formalidad y no era como si un matrimonio pudiera ser anulado por la ausencia de sangre virgen. En caso de que tuviera que haber sangre, debería haber sido la de Elena.

Su queja brotó en su garganta, pero no pudo decirla. Realmente se preocupaba por ella.

—Mi deuda sigue aumentando —expresó.

Elena tenía sentimientos encontrados sobre él otra vez. Ella se había prometido repetidamente que no quedaría cegada por Carlisle hasta que se garantizara la seguridad de su familia, pero sintió que él, lentamente, la estaba tambaleando.

Carlisle estudió la expresión conflictiva de Elena y le dio otra extraña sonrisa.

—Me alegra saber que te sientes más en deuda.

Parecía extrañamente feliz con esta situación. Elena se apresuró a Carlisle y sacó un pañuelo para envolverlo alrededor de su mano.

—Lo trataré adecuadamente mañana —manifestó ella, echando una mirada desesperada a la herida de Carlisle sin siquiera darse cuenta.

—No me mires así.

—¿Qué?

—Como si estuvieras preocupada. Querré lastimarme más.

Los ojos de Elena se abrieron.

—Tú… ¿No quieres que me preocupe por ti?

—Más bien quiero tu atención —expresó él.

—Entonces, no tendrás que preocuparte —respondió ella con calma, y ​​él la miró con curiosidad. Una sonrisa apareció en su rostro—. ¿No sabes que mi mayor preocupación eres tú, Caril?

Los ojos azules de Carlisle la miraron fijamente ante sus palabras. Su boca se torció, como si no tuviera idea de cómo reaccionar.

—Eso suena bien para mis oídos.

—Antes de ser tu esposa por contrato, soy tu guardaespaldas y la responsable de tu seguridad.

La sonrisa de Carlisle se desvaneció.

—Desearía no haber escuchado eso.

—¿Qué?

—Debes estar cansada, así que ve a dormir.

Elena se congeló ante la sugerencia de Carlisle. Dormiría en esta habitación, naturalmente, pero aún no se había decidido dónde y cómo dormirían.

¿Qué hacemos? No sé si debería dormir en el sofá…

Mientras los pensamientos de Elena se deslizaban por su mente, Carlisle se dirigió hacia el sofá y se tumbó sin decir una palabra. El sofá era lo suficientemente largo como para acomodar a varias personas, pero sus piernas estaban algo apretadas debido a su altura. Elena se recuperó rápidamente y habló.

—Dormiré en el sofá. Eres demasiado alto y sería inconveniente para ti dormir ahí.

—Tú duermes allá y yo duermo acá. Eso no es negociable.

Carlisle levantó el brazo para cubrirse los ojos, haciendo ademán de que no permitiría más discusiones.

Se paró por un momento y debatió consigo misma, pero al final decidió que no sería capaz de obligar a Carlisle a ponerse de pie. Miró la cama, que era demasiado grande para una sola persona, para luego hablar.

—Bien. Entonces, me lavaré primero.

—Claro.

Tenía que quitarse el maquillaje y ponerse un camisón antes de acostarse, por lo que se apresuró a ir al baño.

Después de unos minutos, el sonido del agua hizo eco en toda la habitación. Carlisle, quien estaba acostado boca arriba en el sofá, se quitó la corbata del cuello.

—No creo que pueda durar hasta que me convierta en emperador.

Kiara
Ay, esta Elena que mala, dice cosas lindas y luego dañas el asunto. Ay, mi Caril entiendo tu dolor, es el mismo que el mío, aqui esperando mi noche zukulenta y de pasión

Después de una ducha rápida, Elena volvió cuidadosamente a la habitación. Las luces estaban apagadas y Carlisle ya estaba vestido con un cómodo atuendo para dormir.

—Me lavé lo más rápido que pude, pero ya estás listo para dormir.

La habitación estaba lujosamente amueblada, no solo con un baño, sino con dos, cada uno para uso separado, al igual que un tocador. Elena notó que el cabello de Carlisle estaba húmedo, como si él también hubiera salido de la ducha. Sin embargo, no podía ver su rostro, debido a que todavía se cubría con el brazo.

—Esto no es tan incómodo como pensaba.

Quizás fue porque Carlisle se durmió primero, pero al final fue mucho menos estresante de lo que había imaginado. Ella se metió en la cama. Las huellas de la sangre de Carlisle todavía estaban en las sábanas, pero afortunadamente la cama era lo suficientemente grande como para que ella se acostara alejado de ello.

Es extraño.

De ahora en adelante, ella viviría aquí en lugar de la mansión Blaise. Se perdió tanto en sus pensamientos que se quedó dormida sin darse cuenta. Desde la boda hasta la recepción, su cuerpo había estado trabajando hasta el cansancio.

Elena, vagamente, sintió que alguien acariciaba su cabello muy suavemente. La mano la tocó un tanto vacilante, como si fuera la primera vez que lo hubiera hecho.

—Hmm.

Elena se quejó dormida y la mano dejó de moverse. Finalmente, su respiración se volvió estable mientras se relajaba y una voz familiar le susurró al oído.

—Buenas noches, mi esposa.

Todo su cuerpo parecía algodón y, en lugar de abrir los ojos para ver quién era, finalmente decidió sucumbir al sueño.

♦♦♦

Cuando Elena se despertó, abrió mucho los ojos. Apenas recordaba haber sido perturbada mientras dormía anoche.

¿Qué es eso?

Se levantó de la cama y se le cayó la mandíbula cuando vio la escena ante ella.

—¡Ah…!

Habían cinco cajas grandes, llenas de joyas que no estaban ahí la noche anterior. Era como si una familia aristocrática adinerada hubiera sido saqueada de la noche a la mañana.

—¿Qué demonios es esto…?

Ella sacudió la cabeza, tratando de retirar los rastros de somnolencia, mas la increíble visión no desapareció. Elena miró alrededor de la habitación, pero no había señales de Carlisle. Inmediatamente, llamó al timbre junto a su cama y ​​una criada entró en la habitación.

—¿Durmió bien, Alteza?

Elena abrió la boca con torpeza ante el título desconocido.

—¿Qué son estas joyas de aquí?

—Oh, este es su regalo de devolución. Creo que este es el regalo más grande dado en la historia de Ruford. ¡Felicidades!

—¡Regalo de devolución…!

Una tradición de boda, la cual había escapado de su memoria, regresó a ella. Por lo general, las mujeres casadas con la familia imperial contaban con una gran dote, por lo que era costumbre que el novio devolviera parte del dinero después de la noche de bodas. Era más una cortesía que un requisito y el valor difería dependiendo de cuánto se amaba a la novia. Como tal, la mayoría de las personas evaluaron el amor que los hombres de la realeza tenían por su esposa en función de las joyas dadas. Carlisle no solo se negó a aceptar una dote de Elena, sino que le había dado el mayor regalo de devolución en el imperio Ruford.

La criada continuó con asombro.

—Los rumores sobre las joyas ya se han extendido y hay innumerables nobles que la envidian.

Elena asintió levemente, presionando lentamente sus sienes.

¡Este hombre…!

Ella suspiró en secreto, recordando a Carlisle, a quien había visto la noche anterior.

—¿Dónde está Su Alteza ahora?


Kiara
Esto si esta bueno, levantarse rodeada de joyas, tan detallista nuestro Caril

Disfruta de los árboles en flor durante el camino de regreso – Capítulo 8 (1)

Traducido por Shiro

Editado por Ayanami


En el presente, en Dashao, en todos los niveles sociales, tanto gubernamentales como públicos, había dos importantes noticias:

La primera era, que el rey de Turpan trajo el raro y sin igual tesoro nacional de su país, el rocío de miel de Turpan, y vino a Dashao a proponer matrimonio, con la esperanza de casarse con el hermano menor del emperador, quien acababa de cumplir dieciséis años, Song Shuo, como su esposa y para que se convirtiera en su reina. Como resultado, dicha persona tomó el raro y sin igual rocío de miel y lo estrelló contra la cabeza del rey de Turpan mientras decía: Continue reading

Princesa Bibliófila – Volumen 2 – Arco 1 – Capítulo 3: El lado oscuro de la fiesta de la tarde

Traducido por Maru

Editado por Sakuya


Nos dieron la señal y nos aventuramos en el lugar, la luz cegadora me impulsó a entrecerrar los ojos. Pude ver al príncipe Theodore precediendo con una adorable joven a su lado, su cabello dorado brillante peinado detrás de su cabeza. Seguí después de él, entrando en el deslumbrante salón que organizó la fiesta de esta noche. Mi tío, el conde Storrev, se deslizó a mi lado.

Por lo general, mi tío debería haber estado escoltando a su propia hija, ya que era menor de edad, pero como no tenía a mi padre ni a mi hermano aquí conmigo, se había ofrecido como voluntario en su lugar. Me preocupaba lo que Lilia haría sin compañía, pero era ingeniosa y lo suficientemente calculadora como para engancharse a un hombre (un pariente lejano y soltero) para actuar como su cita. Mi preocupación, al parecer, había sido injustificada. Continue reading