Katarina – Volumen 4 – Extra: Las preocupaciones de quienes sostuvieron el fuerte (1)

Traducido por Shisai

Editado por Sharon


~Las frustraciones de Mary Hunt~

Cuando finalmente terminé de organizar los montones de papeles, tiré el último sobre mi mesa con un movimiento y suspiré profundamente. Este fue un trabajo que podría haber terminado fácilmente en un abrir y cerrar de ojos en circunstancias normales. Sin embargo, no pude concentrarme, por lo que me llevó bastante tiempo.

Con esto, mi trabajo terminó por fin y regresé a mi habitación en los dormitorios de la academia. Trabajo, vida, todo era lo mismo. Simplemente no podía concentrarme.

Había sido así durante los últimos días. Sabía muy bien el motivo, por supuesto. Era simple, realmente: Katarina y su grupo se habían ido en busca de Keith… y no se me permitió unirme a ellos en su viaje. Continue reading

Rehabilitando al villano – Capítulo 52

Traducido por Maru

Editado por Sakuya


Un hombre con túnica blanca salió lentamente de la oscuridad. Con una mirada, Bi Yun se volvió con los ojos estrellados, sostuvo la herida en su hombro y gritó:

— ¡Guardián del Blanco Abismo!

Mingze ni siquiera la miró, simplemente se burló.

—Inútil.

Bi Yun hizo un puchero para sí misma, y ​​rápidamente se alejó para vendar su herida.

Las técnicas de títeres de Mingze se consideraban incomparables bajo los cielos. Estaba en un estado de precaución, ya que después de todo, estaban en el territorio de las sectas ortodoxas. Los tres títeres que trajo eran los más fuertes. Uno de ellos era un títere de elemento de trueno de octavo grado recién cultivado; era especialmente raro. Continue reading

Boda relámpago – Capítulo 58: Siendo sinceros…

Traducido por Akatsuki

Editado por Ayanami


Durante la escuela secundaria, Jiang Li vivía a la sombra de una mujer, que era cinco años mayor que él y él era un tonto enamorado.

Ciudad K era una ciudad pequeña y no había muchos delincuentes, por lo que, relativamente hablando, el poderío de esta mujer no era mucho.

Originalmente, Jiang Li era un estudiante bueno y honesto sin una orientación sexual. En ese momento, ellos ni siquiera se conocían. Continue reading

El fuerte caballero negro – Capítulo 32: Liberando estrés en el Torneo

Traducido por Kavaalin

Editado por Nemoné


La sala de espera (POV de Chie)

Habían pasado tres días desde mi pleito con los Representantes extranjeros. El verdadero torneo daría comienzo hoy. Esta vez, a cada participante se le había asignado una sala de espera privada, a diferencia de en las clasificatorias. Era un cuarto simple, con una mesa, algunas sillas y una pantalla de cristal para ver los combates.

Como los demás, yo estaba esperando silenciosamente mi turno en mi habitación. Conrad iba a enfrentarse con la p*rra en el primer combate del día. Mi duelo con el bruto vendría después.

Tenía una deuda de gratitud con Su Majestad por haber arreglado los encuentros. Había decidido escuchar mi irrazonable solicitud, aunque ya tenía muchas cosas de las qué preocuparse. Pero, para ser honesta, no creía que hubiera alguien en el Imperio que no se encontrara estresado en este momento.

Aparte de los soldados extranjeros que causaban problemas en el distrito comercial, también teníamos que lidiar con muuuchos otros problemas.

Nuestros soldados eran secuestrados por las concubinas… Sus colegas mujeres eran reprendidas cuando intentaban intervenir… Nuestros sirvientes no dejaban de ser mandoneados… Los príncipes, Chris y Elene, tenían que hacerles compañía a los niños reales… La Reina debía entretener a las Consortes y a un harén de Concubinas Reales… El Rey y el Primer Ministro debían limpiar los desastres que causaban nuestros Comandantes, Vice Comandantes e invitados… Era como estar haciendo el trabajo de tres meses en tan sólo tres días.

Sin embargo, todo terminaría hoy. Bueno, al menos para Conrad y para mí, ya que podríamos descargar nuestro estrés masacrando a los dos Representantes. Curiosamente, esta había sido una petición del Primer Ministro.

—Por favor, destrocen a esos sujetos —Había dicho, con el rostro demacrado.

En realidad, esta era la primera vez que me pedía algo. Por haber sido empujado hasta este punto… simpatizaba con él.

Íbamos a moler a golpes a estas molestias, de eso no había dudas. Después de todo, desde hace bastante que estos groseros e insensatos huéspedes nuestros debieron de haber recibido sus castigos.

♦ ♦ ♦

La arena del Coliseo (POV de Conrad)

Se escuchaban vítores a mí alrededor. Yo esperaba al árbitro, desapasionado.

Nunca había estado tan fastidiado ante la idea de un combate en toda mi vida. Iba a enfrentar a Selene Mansfield, la mujer que había despertado la ira de la Comandante debido a mi error de hace cuatro años. Mi oponente vestía una túnica blanca y empuñaba una varita con un cristal mágico en forma de sol del elemento de luz. Yo solo quería terminar con esto lo más pronto posible.

No había visto a la mujer desde el incidente de hace tres días. Ella no había tratado de acercarse a mí ni una sola vez. En aquel momento, la Comandante había dicho: Permanece conmigo hasta que todos los invitados hayan regresado a sus reinos. Solo por si acaso. No sería extraño que un comandante y su subordinado permanecieran juntos y esa bitchy no se atreverá a acercarse a ti mientras yo me encuentre alrededor. Había sido de gran ayuda. Gracias a eso, no había tenido demasiados problemas.

Realmente, no estaba a la altura de la Comandante Chie.

Una vez más, me decidí a trabajar duro hasta que pudiera pararme a su lado con confianza.

— ¡Conrad Aiden!

Selene me habló súbitamente mientras me encontraba renovando mi determinación. Solo me hacía sentir apesadumbrado. De tener alguna otra opción, no me quedaría en su presencia ni un segundo más. La Comandante también había dicho eso.

— ¿Ahora qué? Una vez que termine con este molesto encuentro, no tendremos nada que ver el uno con el otro.

— ¡¿Qué?! ¡¿Crees que puedes hablarme así y salirte con la tuya?!

Ella se puso un poco histérica ante mi respuesta. Pero, bueno, estaba un poco justificado.

—Ya detente. Ni siquiera eres mi tipo. Estoy, de verdad, harto de ti. —Suspiré profundamente.

— ¡Hum! Ya te lo dije, ¡lo que pienses no importa en lo más mínimo! ¡Siempre, SIEMPRE consigo lo que quiero! ¡Y tú, Conrad, no serás la excepción!

Escupió las palabras con una sonrisa llena de desprecio. Eso realmente me sorprendió. ¿Las palabras de la Comandante le habían entrado por una oreja solo para salir por la otra?

— ¿Las palabras de mi Comandante realmente no penetraron en ese grueso cráneo tuyo? ¿Ya las has olvidado?

Por un momento, perdió la compostura y su rostro se contrajo, pero casi al instante, su mueca fue reemplazada por una expresión de triunfo. Y eso me dejó perplejo y receloso en igual medida.

— ¿Eso? Oh, eso no será un problema. Ya he tomado las medidas necesarias.

— ¿Perdón?

¿Qué demonios estaba tratando de decir?

—Le pedí a Su Santidad que me permitiera casarme contigo si salgo victoriosa. Y negociará con el Emperador para hacerlo posible. Su Santidad estuvo de acuerdo.

— ¡¿Qué?! —Exclamé atónito.

¿Quién era esta mujer que incluso poseía la autoridad de hacerle peticiones a su gobernador? Su tenacidad me hizo formar una mueca por primera vez en el día.

Su sonrisa se amplió extremadamente al verlo y rió alegremente.

— ¿Lo ves ahora? Serás mío, y no habrá ningún problema. ¡Jojojojo! Y ese arribista [1] también aprenderá su lugar. ¡Qué día tan maravilloso!

¿Qué fue lo que dijo?

— ¿Y qué planeas hacer exactamente con mi Comandante? —pregunté apretando los dientes.

Mi agitación probablemente se veía en mi rostro. Y eso solo la hizo sentir más extasiada.

— ¿Ese arribista? Él pagará por deshonrarme. ¡No soy tan simplona como para creerme esa mentira de que mató a un dragón! ¡Tampoco me trago ese engaño con el unicornio negro! Debe ser un hechizo para disfrazar a un caballo normal. ¡Todos ustedes son tan insoportablemente tontos!

—No lo dices enserio…

Cada una de las personas en la multitud se quedaron estupefactas por sus tonterías. Realmente no debería haber dicho eso. Pero, debido tal vez a que no podía leer el ambiente, continuó hablando felizmente.

— ¡Es cierto! Comparado con ese farsante, yo soy…

—Tonta más allá de la salvación.

— ¿Qué dijiste…?

Mi interrupción a su perorata [2] borró la sonrisa de su rostro. Simplemente no parecía entender lo que acababa de suceder. Había una variedad de emociones en mí que estaba sintiendo por primera vez. No estaba enojado. Sentía asco y repugnancia. Me preguntaba si esto era lo que las personas sentían cuando eran empujadas más allá de la mera “ira”.

En este momento, aunque cualquiera considerara lindo su rostro y que cada hombre vivo codiciara su cuerpo, yo la encontraba extremadamente fea. Ya ni siquiera valía la pena enojarse por ella.

—Por última vez, no seré tu juguete. Ni siquiera puedes ganarme.

— ¿Q-Qué e-estás…?

Apenas podía tartamudear una respuesta mientras que su sonrisa extasiada era reemplazada por una mirada de terror. Debo haber terminado haciendo esa expresión. La que hacía en la época en que detestaba y menospreciaba a todos mis oponentes.

—Maldita sea, ¿por qué diablos me acosté con este tipo de mujer? Debo haber perdido la cabeza.

— ¡Ahh!

Incluso mi voz la asustaba. Para tener tanto miedo… ¿Era ella realmente una guerrera del Reino Santo? Si eso era todo lo que bastaba para asustar a su Representante, el Reino Santo no valía mucho la pena. Esa debe haber sido la razón por la cual el Rey Santo había aceptado ese tipo de petición. Bueno, todo lo que podía hacer era mostrarles quién mandaba aquí y terminar con esta farsa. Afortunadamente, el árbitro finalmente había llegado. Por fin podría terminar con esto y asegurarme de que nunca más se acercara a mí.

Decidí mostrarle la brecha de poder entre nosotros. Con el árbitro en posición, alcé mi espada de madera. Ella también levantó su varita, el miedo todavía visible en su rostro. Al ver que los dos estábamos listos, el árbitro alzó la mano.

— ¡¿Listos?! ¡¡Ya!!

Corrí hacia adelante tan pronto como el árbitro bajó su mano.

— ¡¿Ahh?!

Mi espada formó una figura de arco en el aire, pasando a centímetros de su frente. La potencia del movimiento hizo que su cabello revoloteara detrás de ella. Cayó de espaldas con un chillido y solo se dedicó a mirarme mientras temblaba de miedo.

En estos momentos, ella era el vivo ejemplo de “perder tu espíritu de lucha”.

— ¿Árbitro? —pregunté, al no escuchar un veredicto.

Este también se encontraba aturdido, como si no entendiera lo que acababa de suceder, pero mi pregunta lo devolvió a sus sentidos.

—E-El ganador es Conrad Aiden del Imperio.

Las personas del público, especialmente las que se encontraban en los asientos del Imperio, comenzaron a aclamar estruendosamente. Por un momento, me di la vuelta para irme, pero cambié de opinión.

—Permíteme decirte algo. Ante un ataque como el de recién, incluso nuestros Vice-Comandantes serían capaces de contraatacar.

— ¿Eh?

Ella me miró confundida. Sonreí ante su horrible semblante y continué hablando.

—Al final, esto es lo máximo que puedes lograr. ¿Cómo es que siquiera se te pasó por la cabeza el que tu victoria sobre mí estaba asegurada?

Le sonreí sereno, queriendo calmarla.

—Ah, una cosa más. Mi Comandante, a quien insultaste antes, es mucho más fuerte que yo.

Dicho esto, me di la vuelta una vez más y caminé hacia la salida. Esta vez de verdad.

En mi camino de regreso a la sala de espera, miré hacia los palcos Reales designados para el Emperador y su familia, que actualmente estaban siendo ocupados por la Realeza y los Primeros Ministros de las tres naciones competidoras. No estaban todos, por supuesto. Algunos, como la Emperatriz, se encontraban observando los duelos en una gran pantalla de cristal en el Palacio. Pude ver como Su Majestad y Su Excelencia, el Primer Ministro sonreían con satisfacción y como nuestros invitados del Reino lucían sorprendidos.

Por otro lado, Su Santidad tenía una mueca amarga en su rostro, mientras que su Primer Ministro se volvía cada vez más pálido. Mi señor y el Primer Ministro probablemente estaban sintiendo lo mismo que yo al mirar los rostros de nuestros estimados huéspedes.

Dulce, dulce, refrescante satisfacción.

—Se lo tenían bastante merecido —murmuré.

♦ ♦ ♦

Sala de espera (POV de Chie)

—Síp, fue como lo esperaba.

El duelo ocurrió exactamente como lo esperaba. El resultado, la reacción de la p*rra, la conmoción del árbitro del Reino… Todo había ido como había sido predicho. Por cierto, el árbitro tenía que venir del Reino, la nación que no participaba en el duelo en ese momento. Si no, se hubiese puesto en duda su imparcialidad, independientemente del resultado.

En todo caso, ¿qué le habrá dicho la p*rra a Conrad?

Podía ver los combates en la pantalla, pero no había audio, así que todo lo que podía decir a ciencia cierta es que cuál fuera el contenido de su conversación, lo había hecho enfurecer.

Sin embargo, creo que nunca lo había visto hacer ese tipo de expresión. Antes del torneo, él me había prometido que respondería con moderación a lo que ella le dijera. Aun si hubiera sido mejor ignorarla por completo, pienso que las cosas probablemente hubiesen terminado de la misma forma. Ella había seguido hablando sin parar… Debe haber tocado un tema sensible. 

Honestamente, en Japón ese tipo de expresión se habría considerado lo suficientemente aterradora como para querer censurarla. Había vislumbrado como algunas personas en la audiencia cubrían los ojos de sus hijos en un momento. Desearía que Conrad tuviera más cuidado la próxima vez.

Oí un golpeteo en la puerta y dejé entrar al visitante.

—Discúlpeme por interrumpirlo, señor Comandante de los Caballeros.

Era uno de los soldados.

—Es hora de que se aliste.

—Bien.

Salí de la habitación con una nueva espada japonesa de madera en mano.

♦ ♦ ♦

Arena (POV de Chie)

La multitud comenzó a vitorear en el momento en que entré en la arena. Ahora había mucha más gente presente en comparación con las clasificatorias, así que era mucho más ruidoso que antes.

Vi al bruto también entrar a la arena cuando llegaba a mi lugar designado. Estaba empuñando una espada de madera del tamaño de la gran espada que le había visto usar en nuestro primer encuentro. Tan pronto como me vio, hizo una mueca de desagrado. En serio… no me importaba si le agradaba o no, pero debe odiarme mucho. Estaba decidida a terminar con este combate rápidamente.

De repente, las personas en la galería comenzaron a corear: ¡Caballero Negro! ¡Caballero Negro! ¡Caballero Negro!

Miré sorprendida hacia la multitud. Divisé a Byron y al resto de mis conocidos de la vecindad y del distrito comercial. Los soldados imperiales también decidieron unirse a los vítores, aprovechando mi asombro, muy probablemente. Ni la audiencia extranjera, ni nuestros nobles parecieron esperar este tipo de recepción para mí. Honestamente, yo era la persona más sorprendida.

¿Por qué irían a…?

— ¡Señooor!

De repente, escuché un llamado proveniente de esa área. Solo pude escucharla a través de todo el estruendo porque habían usado Voz, el hechizo de amplificación de sonido.

Examiné cuidadosamente las gradas y encontré al propietario de dicho llamado. Era un niño montado sobre los hombros de un anciano del tamaño del Hermano Cabeza de Músculos. Era el niño que había salvado hace tres días. Lo vi saludarme con una gran sonrisa en su rostro. Cuando me volteé en su dirección, se detuvo, se llevó las manos a la boca y gritó:

— ¡GRACIAS!

Todos lo oyeron. La gente a su alrededor tuvo que taparse los oídos debido al volumen, pero todos lo miraron con ternura. Nadie parecía considerarlo una molestia. Deben haber trabajado todos juntos por el bien del pequeño. Todos los demás, soldados y público, parecían también estar de acuerdo. Tenían bien dicho escrito en sus rostros. Me pregunto, ¿cuánto tiempo habrían estado planeando esto?

Para tener tamaña sorpresa guardada para mí… Qué astutos.

Levanté en el aire mi mano derecha sosteniendo la espada japonesa de madera, otra de mis torpes creaciones. El Coliseo estalló en vítores una vez más. Estaba tan feliz de trabajar para el Imperio.

El bruto resopló.

—Revoloteando y clamando así, son iguales a una horda de goblins.

Sus palabras me hicieron detener mis movimientos. Un frío gélido reemplazó la calidez que me había llenado por las palabras de los ciudadanos. Y el señor bruto sólo estaba empezando.

—Amontonados en enjambres, como plagas… Esos pueblerinos estarían mucho mejor como esclavos. Es difícil no compadecerse de la profunda ignorancia en la que ha caído el Imperio. Y tú… Debes ser tan estúpido como ellos —Se burló.

¡Ya se ha pasado de la raya!

Lentamente me volví para enfrentarlo. Al ver que no respondí, él sonrió de manera repulsiva.

— ¿Qué pasa? ¿Un gato se comió tu lengua? No trates de negarlo, sabes que es verdad —Rió a carcajadas—. ¿Qué pasó con tu fuerza de antes? Se supone que eres un Duque, ¡pero todo lo que veo es a un arribista! ¡Los verdaderos nobles te aplastarían como a un insecto! Pero tal vez, ¿todos los ciudadanos del Imperio son insectos? Deben serlo, si alguien como tú logró ser un Duque. ¡Han tocado fondo!

Continuó despotricando como loco. Eso lo mantenía demasiado ocupado como para darse cuenta de algo, que ya no me molestaba en contener mi sed de sangre. Era un verdadero bruto.

Mientras esto sucedía fue que llegó a la arena el árbitro del Reino Santo. Mi aura asesina hizo que el pobre entrara en pánico. Debió haber sido un extraño contraste, mi aura asesina versus las inconscientes carcajadas del bruto. Me sentí un poco mal por el árbitro, pero no tenía intenciones de contenerme. Aunque tampoco podía dejarme llevar todavía, después de todo, estábamos esperando por su señal.

El hombre se armó de valor y preguntó:

— ¿Están ambos listos para comenzar?

— ¿Hm? Ah, sí. Hagámoslo. Quiero mostrar los verdaderos colores de este impostor a los pueblerinos de esta nación —dijo levantando su espada.

Pero yo no levanté la mía. Ambos hombres me miraron desconcertados.

—Um… ¿Señor caballero?

El árbitro me preguntó de nuevo si estaba lista. Suspiré y comencé a hablar. Sin embargo, mis palabras iban dirigidas al bruto, no al árbitro.

—Llevas bastante tiempo moviendo la boca. ¿Eso es todo en lo que eres bueno?

— ¿Eh?

Me pregunté brevemente, por qué diablos un tipo así se convertiría en Representante, pero entonces la verdad me golpeó. La mayoría de los luchadores más fuertes del Reino pertenecían a los Gremios, si mi memoria no me fallaba. Especulaba que habrían tenido que conformarse con lo que tenían y habían terminado con… esto.

—Señor árbitro, sujétame esto.

— ¡¿S-Sí?!

Le di mi espada al nervioso hombre.

— ¿Puede, por favor, cuidar de eso por mí?

— ¿Eh? P-Pero…

Empezó a objetar, pero de todos modos la deposité en sus manos. Entonces, una idea se me vino a la mente.

—Ah, sí, señor árbitro, ¿es capaz de usar Atar?

—Eh. Umm… Sí, pero, ¿por qué?

Sonreí bajo mi yelmo.

—Bien. Por favor, selle mis manos en mi espalda para que no pueda usarlas.

— ¡¿Qué?!

Mi petición lo asombró y el bruto decidió intervenir.

— ¡¿Qué demonios estás diciendo?! —Su sonrisa repugnante fue reemplazada por una mirada furiosa.

— ¿No lo ves? —respondí con una sonrisa burlona—. Ni siquiera necesito una espada para vencer a un insecto como tú. Entonces, para hacerlo justo, voy a atar mis brazos.

Bueno, incluso si solo usara mis pies, él no era rival para mí…

— ¿Crees que puedes salirte con la tuya burlándote de mí, imbécil?

Su respuesta estaba llena de irritación, pero ya había tenido suficiente de él.

—Te pregunto lo mismo, gusano. ¿Crees que puedes salirte con la tuya burlándote del Imperio?

Entrelacé cada una de esas palabras con una intención asesina desatada. Eso lo hizo estremecerse por un segundo, pero luego, solo chasqueó la lengua y volvió a su actitud inicial. Eso sólo dejaba al árbitro.

—Date prisa, no tenemos todo el día.

—Pero yo…

El hombre todavía dudaba, pero yo no iba a luchar sin una desventaja. De lo contrario, podría matar por accidente al idiota. El bruto había escogido la pelea equivocada. Y yo no sentía la más mínima lástima por él.

—Rápido, antes de que pierda la paciencia.

Como el árbitro todavía dudaba, lo amenacé.

— ¡Eeh! B-Bien, ¡l-lo haré!

Finalmente se movió para lanzar el hechizo y yo me disculpé mentalmente por tener que amenazarlo.

Al ver al hombre conjurar Atar, la multitud dejó de aclamar. Un murmullo recorrió las gradas. Pero yo no le presté atención y regresé a mi lugar designado. El árbitro, con el rostro tenso, levantó la mano derecha para indicar el inicio del partido.

— ¡¡Empiecen!!

Y así, comenzó.

El bruto fue el primero en moverse. Sin embargo, su velocidad era bastante fácil de seguir. De hecho, era mucho más lento que el Cabeza de Músculos.

Mantuvo su gran espada levantada por encima de su cabeza mientras atacaba. Sus movimientos eran mucho más ineficientes que los del Espadachín Estúpido. Balanceó la espada y yo esquivé hacia la izquierda, evitándola con facilidad. Como si no pudiera creer lo que pasó, el bruto gritó enojado.

— ¡Maldito…!

Volvió a atacar. Esta vez, la evadí saltando en el aire y aterrizando con una elegante voltereta hacia atrás.

— ¡¡Deja de saltar!!

Su ira era claramente visible mientras volvía a atacar. Pero el golpe carecía de peso. Celes le ganaba en ese sentido.

Era consciente de que no debería compararlos, pero esperaba que mostrara algo digno de un Representante. Era una completa decepción. Era un luchador al nivel de un capitán, en el mejor de los casos.

Saliendo de mis pensamientos, me di cuenta de que me había mantenido esquivando durante varios minutos. El público estaba en silencio, hechizado por la vista. Ya era hora de terminar con esto.

El bruto respiraba pesadamente. Había estado agitando la espada con todas sus fuerzas durante todo este tiempo. Aumenté la distancia entre nosotros. Ver un cambio en mi comportamiento después de solo haber estado esquivando sus ataques lo hizo detenerse.

Oye, ¿no es eso suicida en una batalla real? Pensé.

Entonces pateó el suelo con su pie derecho, sujetando la gran espada sobre su cabeza con ambas manos. Eso hizo que el área de su torso estuviera completamente descubierto. Giré sobre mi pie derecho y dirigí una patada de gancho hacia su plexo solar.

— ¡Argh!

Con un gemido, el bruto cayó de rodillas sujetándose el estómago. Escuché el ruido que la gran espada de madera hizo al caer al suelo a lo lejos. Me contuve, pero aun así no debería poder moverse por un rato.

—Eh, Uhm… El ganador es, el Caballero N-Negro —balbuceó el árbitro.

La audiencia recibió el resultado con un silencio de asombro al principio pero, finalmente, se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo y estallaron en vítores. Yo me acerqué al bruto.

—Me contuve un poco, pero no creo que puedas moverte por un rato. Solo quédate allí, haré que mis subordinados te envíen a la enfermería.

—Mierda… ¿Cómo pude perder ante alguien como tú?

Pensé que si él todavía podía maldecir, se encontraría bien. Sin embargo, encontré ese “alguien como tú” bastante desagradable.

—Te lo dije antes —respondí con frialdad—. El Imperio tiene muchos soldados como tú. Puede que seas un pez gordo en el Reino, pero aquí, en realidad no eres la gran cosa. Así que mejor cuida lo que dices y haces.

Dicho esto, caminé hacia el árbitro. El hombre todavía tenía mi espada y había otra cosa de la que quería hablar con él.

—Vine a recoger mis pertenencias.

— ¡S-Sí! Pero antes de eso, déjeme disipar Atar.

El árbitro comenzó a disipar su hechizo.

—Sobre eso… Déjame darte un consejo.

— ¿Eh? —preguntó el hombre inclinando la cabeza.

Flexioné mis brazos y rompí el hechizo delante de él.

—A-Ah…

—La gente puede fácilmente salir de algo como esto. Pones suficiente poder mágico en el hechizo, pero necesitas hacerlo más concentrado.

El árbitro probablemente nunca habría imaginado que su Atar podría ser roto. Me miró con los ojos abiertos y sin palabras. Miré hacia los palcos reales y me choqué miradas con Su Majestad. Él sonría alegremente. A su lado, el Primer Ministro también aplaudía, aunque su sonrisa era bastante tensa. ¿Tal vez había empezado a reconocerme? Hice una pequeña reverencia y me dirigí a la salida.

Recordar las caras pálidas de los otros monarcas me hacía sonreír.

¡Ah, me siento tan refrescada! Pensé.


Notas de la autora: Aquí está el capítulo 32. Este muestra la diferencia entre los reinos. Lo mencioné en el capítulo, pero la mayoría de las personas fuertes en los otros dos reinos pertenecen a los gremios. Los veremos más tarde. Planeo actualizar el próximo capítulo pronto, así que tengan paciencia conmigo.

[1] Un arribista es una persona ambiciosa y sin escrúpulos. Se describe como la pretensión de ser algo que no se es.

[2] Perorata es una charla o discurso largo y aburrido/fastidioso que no aporta nada de información valiosa.

¡Capítulo 33 ya disponible en la edición 26 de Kovel Times!