La Dama del Señor Lobo – Capítulo 17: La otra vida, de ti y de mí

Traducido por Maru

Editado por Meli


Me di la vuelta al escuchar la voz del viento llamándome.

En medio del jardín de flores, donde florecían profusamente flores en una miríada de colores, vi una gran sombrilla blanca. Rodeando la mesa circular debajo de ella, todos estaban allí.

Levanté la tela de mi falda que parecía tan larga que se enredaba con mis piernas. Me preguntaba por qué… Usaba este tipo de vestido todo el tiempo, pero de alguna manera lo encontraba un poco molesto ahora. Inclinando el cuello llego al lugar donde está mi familia.

—Debes tener hambre, ¿no es así?

—Mira, es tu pastelería favorita de la capital. Continue reading

El Conde y el hada – Volumen 7 – Capítulo 1: La ansiedad de estar separados

Traducido por Den

Editado por Meli


«Mi amada Lydia: 

Ayer nevó bastante en Londres. 

Desde temprano en la mañana, ocurrieron accidentes de carruajes aquí y allá, y fue un espectáculo muy interesante ver a todas esas personas que se caían frente a la mansión. 

El río Támesis también se ha congelado por completo, y está lleno de gente que se divierte patinando. 

Cuando los veo patinar alegres, tomados de la mano, anhelo que estuvieras aquí. Dado que la temporada navideña es una en la que pasas tiempo con la familia, te imagino con tu padre tomando unas tranquilas vacaciones. Mientras me pregunto cómo estás, deseo de todo corazón que algún día pueda pasar la Navidad y el Año Nuevo contigo. 

Ya casi es la duodécima noche. 

La temporada navideña en la sociedad londinense ya se considera terminada, pero no haré algo insensato como preguntarte cuándo volverás. 

Ya que desde el principio fue una promesa que pudieras pasar las vacaciones como quisieras, no quiero que me veas como un empleador que te hace trabajar demasiado. 

Reprimiré mis ganas de querer verte de inmediato y desviaré mi ansia escribiéndote cartas. 

Pero a decir verdad, no puedo estar tranquilo. Estoy seguro que me malinterpretaste y por eso regresaste a Escocia. Por ese motivo me preguntaba si todavía tienes la intención de volver a Londres una vez más. 

Estoy seguro de que hace bastante frío donde estás. Me preocupa que puedas resfriarte. 

Siempre dices que no puedes confiar en mis palabras, mas te pido que confíes en mí solo una vez. 

Incluso si estamos separados, pienso en ti. 

Edgar Ashenbert.»

Meli
Tengo que reconocer que es bueno con las palabras... Me robó un suspiro

♦ ♦ ♦

Después de doblar la carta y guardarla en una pequeña caja de madera castaña, Lydia emitió un leve suspiro.

Desde que se convirtió en la Doctora de Hadas del conde de Ibrazel, lord Edgar Ashenbert, era la primera vez que se había alejado de él durante un largo período de tiempo.

Se vio obligada a tomarse un descanso vacacional en Escocia, lejos de Londres, en la casa de su familia cerca de Edimburgo. Pero por curioso que resulte, no podía conservar la calma. Eso se debió a que casi todos los días recibía cartas de Edgar.

Él era un conde que no dudó en tratarla como su futura esposa y hablarle con dulces palabras, sin embargo, ella huyó por miedo a enamorarse. Era  un mujeriego de renombre, que se involucraba en numerosas relaciones.

No sabía si creer en sus cartas, no obstante, cada una de ellas la hacía relajar los músculos de sus mejillas al leer sobre los pequeños sucesos de Londres. Además, la hacían sentir un leve dolor en su pecho cuando pensaba en la soledad de Edgar al no tener ningún familiar. Su corazón se sacudía con sus palabras inusualmente serias.

Parecía ser sincero y honesto. Como si no fuera  el noble audaz y altivo y que, dependiendo de la persona, se convertía en un hermoso, apuesto y malicioso demonio.

Él tenía una parte delicada y solitaria, que la arrastró a  vivir en Londres para más tarde trasladarse a su residencia y a convertirse en su “prometida”.

En su mano izquierda, llevaba el “anillo de compromiso” de piedra lunar. Solo Edgar podía quitárselo y, sin embargo, regresó a casa olvidando que lo llevaba puesto.

La piedra lunar poseía el poder mágico y cuidado del hada minera Coblynau, pero la gente normal no podía verla por lo que pasaba desapercibido para su padre y las personas del pueblo.

En sus vacaciones Lydia se quedó sola porque su padre, que asistía a una fiesta que se celebraba desde la víspera de Año Nuevo hasta Año Nuevo, se había embarcado en un viaje hacia el norte de Europa después de declarar que quería hacer un estudio geológico mientras la universidad estaba cerrada.

Ahora estaba en una situación en la que iría a Londres en cualquier momento si tenía ganas de ir. Sin embargo, sus sentimientos no estaban resueltos, por lo que estaba pasando el tiempo ociosamente.

Se alejó de su escritorio y se acercó a la ventana. Limpió el cristal empañado con la punta de sus dedos y observó el cielo cubierto de nubes grises. Al parecer pronto atardecería.

El cristal de la ventana que daba al exterior estaba congelado. Cuando entró en contacto con en el aire de la habitación, que estaba caliente por la chimenea, no tardó en volver a empañarse.

Cuando limpió el vapor de niebla una vez más, vio su débil reflejo con su cabello rojizo suelto. Sus ojos eran de un verde dorado y con ellos podía ver las hadas que las personas normales no podían. Esos ojos, que eran rechazados por la gente del pueblo —que también la llamaban bruja—, la miraban a través del espejo como si estuvieran listos para comenzar una pelea.

Dado que no podía creer que Edgar estuviera pensando en ella, como dijo en la carta que le envió, no se veía capaz de enfrentarlo cara a cara con facilidad.

—Lydia, ¿tal vez estás esperando una carta suya?

Una joven de cabello café atado en una coleta apareció en su puerta.

—¿Qué? Oh, cielos. Lota, ¿qué estás diciendo? Eso es imposible —se apresuró a negarlo, pero Lota todavía pareció preocupada.

Lota era una antigua pirata que decidió vivir en Londres durante un tiempo después de conocer a su verdadero abuelo. Pero hace unos días apareció sola en su pueblo, diciendo que quería pasar tiempo con su amiga.

—Pero, ¿sabes?, a la misma hora, todos los días, te paras junto al alféizar de la ventana. Justo cuando es hora de que llegue el correo.

—Oh, ¿de verdad? No me di cuenta.

—¡Mira, es el cartero!

Enseguida, Lydia presionó su mejilla contra la ventana.

—Es broma… —dijo riéndose.

—Qué mala.  —Se sonrojó e hizo un puchero.

—Lo siento, lo siento, no es algo que debas ocultar —Le dio palmaditas en el hombro.

—Antes enviaba una carta todos los días, me preocupa que enfermo o lesionado.

La carta que había leído antes era una que había llegado hacía un tiempo.

—¿Edgar? ¿Enfermo? ¿Lesionado? De ninguna manera. Lo más seguro es que este sea uno de sus planes —Lota se sentó en una silla y cruzó las piernas. Incluso si decidió vivir con su abuelo, no podía deshacerse de la forma masculina en la que se comportaba ya que solía ser la capitana de una tripulación pirata.

—¿Plan?

—Sabe que si deja de enviar cartas, te preocuparás. Justo como ahora. Por lo que él está tratando de tentarte a acortar tus vacaciones y regresar a Londres.

Eso tenía sentido.

Lota era una vieja conocida de Edgar y sabía exactamente lo malo y coqueto que era.

Casi soy engañada.

Se decidió a no esperar más cartas, se calmó y se alejó de la ventana. Pero salió corriendo de la habitación hacia el jardín tan pronto como escuchó el tintineo de la campana que usaba el cartero. Abrió de golpe la puerta de madera para llegar al buzón. Vio un sobre blanco asomado e intentó sacarlo, pero un gato de esponjoso pelaje gris se lo arrebató.

—Al fin está aquí, esto es para mí.

—Nico, ¿escribes cartas? —Lo miró con incredulidad.

—Escribir cartas es lo que hacen los caballeros. —sacó el pecho arrogantemente y contestó de pie sobre sus patas traseras encima del buzón.

Él era un hada al que le gustaba usar corbata, cepillar su pelaje y caminar imitando los gestos de un caballero. También era el amigo de la infancia y el compañero de Lydia, pero debido a que pasaba tanto tiempo con los humanos podía leer y escribir. De todas las hadas que conocía, era la más humana.

Sin embargo, no importaba cuánto intentara imitar, siempre estaría en el cuerpo de un gato de largo pelaje gris. Por lo que cuanto más humano actuaba, más extraño parecía.

—Señorita Carlton, señor Nico, ¿podrían escuchar? —La voz vino de los arbustos. Coblynau, el pequeño hada de nariz chata, barba despeinada y vestido como un minero del carbón salió de entre las hojas. Se deslizó hasta la cerca y comenzó a botar cuando llegó arriba—. ¡Es una emergencia!

Las hadas tendían a exagerar, por eso Lydia se enfocó en el buzón. Pero al parecer la carta dirigida a Nico era la única, porque no había nada dentro.

—Señorita, esto tiene que ver con su prometido el Conde Caballero Azul.

Lydia se volvió hacia él.

—Sabes que no soy la verdadera prometida de Edgar, ¿verdad?

Conde Caballero Azul era otro nombre para el lord de Ibrazel.

Su compromiso con Edgar no era real. Solo fue el resultado de una situación problemática que acabó muy mal y, desde entonces, él la había estado tratando como su futura esposa.

Ella ha estado corrigiendo repetidamente a este pequeño hada, pero mientras llevara el anillo de compromiso de piedra lunar, Coblynau solo la vería como la futura esposa del Conde Caballero Azul.

—Parece ser que el último conde Ashenbert apareció en Inglaterra hace cien años.

¿Hace cien años? 

Según los registros oficiales, un heredero Ashenbert no ha aparecido durante los últimos trescientos años.

—¿Quién dijo eso?

—Los cisnes blancos en la orilla del río. ¿Ha oído que hay pequeñas hadas que viven entre los cisnes y viajan con ellos?

Por supuesto que sabía que había hadas que viajaban montadas sobre aves migratorias. No obstante, no podía acercarse a aves salvajes y cautelosas.

—Aparentemente en el pasado su rebaño fue rescatado por el Conde Caballero Azul.

—¿Fue en verdad el conde? Podría ser un impostor del otro linaje —interrumpió Nico.

Eso también podría ser cierto. Incluso si se creía que no existía ningún miembro vivo de la familia Ashenbert, existía un linaje ilegítimo. El chico de esa línea sanguínea estaba actualmente en desacuerdo con Edgar, quien había heredado el título de la familia.

—Debe ser verdad porque afirmaron que el ejército de Ibrazel y la familia banshee [1] también vinieron. Incluso si ese hombre hubiera nacido del conde, alguien del linaje inferior no podría haber hecho algo así.

Lord Cabellero Azul fue un humano que gobernó el reino de las hadas y juró su lealtad al rey de Inglaterra, quien le otorgó el título de conde.

Sus descendientes fueron conocidos como Conde Caballero Azul y poseían propiedades en Inglaterra, pero Ibrazel, una gran isla que se cree que es un mito, era la residencia principal del conde y no sería sorprendente que existiera un ejército.

Era posible que las hadas que vivían con los cisnes conocieran al verdadero conde durante sus viajes. Por lo tanto, los descendientes legítimos del conde podrían estar vivos en algún lugar. O ¿fue el conde que apareció hace cien años el último heredero? Entonces ¿por qué éste no recuperó la espada de las Merrow?

—Coblynau, me gustaría conocer a esas hadas.

—Uhh, parece que ya han partido. Dijeron que les gustaría conocer al conde y su esposa, pero las circunstancias no les permitieron esperar…

Como dije, no soy su esposa, pensó y frunció el ceño con una mirada frustrada.

—¿Cuáles fueron esas circunstancias? —preguntó Nico, en lugar de Lydia.

—Bueno, eso, uh… —Se veía angustiado.

—Oye, Lydia, encontré algo genial.

En ese momento, un joven apuesto saltó sobre los arbustos y aterrizó justo delante de Lydia.

—¿Q-Qué quieres, Kelpie?

Él se peinó  su agitado cabello negro ondulado hacia atrás con la mano. Luego le dirigió una sonrisa infantil y soltó unas plumas de pájaro que cayeron alrededor de Lydia.

La vista de las plumas blancas flotando como regalos de un ángel era tan romántica que uno no podía apartar la mirada…

Pero el romance no podía representarlo este caballo acuático bárbaro que estaba de pie frente a ella.

—¡Te comiste un cisne!

—Me aseguré de guardar las plumas. Solo para ti. Recordé lo feliz que te veías cuando recogiste una el otro día durante tu paseo.

Porque la pluma blanca era maravillosa. 

No había duda de que Kelpie las arrancó antes de devorar a la criatura, por lo que no podía disfrutar de ese regalo.

Los cisnes nunca habrían imaginado que un caballo acuático viviera en las Tierras Altas tan cerca de Edimburgo. Lydia sintió lástima por las aves que perdieron a un querido miembro de su bandada. Suspiró al pensar en lo lejos que estarían en el cielo, mientras se quitaba las plumas pegadas a su vestido.

Kelpie la miró con alegría con la boca llena de plumas.

—Lydia, ¿no crees que la vida en Escocia es genial? Hay tantas cosas para comer y el agua está tan limpia y deliciosa. ¿No sientes ganas de querer vivir aquí para siempre?

—No debe, señorita. No debe escuchar lo que dice este hada de la Corte Unseelie [2] —protestó Coblynau mientras tiraba de un mechón del cabello ondulado de Kelpie, quien se inclinaba hacia ella.

—Ese conde nunca podrá hacerte feliz. ¿No recuerdas lo cansada que estabas cuando llegaste aquí? Fue culpa suya, ¿no? Saliste lastimada por sus amoríos, ¿no es así?

—¿De quién escuchaste eso? —Cuando Lydia miró a Nico, este desvió la mirada.

No puede mantener la boca cerrada. Pero lo que Kelpie dijo puede ser cierto. 

No estaba segura de querer cambiar la distante y, al mismo tiempo, cercana relación que tenía con Edgar. Regresó a Escocia por miedo a que eso sucediera, pero a medida que pasaba el tiempo ahí, fue recuperando poco a poco su antiguo yo.

La gente del pueblo, como siempre, no creía en hadas y cotilleaba sobre la bicho raro de Lydia desde lejos, pero a pesar de que la gente hablaba mal de ella a sus espaldas y de que nadie entendía sus sentimientos, se dio cuenta de que nunca estaría sola mientras tuviera a las hadas. Sin embargo, cuando dejó Londres, se sentía sola, cansada y confundida pese a tener su compañía.

Durante el tiempo que estuvo con Edgar, debe haber creído que parecía una chica normal, o incluso más.

Si el noble y apuesto Edgar, que era el soltero más cotizado de la sociedad de Londres, declarara con sinceridad que estaba interesado solo en ella, entonces no le importaría considerarlo… Pero después de recobrar el sentido y recordar cuánto lo había deseado por un segundo, se dio cuenta de lo vanidosa y soñadora que era.

Cada persona nace con lo que puede y no puede hacer. Todos deberíamos vivir dentro de nuestra propia capacidad y vivir tranquilamente con las hadas era la mejor vida para ella.

—No, señorita, los amoríos de un hombre casado son como una enfermedad. Mientras lo trate con profundo amor, se curará y llegará a amar solo a su esposa… —dijo Coblynau mientras seguía tirando del cabello de Kelpie.

Algo así solo podría pasar en un millón de años. Además, ¿por qué tengo que ser la generosa? 

—Si está preocupada por su infidelidad, es mejor que regrese con el conde. Señorita, no debería estar engañándolo con un kelpie.

—Espera un momento, eso es una buena idea. Lydia, si quieres volver con el conde, te ayudaré —ofreció Kelpie.

—¡No tienes que hacerlo!

—Entonces, por favor, regrese a Londres —discutió Coblynau.

—Oye, enano, no te metas en los asuntos de los demás. Lydia no volverá a Londres nunca más —Agarró al coblynau.

El hada minero debe haber temido que se lo comiera porque se puso pálido y se desmayó.

—Oh, Kelpie, no seas malo con él.

—¡Oigan todos, el té está listo! —gritó Lota.

Nico fue el primero en bajar de un salto del buzón y correr hacia la puerta. Luego, pequeñas hadas salieron de unos arbustos. Incluso Coblynau se despertó y escapó de la mano de Kelpie para ir a tomar el té.

—La comida humana no es tan sustanciosa —murmuró él mientras entraba en la casa.

Cielos, en definitiva, las hadas dicen y hacen lo que quieren.

Pero aún así no las odiaba por su egoísmo e inocencia. Si sabías llevarte bien con ellas, te trataban bien.

En primer lugar, nadie se atrevía a acercarse a la casa Carlton que estaba ocupada por hadas, así que los únicos que se encargaban de la limpieza del hogar eran los trasgos.

La casa de la familia fue construida en la mejor ubicación de la zona, y debido a que su padre era un profesor universitario muy respetado por la gente del pueblo, podía contratar a una ama de llaves para que limpiara y cocinara todos los días mientras él estaba. Sin embargo, como su única hija era considerada un bicho raro, ninguna ama de llaves era contratada cuando ella estaba sola.

En un hogar así, era maravilloso tener un invitado humano que se sentaría a tomar el té con ella.

El té, preparado por los trasgos residentes, apareció de la nada en la mesa, pero  Lota no se desconcertó.

Las hadas la rodearon para examinarla, era una rara oportunidad de ver a su amiga humana.

Qué tarde tan tranquila. 

Podía ver que esta era la mejor vida para ella.

Si se quedaba aquí, Edgar no la confundiría ni agitaría… tanto. Si no regresaba a Londres, ¿qué pensaría él?

—Lydia, ¿qué estás haciendo? —preguntó Lota.

La luz encendida llamó la atención de Lota. Cuando asomó la cabeza en la habitación, vio que Lydia estaba dando vueltas por el estudio a altas horas de la noche.

—¿No vas a dormir?

—Solo quería investigar algo.

Estaba buscando el diario de su madre: una Doctora de Hadas. En él había registros y notas útiles sobre las hadas.

Leyó varias veces todos los volúmenes de la colección de su madre para ver si había algo escrito sobre el Conde Caballero Azul, pero no encontró nada. Dado que el condado era de la nobleza inglesa, era posible que no hubiera ninguna información al respecto en Escocia.

Tal vez su madre solo sabía lo que se publicó en la popular novela sobre el conde.

Lota colocó el candelabro sobre la mesa y miró lo que había garabateado.

—¿Se trata del Conde Caballero Azul?

—Um, bueno, sabes que soy la Doctora de Hadas privada de Edgar, ¿verdad? Él no sabe nada sobre las hadas, pero necesita saber cómo comunicarse con ellas o tendrá problemas en el futuro.

Lydia sabía cuánto quería Edgar convertirse en el primer conde. Si no lo deseara tanto, no podría vencer al hombre que heredó los poderes mágicos del conde.

Estaba inquieta por lo que dijo Coblynau, por lo que decidió aprovechar esta oportunidad para investigar con detenimiento sobre la historia familiar del conde, pero eso no se debía a que estuviera preocupada por él, sino porque era su deber. Se repitió esa misma excusa en su mente una vez más.

En ese momento, Lota ladeó la cabeza, confundida.

—Oye Lydia, sé honesta ¿amas a Edgar?

—¿Eh?

Estaba a punto de reírse ante su comentario, mas la miraba con un rostro tan serio que no se lo pudo tomar a broma, así que guardó silencio.

—Si te diste cuenta de que te importa después de estar separados tanto tiempo, entonces le daré una paliza hasta enderezarlo.

Me pregunto si alguna vez se convertirá en un hombre decente. Cerró el diario, mientras se preocupaba por eso.

—No sé si es amor. Fue el primer hombre en ser tan encantador y amable conmigo. A veces es serio y quiero creer en él, pero cuando estoy aquí, sola, sin Edgar, soy feliz con eso.

—No obstante, te quedaste toda la noche despierta buscando algo para él.

—No siento que sea para él, sino para mi propia satisfacción. El deber de un Doctor de Hadas es muy importante para mí. Si no tuviera a las hadas, nunca podría ser feliz.

—Entiendo. Las hadas de aquí se preocupan por ti —sonrió Lota.

Lydia le devolvió la sonrisa y, en ese momento, se le ocurrió una idea.

Escuchó que su madre, una Doctora de Hadas, había abandonado el lugar donde nació, se separó de sus amigas hadas de la infancia, para fugarse con su padre y vivir a una tierra desconocida con Nico y un solo hombre en quien podía confiar. ¿Por qué pudo hacer tal sacrificio?

Lydia podía entender lo fácil que sería confiar en una persona seria y honesta como su padre. Pero también sabía que tomar una decisión tan importante no dependía de si tu pareja era honesta o no.

La razón por la que desató la cuerda alrededor del diario de su madre para abrirlo podría haber sido porque quería saber el motivo detrás esa decisión. Sin embargo, lo único que había era información sobre las hadas.

Su madre tenía amigas hadas muy cercanas y sabía cuánto tiempo le quedaba de vida. Por eso, escribió todo lo que sabía sobre esas criaturas para su hija, que también podía verlas como ella.

—Lota, estoy pensando en ir a la isla de Man [3].

—¿Dónde está la isla de Man?

—Es una de las propiedades de Edgar. Las merrow, que han conocido a la familia del conde desde hace generaciones, viven en esas aguas. Edgar y yo no conocemos muy bien el condado, por lo que debemos aprender más al respecto.

Fue ella quien ayudó a Edgar a convertirse en el Conde Caballero Azul. Sin embargo, los verdaderos poderes del conde eran tan fuertes que podía gobernar todo un país en el mundo de las hadas.

Aunque se consideraba como la Doctora de Hadas privada del conde, no tenía poderes mágicos propios, por lo que solo podía investigar lo que habían escrito otros.

—¿Por eso vas a la isla de Man? Pero Lydia, no es importante que no tengas poderes, sino tus sentimientos hacia Edgar.

Con respecto a sus sentimientos, Lydia tenía miedo de llegar a la verdad. Por eso trataba de centrarse en otra cosa.

Ir a la isla de Man podría ser la única manera de retrasar su regreso a Londres.

♦ ♦ ♦

Cuando Paul Foreman se despertó por la mañana, vio a un joven de brillante cabello dorado parado frente a él.

—Buenos días, Paul —dijo el visitante.

Si no hablara, la gente pensaría que es una escultura.

Estaba derecho y llevaba un sombrero de copa y un bastón en su mano. Era un ejemplo perfecto de belleza. Su dulce y amable sonrisa realzaba su rostro perfectamente esculpido. Además, no había ninguna arruga en su elegante y lujoso traje.

A pesar de ello, el escenario detrás de él era horrible. ¿Por qué estaba en una habitación tan desordenada?

Paul era un pintor, por lo que su sentido artístico no podía permitir que un espécimen tan hermoso estuviera en una sala tan sucia.

¿Por qué un noble como él está en un lugar tan horrible como este? No, tal vez sigo dormido. Así que cerró los ojos con fuerza, pero cuando los abrió, vio los fascinantes ojos color malva ceniza del hombre que lo observaba y finalmente se dio cuenta de que este caballero era el verdadero lord Ashenbert.

M-Milord… ¿por qué está…? No, quiero decir, perdóneme por estar vestido de esta forma —Salió de la cama de un salto.

Aunque se puso de pie sobre el colchón, su natural cabello ondulado seguía estando despeinado, y como había dormido con la ropa que llevaba la noche anterior que salió con sus amigos borrachos, era un desastre.

—Como no recibí una respuesta en la puerta, me tomé la libertad de entrar. No cerraste con llave por lo que me preocupaba que pudieras estar muerto.

¡¿Muerto?! Abrió los ojos.

—Uhh, lamento muchísimo haberlo preocupado. Bebí demasiado y regresé al amanecer; he estado dormido todo este tiempo.

—Ya veo. Te salvaste al no estar en casa anoche. Escuché que recientemente algunos ladrones violentos están allanando casas, y existía la posibilidad de que te tuvieran como objetivo.

Mientras Paul se arreglaba los botones mal abrochados de la camisa, inclinó la cabeza hacia un lado confundido por el comentario del conde sobre su vida. Entonces se dio cuenta de que todo en su dormitorio, incluyendo el estudio que podía ver a través de la puerta, era un completo desastre.

Desde un principio, su recámara y estudio estaban un poco desorganizados, pero su estado actual iba mucho más allá de eso.

—¡Whoooahhh! ¿Q-Qué pasó? ¿Quién hizo esto?

No recordaba nada después de regresar a casa borracho y desplomarse en su cálida cama.

Estaba tan ebrio que no se dio cuenta del estado en el que se encontraba su habitación.

Paul tropezó y rodó fuera de su cama. No obstante, logró ponerse de pie para salir corriendo hacia su estudio.

—Deberías comprobar si no te han robado nada.

—P-Pero no tengo nada que valga la pena robar…

Era un pintor de hadas que apenas acababa de empezar. Su único jefe era lord Ashenbert, quien compró la mayor parte de su trabajo.

Para demostrar su declaración, todos sus cuadros estaban en el suelo. Sin embargo, todos eran importantes para él, por lo que los recogió rápidamente y comprobó si había manchas o pintura rasgada.

—Ayer también robaron en el club de Slade. Al parecer ataron a todos sus sirvientes y los dejaron en el sótano.

El señor Slade era el marchante de arte [4] que había estado tratando de vender los cuadros de Paul. También era el propietario de un club bien equipado que servía a la alta sociedad.

Ahora bien, lo más importante es que también era el jefe de la organización secreta llamada “Luna Escarlata”, de la que Paul también era miembro, y parecía que ese puesto podría tener algo que ver con este robo.

Fue una organización formada por un grupo de pintores y escultores, pero los principales artistas fueron asesinados por un hombre llamado “Príncipe”. Quien también mató a la familia del hombre que estaba frente a Paul, cuando era solo un niño; lo envió a Estados Unidos y lo convirtió en su esclavo, logró escapar y se convirtió en el líder de la Luna Escarlata, prometiendo vengarse. Sin embargo, uno de los subordinados de Príncipe, vino a Inglaterra y podría haber hecho el siguiente gran movimiento.

—Entonces esto… ¿podría haberlo hecho Príncipe?

El subordinado de Príncipe resultó ser un chico de quince o dieciséis años llamado Ulysses, a quien Paul también conoció antes.

—Supongo que estaban buscando algo. Por ejemplo, Paul, tu padre fue asesinado por órdenes de Príncipe. Dijiste que no sabías la razón por la que fue atacado, pero, ¿y si tenía algo o guardaba un secreto que él necesitaba saber?

—¿Cree que pensaron que yo tendría eso?

—¿Tienes alguna idea de lo que podría ser?

—Para nada.

—Slade dijo que O’neil no sabía nada, sin embargo, el problema es que eres su hijo, no sabemos cómo descubrieron su conexión secreta con la Luna Escarlata.

Ya veo, pensó Paul.

Él estuvo allí cuando su padre fue asesinado y estuvo a punto de sufrir el mismo destino, se salvó por milagro y se convirtió en el hijo adoptivo de Foreman, un amigo de su padre y un miembro de la Luna Escarlata. Pocas personas, además del conde, sabían que él no era el verdadero hijo de Foreman. Por eso le preocupaba conocer por dónde se había filtrado la información.

—Pero no parece que me hayan robado nada, por lo que es posible que se hayan dado cuenta de que no tengo nada importante.

—No estoy seguro de eso. Si resulta que el hijo de O’neil está vivo, entonces no lo dejarán pasar. Más aún si ese hijo podría estar ocultando alguna información importante —dijo el conde como si no fuera nada.

—¿Qué debería hacer…? —Paul se estremeció. No le gustaba la idea de morir por una razón desconocida.

—Deberías esconderte en mi mansión.

Asintió agradecido. Confiaba plenamente en este joven conde y creía que no podía existir un hombre más seguro que él.

Este apuesto y elegante aristócrata estaba dotado de un carisma innegable que en estos días era raro encontrar en la nobleza. Era un hombre tranquilo e inteligente que nunca huía en una situación peligrosa. No solo eso, sino que su personalidad sociable le permitía llevarse bien con cualquiera, lo que también le ayudó a ganarse el favor de los jóvenes miembros de la Luna Escarlata, incluido Paul.

Su hábito de tener numerosas relaciones con mujeres no era un rasgo ideal para un líder, pero al parecer estaba rechazando todas las ofertas por el bien de una mujer en la que estaba interesado. En resumen, era un hombre increíble.

—Sería perfecto si pudiéramos encontrar antes que ellos lo que estaban buscando.

—Los artículos que dejó mi padre son solo bocetos y dibujos. ¿Le gustaría echarles un vistazo?

Estaban esparcidos por todo el suelo.

—Al menos no parece que estuvieran buscando un cuadro —señaló el conde.

Si buscaban una pintura o una carta que pudiera tener escrito algo importante, entonces deberían haberse llevado todos los papeles.

—Por cierto, Paul, te subestimé. Parece que los he interrumpido.

El aludido, que estaba recogiendo sus cuadros, se volvió inclinando la cabeza hacia un lado como si no entendiera de qué estaba hablando

El conde estaba de pie junto a la puerta abierta que conducía al dormitorio. En la dirección en que apuntaban sus ojos, había algo moviéndose bajo sus sábanas. Al momento siguiente, una criatura se levantó, se despojó de las sábanas y miró a los dos hombres.

Era una joven de cabello largo. Parecía tener alrededor de catorce o quince años. Tenía la piel pálida y blanca y usaba un vestido fino y sencillo que casi parecía ropa interior.

Paul se quedó petrificado, incapaz de hablar cuando el conde se acercó a la chica.

—Disculpe, señorita, ¿usted es la amante de Paul?

Su punto fuerte era romper la barrera de una chica hacia los extraños con una sola mirada a su sonrisa. Y esta vez también lo logró porque sus tensas mejillas se relajaron. Pero cuando ella pareció estar a punto de asentir a la pregunta de Edgar, Paul volvió a la realidad.

¡Milord! ¡Eso no es cierto! Nunca antes la había visto… Um, disculpe señorita, ¿por qué está en mi habitación? —Ante la repentina interrupción de Paul, el rostro de la chica se arrugó en tal expresión que parecía estar a punto de llorar.

—Oh, por favor, no llore. Está bien, me aseguraré de enseñarle una lección más tarde. Paul es un hombre honesto, por lo que no le haría nada malo —dijo el conde con dulzura.

Mientras tranquilizaba a la chica, recogió una capa verde con capucha que estaba debajo de la cama y se la puso alrededor de sus hombros. Dado que no parecía ser de Paul, debía ser de ella.

Después de eso, el conde arrastró al todavía aturdido Paul a la habitación contigua.

—Um, realmente no recuerdo cómo sucedió esto —gimió Paul. Él era quien sentía ganas de llorar.

—Pero en realidad ahí está.

—Uhh, ayer estaba muy borracho y no recuerdo nada…

—Ya veo. Eso pasa a veces. Sin embargo, en esta clase de situación debes conservar la calma. Solo tendrás problemas si la mujer comienza a hacer un escándalo. Lo primero es calmarse y nunca decir que no recuerdas nada. Tu única opción es hacer que la chica acepte el hecho de que no sucedió nada entre ustedes dos.

Paul se dio cuenta de que este era uno de esos momentos en que el conde bajaba la voz y hablaba como el diablo.

Milord, le dijo que no le haríamos nada malo.

—Significa que hay diferentes formas de manejar este tipo de cosas. Y no habrá ningún problema si logras emparejarla con otro hombre.

—¿Siempre hace eso…?

—Nunca me he llevado a una chica a la cama mientras estuviera borracho y lo he olvidado. Además, ¿qué diversión hay en un desliz si ni siquiera puedes recordarlo? Es mucho más divertido invitar a una señorita y no cometer errores que conduzcan a problemas en el futuro.

Paul no pudo encontrar consuelo en este sermón sobre cuál era el comportamiento natural…

Se encogió de hombros, desanimado.

—Disculpe… ¿este caballero no reconoce quién soy? —preguntó la chica nerviosa mientras miraba desde la puerta—. No recuerdo quién soy. Anoche, este señor me habló como si me conociera, por lo que estuve convencida de que éramos conocidos y por eso lo seguí hasta aquí.

—Paul, parece que la invitaste.

—¿Qué? No, no tenía la intención de invitarla a mi casa —exclamó Paul.

Entonces comenzó a recordar: la joven estaba sentada en el suelo, en la esquina de un callejón, llorando. Él pasaba por allí y decidió ayudarla. Era un misterio por qué las otras personas pasaban junto a ella como si no la vieran. Era como si fuera invisible.

Mientras él trataba desesperadamente de recordar, el conde seguía haciéndole preguntas a la chica.

—Entonces, jovencita, ¿vino con él y pasó la noche aquí? —le preguntó como una audiencia que disfrutaba de un espectáculo.

—Sí, cuando estoy a su lado siento que lo conozco de antes, como una nostalgia…

—Lo que significa que esta podría ser una reunión elegida por el destino —bromeó.

Si Paul dejaba la conversación en manos de alguien que buscaba diversión, entonces el resultado sería horrible, así que decidió preguntarle él mismo a la chica.

—Uhh, ¿te hice algo?

Tratando de ser considerado con sus sentimientos, decidió ser un caballero. Estaba dispuesto a asumir cualquier responsabilidad.

—¿Qué quiere decir con que si hizo algo? —respondió.

Paul se confundió aún más.

—¿Qué pasó entre ustedes después de que llegaran? —urgió el conde.

¿No está siendo demasiado directo, milord? 

—Entró y se quedó dormido en la cama, así que decidí que también debería irme a dormir.

—¿Qué? Qué aburrido —dijo el conde.

Contrario a él, Paul suspiró aliviado y se dejó caer en una silla.

—Entonces, señorita, ¿está diciendo que no recuerda su propia familia o nombre?

—Sí… No obstante, recuerdo que servía a una noble y cuál era el nombre de mi maestra.

—Supongo que podría haber sido contratada por una noble. ¿Cómo se llama su maestra?

—Señorita Gladys. Es una mujer muy hermosa, valiente y noble… —Mientras la chica explicaba, sus ojos de repente se llenaron de lágrimas que se deslizaron por sus mejillas—. Lo siento, cuando pienso en ella, por alguna razón, no puedo dejar de llorar.

—¿Le sucedió algo?

Habiendo probado su inocencia, Paul se centró en resolver el dilema de la chica.

—No lo sé… —Se cubrió el rostro con las manos. Sus lágrimas no se detenían.

—Si es una mujer tan encantadora, me gustaría conocerla. Si no sabemos su apellido, entonces en este momento no puedo pensar en nadie, pero investigaré quién podría ser.

—Muchas gracias, señor —sollozó la chica.

En ese momento, Paul bajó la mirada hacia el suelo y se inclinó a los pies de la joven. Sobre las tablas había muchas piedras redondas de color amarillo. Además, caían más gotas desde arriba…

Eran las lágrimas de la chica. Éstas se deslizaban por sus mejillas y repiqueteaban cuando tocaban el suelo.

Incluso el conde se dio cuenta y se agachó para recoger una.

—¿Piedras ámbar…? [5]

—¿Q-Qué significa esto? —preguntó Paul.

Los dos hombres miraron a la joven que seguía llorando.

Sus lágrimas empapaban sus pestañas y resbalaban por sus mejillas como gotas naturales, pero tan pronto como caían al aire, inmediatamente se endurecían y se convertían en ámbar, haciendo un ruido sordo al golpear el suelo. No importaba cómo lo vieras, no era humana.

—¿Un hada? ¿Eres un hada…?

Ella no dejó de llorar mientras asentía en respuesta a la pregunta del conde.

—Entonces ¿eso significa que tu maestra también es un hada?

Negó con la cabeza, pero no estaba claro si quería decir que no o que no podía recordarlo.

Milord, creo que es mejor pedirle ayuda a la señorita Carlton.

Paul no se sorprendía de ver una verdadera hada hoy en día, aunque era un pintor especializado en ellas, no era un experto.

Sabía que la Doctora de Hadas Lydia se estaba tomando unas largas vacaciones para disfrutar de la Navidad en Escocia, pero ya se acercaba el final de las vacaciones.

—¿Estás diciendo que la llame para que vuelva al trabajo? Entonces no.

—¿Eh? Pero ¿por qué?

—Si se trata de trabajo, entonces la responsable Lydia regresará gustosamente, pero no quiero eso, quiero que vuelva porque me extraña.

—Pero no ha mostrado signos de vol… —estuvo a punto de acabar la oración pero al instante cerró la boca con fuerza.

Este era un hombre que podía tener a cualquier mujer que le interesara, cualquier chica quedaría encandilada si pasaba un minuto con él, pero por alguna razón Lydia era la única a la que no podía conseguir.

El conde andaba diciendo que ella era su amante, sin embargo, eran todo menos eso.

Paul no sabía por qué le permitió regresar a Escocia, pero no estaba usando su habitual acercamiento contundente, como ir a buscarla él mismo, sino que parecía estar planeando su próximo movimiento con sumo cuidado.

Sintió un sudor frío después de recordar lo que sucedió cuando la gente le señaló eso el mes pasado. A continuación apareció un hombre enojado y amargado. Al principio, pudo engañar a todos con una sonrisa amistosa, pero cuando habló, soltó comentarios fríos y punzantes.

No obstante, en este momento, no parecía haberse puesto de mal humor. Pasó por alto su comentario.

—De todos modos, estoy de camino a encontrarme con Lydia. Pero no quiero hablar de trabajo.

—Entonces, ¿finalmente decidió ir a verla? —Paul quería saltar de alegría.

—Recibí un informe de mi investigador de que Lydia se dirige a la isla de Man. Como es una de mis propiedades, prácticamente me está diciendo que quiere verme.

Contrató a un investigador para que le informe lo que hace. 

Si no fue ella quien se lo dijo, entonces no debe tener idea de que el conde planeaba visitarla. Por el contrario, es posible que ella no se lo haya dicho porque no quería verlo…

Paul no tenía el valor de decirlo en voz alta.

—Entonces ¿podría llevar a esta joven para que la señorita Carlton hable con ella?

—¿No dije que no iba a hablar de trabajo? Además, ¿qué pasa si Lydia lo malinterpreta al llevar a otra mujer conmigo?

—Uh, entonces yo lo acompañaré —ofreció Paul.

—No. Voy a pasar tiempo a solas con Lydia. Tengo que aprovechar esta oportunidad y hacer las paces.

Al parecer solo podía volverse valiente cuando estaba en su propio territorio.

—Paul, hasta que Lydia regrese, es tu responsabilidad cuidar de esta chica.

—¿Qué? P-Pero es un hada. ¿Cómo se supone que voy a cuidar de un hada?

—Dejaré que eso lo averigües tú. Oh, ya casi es la hora de mi tren.

El conde sacó su reloj de bolsillo y miró la hora con la sonrisa más feliz que nadie había visto en un mes.

—Bueno, asegúrate de tener cuidado en caso de que Ulysses todavía esté tras de ti. Deberías darte prisa y empacar tus cosas. Si necesitas algo, díselo a mi doncella principal Harriet, ella se encargará del resto.


[1] Las banshee forman parte del folclore irlandés desde el siglo VIII. Son espíritus femeninos que, según la leyenda, se aparecen a una persona para anunciar con sus llantos o gritos la muerte de un pariente cercano. Son consideradas hadas y mensajeras del otro mundo. También son conocidas como “llorona”.

[2] Las hadas se dividen en dos categorías principales, conocidas como las cortes Seelie y Unseelie. Estas dos categorías clasifican a las hadas en términos de temperamento. Las hadas de la Corte Unseelie se caracterizan por su hostilidad. Por ejemplo, en la corte Seelie encontraríamos a los elfos de la luz, bondadosos con los hombres, y en la corte Unseelie los elfos oscuros, maliciosos.

[3] La isla de Man es una dependencia de la Corona británica formada por una isla principal y algunos islotes situados en el mar de Irlanda, entre Irlanda y Gran Bretaña.

[4] Un marchante de arte es una persona o empresa que compra y vende obras de arte.

[5] El ámbar es resina fosilizada de origen vegetal, proveniente principalmente de restos de coníferas y algunas angiospermas. Está considerada como piedra semipreciosa. Ha sido apreciada por su color y belleza natural desde los tiempos del Neolítico.

Den
Con esto damos inicio al séptimo volumen de esta grandiosa historia ٩(。•◡•。)۶ ¿Qué aventuras les deparan a nuestro conde de Ibrazel y nuestra Doctora de Hadas? Averíguenlo leyendo~~ Disfruten~ (≧◡≦)♡

Emperatriz del Bisturí – Capítulo 50

Traducido por Maru

Editado por Yusuke


Y así Elise se convirtió en un médico formal. No solo con la máxima puntuación, sino como la más joven. La gente tenía curiosidad por saber qué haría a continuación, ya que se sabía que era la princesa heredera, pero no sucedió nada especial.

Continuó trabajando en el Hospital Theresa. Si había algo diferente, era que ella estaba allí como doctora y no como discípula.

—¿La señora de la familia Clarence todavía trabaja en el Hospital Theresa? ¿La elegida para ser la princesa heredera? Continue reading

Mi prometido ama a mi hermana – Arco 7 – Capítulo 6

Traducido por Ichigo

Editado por Lucy


Emma lloraba inquieta, hasta el punto de que parecía que iba a ser engullida por su dolor y dejaría de respirar. De hecho, verla llorar mientras jadeaba para respirar me hizo pensar que morir podría haber sido más fácil para ella. Si en ese momento, hubiera tenido manos que pudieran haberlo abrazado… La habría abrazado con fuerza, tan fuerte, hasta ahogar su vida. Sabía que estaba pensando en cosas estúpidas. Pero si eso podía salvarla, una parte de mí pensó que no sería tan malo.

Ya veo… ¿Es esto lo que es la “muerte”?

Mis sensaciones eran demasiado vagas. Tal vez llegue a este pensamiento que nunca hubiera estado en mi estado normal, porque en realidad estaba experimentando por mí mismo lo que siente una persona al fallecer, cómo se siente la muerte. No era una sensación ambigua como la que había tenido hasta ahora, en la que no sabía si estaba vivo o muerto. Yo lo sabía con seguridad… esta forma de decirlo podría ser un poco extraña. Sí. Debo decir que entendí que estaba muerto. Si las almas existían en este mundo, ¿entonces el yo de ahora no era algo cercano a eso? Si ese fuera el caso, entonces tal vez, una persona con la llamada habilidad de sentir lo sobrenatural podría ser capaz de verme. Cuando de manera inesperada llegué a esta idea, traté de llamar a la que ahora había caído en trance. Continue reading

Una generación de militares – Capítulo 19: Encontrando trabajo (1)

Traducido por Ichigo

Editado por Sharon


La capital de Qiong Yue estaba muy concurrida. Había edificios de tres niveles a ambos lados de la calle, las tiendas eran abundantes y las voces humanas estaban por todas partes. El camino pavimentado con cuarcita era suave y plano, mostrando débilmente la prosperidad del país. Probablemente debido al próximo evento de celebración, todos los lugares estaban cubiertos de seda roja y linternas. Mirando este lugar desde lejos, se veía algo estridente.

El sol de otoño no era tan cálido como el de verano, especialmente al mediodía cuando la luz del sol cegaba a las personas. La gente de Qiong Yue poseían una mente bastante abierta; habían muchas mujeres caminando solas por las calles. Sin embargo, dentro de la colorida escena, había un obvio color negro.

Esta era la primera vez que Gu Yun caminaba por las calles de la capital desde que llegó a este mundo hace cuatro o cinco meses. Si no estaba entrenando a los soldados, se encontraba compitiendo. Si no se encontraba investigando un caso, estaba luchando contra los rebeldes. Ahora que estaba ociosa, no sabía qué hacer. En unos pocos días, sería el día de la boda de Qing, y necesitaba encontrar algo para ella. Desafortunadamente, incluso después de caminar por más de dos horas, no fue capaz de encontrar el regalo correcto. Continue reading

Katarina – Volumen 8 – Capítulo 3: La Asamblea Internacional (1)

Traducido por Shisai

Editado por Sharon


—Lord Cezar, ¡es peligroso quedarse así en la parte trasera del barco! ¡Vuelva adentro!

Yo estaba en la cubierta, apoyado en la barandilla y mirando al mar. Suspiré, teniendo cuidado de no ser escuchado.

Sorcie nos había prestado este barco y era mucho mejor que los maltrechos y endebles de nuestro país. Incluso la barandilla de la parte trasera era sólida. Podría apoyarme en él todo lo que quisiera y no sería peligroso… ¿Pero qué sabrían ellos? Estas personas nunca habían visto otro país que el suyo y no sabían nada del mundo. Continue reading

Guerras Primordiales – Capítulo 22: La llama no hace daño a nadie

Traducido por Rencov

Editado por Tanuki


La primera reacción de Shao Xuan al escuchar las palabras de Tu fue rechazarlas. Si bien es cierto que ha estado mirando la hoguera y que no le importa que las llamas flotantes se le acerquen, eso no significa que no habría sentido el dolor de una quemadura.

¿Qué quieres decir con “estás ardiendo”?

¿Cómo es que no sentiría nada si estoy ardiendo? Continue reading