El emperador y la mujer caballero – Capítulo 45

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Pollyanna se sintió tan avergonzada que quiso esconderse. Su emperador tenía talento para sorprenderla así. Entonces, Lucius I preguntó:

—Sir Pollyanna, deberías hacerte cargo del deber de Sir Ainno y protegerme hasta el final de este torneo.

¿El emperador vio su envidia y celos hacia los otros caballeros? ¿Era tan fácil de leer? ¿Pensó que ella estaba siendo mezquina? Continue reading

El emperador y la mujer caballero – Capítulo 44

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Se hizo un podio temporal para que Lucius I se pusiera de pie y observara la práctica de sus caballeros. Cuando vio a Pollyanna cerca, la llamó y le preguntó:

—¿Te resulta difícil ver la práctica porque eres muy baja?

—No soy tan baja, su alteza.

Era cierto que las cabezas de otras audiencias bloqueaban su vista. Pollyanna era alta para ser mujer, pero ciertamente era más pequeña que la mayoría de los soldados del norte. Sir Donau, que ahora era mucho más alto que Pollyanna, caminó hacia ellos. Su hermano mayor, Sir Howe, fue uno de los caballeros seleccionados para el torneo, y Donau estaba orgulloso y envidioso de él. Continue reading

El emperador y la mujer caballero – Capítulo 43

Traducido por Maru

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Bikpa decidirá el lugar y las reglas de este torneo. Esa tarde llegó un mensajero del castillo de Yapa. Cuando vio a Lucius I, se quedó boquiabierto. La gente de Bikpa creía que las historias de la belleza de Lucius I eran falsos rumores, por lo que el mensajero no esperaba encontrarse con un hombre tan hermoso.

Lucius I, así como los otros caballeros, leyeron los documentos cuidadosamente. Las reglas mismas parecían ordinarias. Desafortunadamente, los hombres de Acreia no estaban familiarizados con las reglas del torneo, así que las leyeron y las discutieron entre ellos.

—Entonces cada reino enviará diez de sus caballeros. Los caballeros de Bikpa y Acreia lucharán uno contra uno, y quien se caiga del caballo es el perdedor y el ganador pasa inmediatamente a luchar contra el próximo oponente. ¿Son estas reglas típicas de un torneo? —preguntó Lucius.

—Sí, su alteza. Suenan más o menos iguales a las que hemos leído en los libros.

—Bien. Y… cada caballero debe traer su propia arma… ¿Incluso tenemos lanzas a caballo?

No lo creía así. ¿Por qué iban a tener armas relacionadas con los torneos cuando ni siquiera celebraron ningún torneo? E incluso si los tuvieran, ¿por qué los llevarían a la guerra?

Lucius I comenzó a preguntarse si necesitaba hacerlos de alguna manera cuando, de repente, Sir Ainno respondió:

—Traje una, su alteza.

—¿Ainno? ¿Lo hiciste?

Sir Ainno había estado con el emperador desde que eran niños. Que él tuviera un arma que el emperador desconocía sorprendió a Lucius I.

—El ex emperador fue muy amable cuando elogió mis habilidades en la lucha con lanza. Me ordenó viajar por las regiones del medio y sur y convertirme en un famoso caballero de torneo cuando tuviera la oportunidad —explicó Sir Ainno.

Era común que los caballeros del centro y sur del continente participaran en estos torneos para hacerse un nombre. Sin embargo, esta era una idea muy rara en Acreia.

—Entonces Ainno, ¿has estado en un torneo antes? —preguntó Lucius.

—Entré algunas veces con un nombre diferente, pero no desde que falleció el ex emperador.

—Oh, ya veo.

Finalmente tuvo sentido para Lucius I. Tan pronto como se convirtió en emperador, Sir Ainno nunca abandonó su vista, por lo que debía haber participado en estos concursos antes de su coronación. En ese momento, Lucius pensó que Sir Ainno iba a practicar más sus habilidades de batalla en las montañas; nunca imaginó que Sir Ainno viajara por el continente para participar en torneos.

—Estoy impresionado con tu preparación, Ainno —respondió el emperador.

—Es mi deber servirle lo mejor que pueda, su alteza.

Sir Ainno se inclinó agradecido y se consideró afortunado. Si Gali III no sugirió esta estúpida idea de torneo, era posible que haya sido criticado por traer un arma tan inútil y pesada a esta guerra.

Muy afortunado.

Pero con Sir Ainno con su experiencia y su arma, todavía no solucionaba el problema en cuestión. Un solo caballero con una sola arma no podría ganar contra diez oponentes. Lucius I no quería entrar en lo que obviamente era una trampa. Especialmente no quería arriesgar la vida de Sir Ainno. Sir Ainno era su preciado caballero y, sobre todo, su amigo.

Incluso si tuviera que perder diez años esperando que el Castillo de Yapa se derrumbara, Lucius cree que valdría la pena si eso significara la seguridad de Sir Ainno. Para el emperador, sir Ainno valía la pena.

—Creo que al final, no aceptaré esta oferta… —empezó a decir Lucius.

—Su alteza, este torneo es nuestra oportunidad. Podría llevarnos a una victoria rápida con una pérdida mínima de nuestros hombres. Por favor, alteza, confíe en sus caballeros. Por favor confía en mí. Sabes que puedo hacer esto. Yo, Sir Ainno, nunca he perdido una pelea de espadas, nunca me he caído de un caballo y nunca he errado una marca con mi arco.

Sir Ainno estaba decidido a participar en este concurso. También estaba decidido a no perder. Nunca. No importa a quién enviara Bikpa, Sir Ainno estaba seguro de que iba a ganar. Después de todo, era el mejor caballero de Acreia.

Cuando Sir Ainno parecía estar seguro y decidido, Lucius I cambió de opinión.

Cuando el emperador anunció el torneo, los caballeros acreianos se volvieron locos. Algunos pensaron que era una broma entrenar en medio de una guerra seria, mientras que a otros les preocupaba que no tenían suficiente experiencia en torneos para ganar esto.

Lucius I eligió a nueve caballeros que eran conocidos por sus habilidades para montar a caballo y con la lanza. A pesar de que Sir Ainno estaba seguro de que podía ganar contra diez caballeros enemigos, el emperador lo sabía mejor.

Afortunadamente, las armas fueron provistas por el señor de la cercana aldea Bikpa que estaba harto de su propio rey cobarde. Incluso ofreció sus propios caballeros para enseñar a los hombres acreianos cómo usar las lanzas a caballo.

—Me encantaría ofrecer a mis caballeros para luchar en su nombre, su alteza, pero me temo que no ganaremos contra los hombres de Gali III —le dijo el señor a Lucius.

—Estoy seguro de que tienes caballeros fuertes.

—Sí, pero ciertamente no más fuerte que los caballeros del rey.

El señor, que solía ser un caballero, se encogió de hombros y explicó que a Gali III le encantaban los torneos. Por eso gastó más dinero en estos concursos que en sus propias fuerzas armadas. Los torneos en este reino ocurrían con frecuencia y las recompensas para cada uno eran grandiosas. Bikpa era conocido por las mayores recompensas de torneos del continente.

Bikpa fue ignorado como reino, pero sus torneos fueron celebrados por todas las demás naciones. Los más grandes caballeros se reunieron en este lugar para mostrar sus habilidades. Al mejor de los caballeros se le ofreció una gran riqueza para convertirse en uno de los guardias personales de Gali III.

Era posible que estos campeones no hubieran sido útiles en batallas reales, pero eran los mejores en el combate con lanzas a caballo uno contra uno.

—Sus caballeros pueden ser luchadores hábiles, pero su experiencia de combate no ayudará en un torneo —explicó el señor.

—Ya veo, pero te sorprendería.

Mientras los caballeros acreianos practicaban con los hombres de Bikpa, se dieron cuenta de que habían cometido un error al subestimar a sus enemigos. También estaban agradecidos por cualquier consejo que pudieran recibir. Incluso la práctica más breve podría ser de gran ayuda.

Montar a caballo mientras sostenía y luchaba con una lanza era realmente muy difícil. El caballo necesitaba ser montado a toda velocidad y el caballero tenía que enfrentarse al oponente que venía hacia él a la misma velocidad. Los caballos que no estaban entrenados en torneos a menudo se detenían en el medio cuando veían que otro caballo se les acercaba. Los caballeros de Acre tenían dificultades para apuntar con precisión con la lanza, que era muy larga y pesada.

Sir Rabi se sintió frustrado. Cuando comenzó a lanzar fácilmente su pesada lanza, los hombres que estaban a su alrededor corrieron, temiendo que pudieran ser golpeados. Los caballeros de Bikpa que estaban observando a Sir Rabi estaban claramente impresionados.

—¿Es un hombre o un monstruo? —le preguntaron a Lucius.

—Ese es Sir Rabi y es uno de mis caballeros de alto rango.

Sir Ainno parecía confiado en comparación con los otros caballeros de Acreia, pero también se veía sombrío por el hecho de que tenía que dejar a su emperador para participar en este torneo. Cuando el señor de Bikpa vio cómo Sir Ainno montaba el caballo fácilmente mientras empuñaba su lanza con pericia, le preguntó al emperador:

—¿Quién es? ¿Cómo puede un hombre ser tan fuerte y rápido?

—Es uno de mis mejores.

Pollyanna observó la escena con orgullo.

El emperador y la mujer caballero – Capítulo 42

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Cuando llegó la orden del emperador de ir a visitar al rey de Bikpa y entregarle un mensaje, Sir Rabi comenzó a prepararse. No trajo ayudante personal, pero pidió ayuda a algunos caballeros de menor rango. Les pidió que le agarraran su armadura dorada, que usaba solo en ocasiones especiales. Sir Howe también se ofreció a ayudarlo a prepararse.

Con su armadura completa, Sir Rabi salió de su tienda y les gritó a los soldados que estaban parados afuera, esperando verlo con su equipo especial.

—¡Vagos holgazanes! ¡¿No tenéis cosas más útiles que hacer que simplemente estar de pie?! Continue reading

El emperador y la mujer caballero – Capítulo 41

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En la reunión de estrategia militar de Acreia…

Los exploradores pudieron reunir información sobre el castillo de Yapa. Pidieron a los diversos nobles y caballeros de Bikpa que habían estado dentro del castillo que tuvieran una idea de cómo atacarlo de manera efectiva.

Lo que sabían hasta ahora se presentó a continuación.

Primero, el castillo tenía su propia fuente de agua separada. Esto significaba que cortar o envenenar el agua cercana no iba a funcionar. En segundo lugar, era muy probable que tuvieran comida más que suficiente para durar mucho tiempo, por lo que esperar a que se murieran de hambre estaba fuera de discusión. Continue reading

El emperador y la mujer caballero – Capítulo 40

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En la región norte del continente, había cuatro reinos; Acreia, Aehas, Kukda y Bebero.

Acreia era la más grande, pero la mayoría de sus tierras eran demasiado frías para ser habitables.

Aehas y Kukda tenían familias reales y nobles corruptas con una riqueza menguante debido a una guerra tan prolongada.

Bebero, sintiéndose a salvo de los otros reinos del norte debido al río Koemong, tenía una débil presencia militar. Continue reading

El emperador y la mujer caballero – Capítulo 39

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El ritual de iniciación de los caballeros acreianos fue brutal como se esperaba. Todos los militares eran conocidos por su rudeza e insensibilidad. Era especialmente peor en el ejército de Acreia porque la mayoría de los hombres también eran cazadores, que tenían sus propios rituales separados además de todo.

Por ejemplo, se ordenó a los nuevos cazadores jóvenes que trajeran conejos en medio de una tormenta de nieve o que trajeran un ciervo con solo una pequeña daga. Continue reading

El emperador y la mujer caballero – Capítulo 37

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La primera persona que mató Pollyanna fue un hombre condenado a muerte. Para evitar que los nuevos soldados jóvenes entraran en estado de shock en medio de una batalla después de su primera muerte, se les enseñó a matar de antemano.

Pollyanna mató a tres personas incluso antes de comenzar su servicio militar oficial. El viejo caballero le trajo tres hombres para que practicara. No le contó los crímenes de los hombres, incluso cubrió sus rostros.

El viejo caballero le dijo que la muerte era el fin. Ya fuera que uno muriera o matara a alguien, siempre terminaría una vida. Continue reading

El emperador y la mujer caballero – Capítulo 36

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Pollyanna se vio rodeada por los caballeros. Los hombres parecían furiosos y su ira estaba dirigida a ella. Pollyanna abrió la boca para decir algo, pero terminó decidiendo no hacerlo. Pensó que sería mejor esperar a que ellos hablaran primero. Sabía lo que iban a decir, pero también sabía que tenía que escucharlos.

No conocía a todo el mundo, pero había algunos rostros familiares a su alrededor. Sir Ainno y Sir Bentier estaban presentes, y podía adivinar que los otros caballeros también eran de alto rango. No tenían que decir una palabra, pero ella sabía exactamente por qué acudían a ella.

—¿Qué estabas pensando? —le preguntó Sir Ainno finalmente.

—Soy el caballero de su alteza.

—Eso no es lo que estaba preguntando, y lo sabes.

Los otros caballeros intervinieron enfadados.

—Nuestro emperador fue demasiado generoso al aceptar a una mujer como caballero, pero esta niña ingrata cree que sabe más. Necesitas saber tu lugar, niña.

—¡No sabes lo que estás haciendo!

—Deberías haberte quedado callada y trabajar en el departamento de suministros como una buena niña. ¡Estás abusando de la bondad de su alteza! ¿Crees que esto hará que se fije en ti?

Pollyanna se enderezó. Sabía que este día llegaría y había estado contemplando cómo responderles. Ella estaba bien con ser insultada. Todo lo que quería evitar era hacer o decir algo que avergonzara a su emperador.

Fue el gran Lucius I quien la aceptó como su caballero. No necesitaba la aprobación de los demás. Sabía que esos hombres nunca le agradarían y tampoco esperaba que la trataran con respeto. Un odio tan profundo como este nunca mejoraría. De hecho, solo iba a empeorar.

Pollyanna estaba acostumbrada a que la despreciaran. Lo experimentó toda su vida y no iba a retroceder ahora.

—No estoy segura de a que se refieren —respondió Pollyanna con calma.

—¡Eres una traidora!

—¡Desertora!

—¡Puta de hielo!

Pollyanna continuó fingiendo su ignorancia mientras preguntaba:

—¿Perdón? No entiendo.

—¿Estás fingiendo ser sorda?

Ella estaba haciendo todo lo posible por evitar la confrontación, pero parecía que no podía evitarlo. Tenía que afrontarlo de frente ahora.

Pollyanna luego explicó:

—Sinceramente, no entiendo por qué me insultáis en este momento. Su alteza es el hombre más grande y ambicioso que conozco, y pronto tendrá muchos tipos diferentes de personas, incluidas más personas como yo, siguiéndolo. Soy muy consciente de lo fuertes que son los caballeros acreianos, pero solo hay un número limitado. Sin más gente de otros reinos, como yo, su alteza no podrá realizar su sueño. Para Lucius I quien será el emperador de todos los reinos, no importaría dónde nacieron sus caballeros. Cuando más hombres de otras naciones se unan a este ejército, ¿los tratará a todos de esta manera? Os pregunto, mis caballeros, ¿por qué estáis haciendo esto? ¿Os sentís así por mí porque soy mujer o porque soy una traidora?

Su antiguo reino Aehas no tenía futuro. Su rey era débil y estaba obsesionado con la guerra, mientras que las familias nobles y los altos funcionarios que ocupaban los altos mandos eran corruptos. Su ejército era inútil y frágil.

En el pasado, Pollyanna sabía que a pesar de todo, Aehas seguía siendo su hogar. Ella era uno de los nobles, soldados y caballeros de este reino. Para la mayoría de la gente, Pollyanna sabía que debía parecer una traidora, pero no tenía excusa para ello.

Pero solo los hombres y mujeres de Aehas podían llamarla traidora. Ningún acreiano tenía derecho a llamarla por un nombre cuando ella era la razón principal por la que ganaron la batalla contra Aehas.

—Soy una mujer. Nunca he intentado ocultar el hecho ni siquiera desde el principio. Para Aehas, es cierto que soy considerado una traidora, pero para Acreia, soy un caballero recién ganado, un nuevo soldado leal. Así que os pregunto, caballeros, una vez más. ¿Dudáis de mí por mi género o por mis hechos? —Continuó hablando con los caballeros con firmeza.

Los hombres que rodeaban a Pollyanna se quedaron sin habla. Ella levantó la espada que recibió de Lucius I y agregó:

—Soy el caballero de su alteza. Si me considerara una amenaza para él, voluntariamente me mataría. Pero yo os pregunto, ¿dudáis de mí porque soy extranjera? ¿Una mujer? ¿O es porque traicioné a mi propio reino? Pero si todas estas cosas fueran un problema, su alteza nunca me habría aceptado. Porque el emperador cree en mí, y mientras lo haga, nunca abandonaré a mi soberano.

Sin comprobar las reacciones de los hombres, Pollyanna se dispuso a marcharse. Para su sorpresa, los caballeros se apartaron para ella. Esperaba que se enfadaran más y la insultasen más, pero nadie lo hizo.

¿Van a sacar su daga y apuñalarme por la espalda?

Pollyanna se tensó mientras se movía cuando, de repente, uno de los hombres le ofreció la mano mientras llevaba un guantelete. Con una extraña expresión ilegible, Sir Bentier le pidió que le estrechara la mano. Cuando Pollyanna lo hizo, le estrechó la mano y dijo claramente:

—Soy Sir Bentier Ceize. Creo que nos conocimos antes, pero no estoy seguro si recuerdas mi nombre.

—¡Sir Pollyanna Winter de Aehas, señor!

Cuando Pollyanna lo saludó, Sir Bentier miró alrededor de la habitación y ordenó a los otros hombres:

—Deberíais presentaros a ella. Deberíamos conocernos antes de entrar en esta batalla.

—¡Sir Bentier! —Sir Ainno protestó conmocionado. Parecía furioso y para él y para todos, explicó Sir Bentier—. No confío en una mujer extranjera que traicionó su propio reino.

—¡¿Entonces por qué haces esto?!

—Porque sí confío en la mujer caballero, Sir Pollyanna, que fue nombrada caballero por su alteza e incluso recibió su apellido del propio emperador. Como confío en mi emperador, creo que su reino eventualmente se convertirá en un imperio y nuestro líder se convertirá en su cabeza. Si puedo creer que esto podría suceder, ¿cómo no voy a creer que una mujer puede convertirse en caballero? Creo en el mundo con el que sueña mi emperador.

Con eso, Sir Bentier salió de la tienda. Cuando lo hizo, los otros hombres comenzaron a presentarse a Pollyanna. No significaba que estuvieran bien con ella todavía, pero estaban de acuerdo en que todos deberían ser presentados y familiarizarse antes de entrar en una batalla importante.

El último caballero que quedaba era Sir Ainno. Él todavía estaba enfadado y se negó a estrechar su mano, pero en su lugar asintió con la cabeza.

Cuando se quedó sola, Pollyanna miró su mano derecha, la mano que estrechó a todos los caballeros de alto rango de este reino. Tenía que admitir que sintió miedo por un momento, pero ahora se sintió emocionada mientras la adrenalina corría por todo su cuerpo. Nunca antes había sido reconocida así por tantos hombres, y se sintió conmovida. Su cuerpo tembló levemente.


Tanuki
Pensaron que era Michi, pero era yo, Tanuki. Mucho gusto gente, desde este capítulo voy a ser el nuevo editor de la novela, espero hacer el buen trabajo que tenia Michi y acompañarlos junto a Maru en esta historia